Carteles sorprendentes VI

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Cada cultura deja en sus monumentos los significados de que se siente más orgullosa. Los faraones hablan en las pirámides de sus victorias. En las catedrales podemos ver ricas muestras de vida espiritual. Los gobernantes se preocupan de ser retratados, y, en esa medida, de transmitir a la posteridad que existieron.
Señores del metro de Madrid, yo comprendo que lo hacen por nuestro bien, pero, ¿de verdad el mensaje que quieren legar a los arqueólogos del futuro es que fumar está prohibido? Ya está, me parece a mí, suficientemente señalizado como para que pongan esta monstruosidad, de cosa de cuatro metros de lado. Otras cosas podrían conmemorarse, desde la penicilina hasta la resolución del teorema de Fermat. Por no hablar del derecho de las mujeres al voto, por ejemplo.
En fin, queda claro cuáles son los valores principales de nuestra sociedad hoy por hoy.

Carteles sorprendentes IV

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Quién no llora, no mama, dicen. Con todo, la impresión que me deja ver este cartel es mixta: no sé si confiar en que el autor sea un espíritu noble, que espera que le regalen un saxofón carísimo, y además de la marca que él quiere, por fe en la generosidad del espíritu humano, o si pensar en que es un tanto caradura.
No oculto que ante la primera posibilidad me ha dado pena enmascarar su número de teléfono.
Y qué decir de la tipografía, claro.
Añadiré que, personalmente, hubiese añadido un “por favor” y no me habría expresado en imperativo. Así me va.