Dúplice, con el dúo +Que2




El día 13 de mayo se estreno en el Conservatorio Profesional de Música de Salamanca “Tahonas Viejas” mi concertante para dos guitarras “Dúplice”, del que he escrito unos cuantas veces.
Arriba tenéis vídeos del estreno, del bis, que fue mi “Berceuse para Jimena”, dedicada a la hija de Orlando, uno de los guitarristas, y de mí mismo explicando la obra, un poco a traición.
Bien dice Fernando Colás que las cosas siempre se pueden mejorar, pero que hay que defender lo hecho.
En breve, el mismo dúo estrenará la obra en versión para dos guitarras solas en Panamá. Ya nos contarán.

Dúplice (y 6)

VagaMundos es el primer movimiento de Dúplice, un concertante para dúo de guitarras y grupo de cámara. Por diversas razones, el concertante existe también en versión para dos guitarras solas.

“Debo volver a escuchar la guitarra del barrio”, decía Silvio Rodríguez.
VagaMundos ha sido escrito teniendo muy en cuenta cierto tipo de recursos propios de los guitarristas que aprenden de oído —aunque, tecnicamente, la obra es bastante más exigente que todo eso—. Me ha divertido mucho pensar en llevar a la sala de conciertos ideas que arrancan de las manos por encima de cualquier conceptualización, a veces ociosa. Curiosamente, salvo que los perfiles melódicos han resultado bastante cuasidiatónicos, el lenguaje armónico y rítmico ha resultado natural y compatible con mis técnicas habituales. Me he permitido cierto trabajo temático, y hasta algo muy parecido a una recapitulación por ser recursos típicos de guitarrista primerizo (uno baja unos trastes, repite digitación…).
¿Por qué mundos vaga este movimiento? Creo que no es a mí a quién toca decidirlo. Como ya he dicho en otro sitio, la guitarra tiene cien padres y novecientas abuelas. Grandes tradiciones, muchas de ellas escasamente relacionables con el mundo clásico. La individualidad del instrumento nacerá de abrazarlas.
Albórbolas es el segundo movimiento de Dúplice.

Muchas veces en clase explico que la guitarra popular ha tenido más influencia de la que normalmente se le reconoce en la renovación del lenguaje armónico en el siglo XX. Desde los barber shop chords —de presunto origen guitarrístico— a las peregrinaciones de compositores para escuchar las a veces extraordinarias armonías de los guitarristas españoles. Sin embargo el mundo clásico no explota estas espléndidas capacidades. He querido aquí emplear una armonía rica y densa que resulta muy propia del instrumento. Y de un profesor de armonía, supongo.
Añadiré que la preciosa palabra Albórbolas es sugerencia de Alfonso Sebastián Alegre, que a menudo nos ilustra en FaceBook sobre la riqueza del castellano.
Mientras he estado escribiendo Dúplice, Orlando, uno de los guitarristas que tocarán el concierto, ha estado esperando una hija, que llegará en cualquier momento. Era un poco inevitable dedicarle una nana. Pensaba haber utilizado el tema en un tercer movimiento que finalmente no voy a escribir por ahora. Pero el feliz padre no iba a quedar sin nana. Lenguaje sencillo y poca espectacularidad, que es lo que toca.

Por poco se me olvida añadir que la obra está dedicada a Fernando Colás y Orlando Hechavarría, que juntos forman el dúo masquedos.

Dúplice (5)

Pereza absoluta, demoledora, tangible, degustable. Por más que esta vez sea necesario, nunca he disfrutado orquestando. Me divierto mucho más COMPONIENDO para los instrumentos. Es dificílisimo no añadir compases, cambiar ritmos… A su manera, es un poco como trabajar sobre un cantus firmus.

Dúplice (4)

Se va terminando la aventura. Lo práctico debe predominar sobre lo deseable, y es necesario acabar. Me he quedado con ganas de ser mucho más atrevido. Siempre habrá otras obras. Ésta, en el fondo, es un recuerdo cariñoso a aquel jovencillo que tocaba la guitarra de oído y que todo lo intentaba entender desde los dedos. Ha sido divertido volver a ser él. Y no estoy seguro de que sea un retroceso estético. Pero quería más. Bueno, ya habrá ocasión.

Dúplice (3)

Voy entendiendo por qué me está costando tanto escribir esta obra. Cada vez más, en todo lo que escribo, voy buscando lo que en tiempos se llamó el genio del instrumento. Hay que encontrar una forma de escribir en que el instrumento tenga su propia voz. Hace algún tiempo, el chelista Michael Stokes me dijo, refiriéndose a mi obra Anáforas, “la obra se siente bien bajo los dedos”. Quiero escribir así. sentir bien la obra bajo los dedos significa que el instrumentista esté cómodo. O terriblemente incómodo, si es que el pasaje es virtuosístico, pero feliz de lucir su música y sus dedos.
No renuncio a nada. Hay complejidades que nunca serán cómodas. Suele ser posible repartirlas entre varios instrumentos, o producirlas electrónicamente. Y si hay que escribirlas, se escriben, pero que sean escasas. que el instrumento respire y viva.
Concretamente en Dúplice me estaba molestando mucho el uso de cuerdas al aire. Hace menos de una semana reñía a uno de mis alumnos por una obra para guitarra con la sempiterna pedal de mi en la sexta cuerda. Sin embargo, las cuerdas al aire son parte irrenunciable de la sonoridad propia del instrumento. El movimiento que estoy terminando de escribir está, mucho más de lo que quizá parezca, contando con cómo usarlas sin caer en lo manido. Ya os contaré qué tal funciona.
Abro un paréntesis para comentar que uno de los graves problemas del instrumento es que parecemos incapaces de concebir la armonía amplia y el contrapunto más allá de la primera posición. la obra que ahora escribo no pjede tener en cuenta lo segundo, pero sí lo primero. Si hubiera dónde (curioso que “dónde”, en este caso se refiera a un grupo de gente, no a un lugar), me encantaría ayudar a formular una lista de los problemas compositivos que guitarristas y compositores deberían intentar resolver.
Algo que quiero añadir es que la guitarra es tiene cien padres y novecientas abuelas. Tenemos tradiciones flamencas, rockeras, jazzísticas, clásicas, barrocas… Cada vez más encuentro que volver al conocimiento extraordinario del instrumento que tenían nuestros antecesores es lo que llevará a otro nivel la composición para las seis cuerdas. ¡Qué delicia leer una tablatura antigua con ojos de compositor! ¡Cuantas ideas! Y muchas, dicho sea de paso, las aplico hasta en orquestación.
Nada más por hoy.

Dúplice (2)

Fin de semana de trabajo intenso en Dúplice. Va un largo, con más de un guiño a las passacaglias y un comienzo de primer movimiento bastante enérgico. No dejo de estar sorprendido de lo distinto que es mi sistema de trabajo para un instrumento que conozco tan íntimamente. Mis perfiles melódicos están siendo mucho más dependientes de la digitación que nunca. Curiosamente, quizá porque hacía tiempo que no escribía para guitarra, también noto que digito un tanto violinísticamente (y no va mal). En fin, jamás hubiera creído que yo llegara a orquestar piezas después de haber compuesto la sustancia. Claro, que si quiero que grandes secciones del dúo puedan funcionar sin orquesta, no hay mucha alternativa.
Y, por otro lado, echo de menos un grupo grande. Dos guitarras me pueden llegar a proporcionar, sin técnicas extendidas, agregados de hasta doce sonidos. Dispongo sólamente de cinco instrumentos de sonido contínuo (es historia larga) y me parece descompensado. Tengo también percusión y piano, pero no es lo mismo: tal y como los empleo estos dos instrumentos son magníficos para oponerse a los llamados melódicos. Tengo probablemente tantos minutos de bocetos escritos como de música que casi seguro se va a quedar (tranquilos, en esta casa se recicla todo).
Divirtiéndome. Y deseando que la pieza tenga un poquito de éxito. El justo como para salga alguna ocasión de rehacerla con orquesta.
Bueno, mientras escribo esto estoy escuchando la versión Midi de algunos fragmentos del Firilirundero, pieza de la que os hablaré otro día. Se me amontona el trabajo.