Desesperación

No sabía si contarlo porque me da un poco de vergüenza. Ayer, yo, la cosa menos dibujística de la historia de la humanidad, estaba tan desesperado con un grupo en el que deben haber jurado no escribir una sensible jamás que, no sabiendo cómo volver a explicárselo, les dibujé un cómic en la pizarra.

Si me llegáis a ver no paráis de reír. Dibujé (cuatro pelos y una nariz) a una presunta alumna. Le fuí haciendo preguntas y dibujando bocadillos con sus respuestas. Cuando el monigote en cuestión contestó a todo satisfactoriamente, le pinté una gran sonrisa.

Seis estudios en forma de Canon, Robert Schumann.

En los primeros meses de 1845, Schumann desarrolló un gran interés por el contrapunto, que le llevó a poner un pedalero (un grupo de palancas, accionadas con los pies que también sirven para accionar las cuerdas del instrumento) a su piano, a imitación del órgano, considerado como rey de los instrumentos contrapuntísticos. Como resultado de su devoción por el contrapunto, escribió Seis fugas sobre el nombre De Bach (op. 60), Cuatro Bocetos (op. 58) y los seis estudios en forma de Canon (op. 56) que os presentó en este artículo.

Hoy por hoy, el piano con pedalero es un instrumento casi desconocido. Estas piezas suelen ser interpretadas en órgano; en una versión a tres pianos realizada por Theodor Kirchner (alumno del conservatorio de Leipzig, durante el breve profesorado en el mismo de Schumann); o en la transcripción realizada para dos pianos por Debussy que podéis escuchar en los vídeos de debajo.

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Sonatas canónicas de Telemann

El canon puede servir fácilmente para crear obras completas, de carácter y ambición muy superiores a lo que uno pudiera esperar, si sólo conociera los ejemplos infantiles. Voy, como ejemplo, a proponeros las sonatas canónicas de Telemann, llenas de energía y vivacidad.

Podéis descargar la partitura de las seis sonatas haciendo click aquí.

 

Y en este vídeo podéis escuchar la primera de ellas, en una interpretación bastante enérgica.

Canon de la escala. Beethoven.

Beethoven nos ofrece en este canon una pieza sumamente pedagógica. Bien es verdad que el riesgo de congelación armónica, del que más de una vez me habéis oído hablar mis alumnos no ha intentado siquiera evitarse.

Es cierto que Herr Ludwig, como también os he contado, no se distinguía por sus contrapuntos. Pero tampoco hay que olvidar su impresionante espíritu de superación, que le lleva de obras casi insignificantes (véase su única fuga para órgano) a maravillas como “La gran fuga”. Beethoven es, en ese y otros sentidos, ejemplar.

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Sumer is icumen in

Un fantástico doble canon, a dos voces la parte que se va a convertir en ostinato, y a cuatro el resto. Posiblemente el ejemplo más antiguo de un contrapunto de esta complejidad que nos ha llegado escrito, si bien, su perfección formal hace obvio que responde a una práctica anterior.

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Y aquí, una versión bastante clara.

Trinkkanon

Reconozcámoslo. Para cantar en los bares, nosotros usamos el Asturias, patria querida. Nos pongamos como nos pongamos, nunca será lo mismo que tener un canon de Mozart con el que amenizar unas bebidas. Y un canon, por lo demás, magnífico.

Amigos, bebamos – y con valor una lanza rompamos!

¡Que viva el vino, que viva el amor! ¡Vaciemos nuestras copas por ello!
¿Pero qué se puede celebrar con vosotros – ahí sentados como pasmarotes?
¡Que viva! ¡Gritad! Gritad, que viva! Gritad, gritad, gritad!
¿Os habéis quedado mudos como un bacalao? (bis)
Entonces, ¡gritad, gritad, gritad! So burros, no seáis tan bobos.
¡Que viva el amor y el vino! ¿Qué puede haber en el mundo más divino?
¡Viva, viva, viva – que viva!

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Y, aquí, una versión un poco “domesticada” del canon. He visto a alemanes cantándola, jarra de cerveza en mano y no sabría decir si era más sorprendente la velocidad a la que bebían o a la que cantaban. De respirar, mejor no hablamos.

By the waters of Babylon

Un excelente canon tradicional. Fue, si no éxito, exitillo, interpretado por el cantautor norteamericano Don McLean, a quién a veces se atribuye su autoría. Existe también la teoría de que es popular inglés (muy verosímil: pocos otros pueblos tienen una auténtica tradición canónica), que, a priori, es la que más me convence por los arcaísmos, retardos y gestos retóricos, muy afines al Renacimiento y Barroco ingleses.

Junto a los ríos de Babilonia,
nos sentábamos y llorábamos.
Te recordamos, Sión

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Esta es una versión en vivo de Don McLean, aparentemente, “enseñando” al público cómo cantar el canon.

Philip Hayes

Philip Hayes

Actualización del 23—X—2013

Lo que hasta ahora era una hipótesis, parece que ahora está completamente confirmado. Babylon es, al parecer, un canon producto de Philip Hayes (1738—1797). A pesar de sus fechas de nacimiento, este compositor deseaba una vuelta a la tradición barroca y renacentista inglesa. Mantengo, fuera de esta nota, el artículo tal y como fue escrito, por aquello de la facilidad de consulta.