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El esquema que acabamos de ver es en varios aspectos ambiguo. Ello se debe a que en realidad no propone más que una ordenación de las tareas necesarias, no una verdadera descripción de cada una de ellas. Esto es totalmente deliberado por nuestra parte. En efecto: la descripción total de cada fase sería por una parte peligrosa y por otra inútil. Peligrosa porque cada obra requiere técnicas de análisis distintas (volveremos a insistir en este punto). E inútil porque ningún esquema prefijado, si no es en términos muy amplios, es capaz de enfrentarse al inmenso potencial de variedad que existe en la música.
Antes de extendernos sobre lo anteriormente expuesto conviene aclarar lo que entendemos por “distintos tipos de análisis”. En realidad cuando este punto queda plenamente entendido está avanzado un gran trecho en el camino para saber analizar.
Procedamos con una analogía: supongamos que tenemos un ave. Podemos analizarla desde un punto de vista taxonómico, descubriendo su orden, familia, género y especie; desde una perspectiva anatómica (articulaciones, vasos, colocación y utilidad de los órganos); desde un óptica etológica (comportamiento y costumbres de esa ave); desde una postura ecológica (relación de esa especie animal con las que la circundan); desde una orientación química (las distintas reacciones que le proporcionan energía); desde una perspectiva aerodinámica (qué mantiene en el aire a ese pájaro); desde un punto de vista atómico (el ave está compuesta de átomos y moléculas); etc…
Siguiendo dentro de este ejemplo, es evidente que hemos encontrado un cierto número de orientaciones con las que analizar al ave. Lo más importante de todo es que todas son legítimas, pero no todas son igualmente valiosas, según sea el resultado que deseemos. Un veterinario podrá curar esa ave sin preocuparse de que esté compuesta de átomos. Un cetrero no necesita entender las reacciones químicas que ocurren dentro de su halcón, etc…
Como conclusión de este ejemplo: no todos los tipos de análisis son igualmente significativos. Y, como corolario; debe utilizarse el tipo o tipos de análisis que sean significativos en cada caso, prescindiendo de los demás.
En el caso de la música, el tipo de análisis que nos interesa es solamente el que nos pueda aportar una mayor comprensión de los puntos de apoyo y de la intención y significado de cada fragmento de la obra. Cualquier dato que no sirva a este cometido debe rechazarse por inutilizable.
Para aclarar esto, vamos a incluir una lista de diversos tipos de análisis. Sería imposible que esta catalogación fuera exhaustiva, de modo que quedarán fuera varios tipos de análisis perfectamente útiles y válidos. Por otra parte es nuestra intención incluir algunas variantes no muy comunes, en la esperanza de animar al analista a mirar más lejos del conjunto de medios que en un momento dado esté a su alcance.
Análisis melódico
Esta variante estudia los sucesos que ocurren en la línea melódica (frases, semifrases, motivos, células rítmicas o interválicas, puntos de inflexión, polarizaciones alrededor de una o más notas…) Este tipo de análisis puede resultar inoperante en obras que no den una particular importancia a la melodía. (por ejemplo: el preludio 1 de “el clave bien temperado”, primer libro).
Análisis armónico
Este medio estudia los acontecimientos que se producen verticalmente en una obra. Las maneras de utilizarlo son muchas: podemos hacer una lista de los acordes que aparecen en la obra (con mucho el tipo más frecuente de análisis armónico). Hay que decir que este tipo de estudio es casi inútil en una gran mayoría de los casos. En efecto, en el periodo de práctica común (el comprendido ente barroco y romanticismo), los acordes son muy semejantes, de modo que una catalogación de los mismos no añade nada a nuestro conocimiento de la identidad de la obra, sino sólo a la posibilidad de que los medios usados sean inusuales. (En cambio, y por las mismas razones, este estudio nos puede ayudar a datar aproximadamente una obra).
Podemos también centrar nuestra atención sobre los acordes y sucesos armónicos alrededor de los que gira una obra (o un fragmento) y considerar que el resto de ellos son “ornamentales”. Este punto de vista, según se lleve a efecto, puede coincidir con el análisis Schenkeriano (sobre el que por supuesto, hay infinitamente más que decir). En el caso de armonías no habituales (es decir, las no estudiadas con en el conservatorio, que por cierto, son cuantitativamente más habituales que las otras) podemos, y casi siempre debemos, investigar si hay algún tipo de relación entre el grado de consonancia o disonancia y los puntos cadenciales, si hay algún tipo de enlace especialmente favorecido, si hay algún tipo de interválica preferida a la hora de construir los acordes, si el discurso musical se polariza alrededor de alguna nota o acorde, etc…
Por último, normalmente es indispensable dar cuenta de las distintas tonalidades por las que pasa la obra, la relación entre ellas y el significado estructural de cada una (para lo que es indispensable poseer algún tipo de criterio sobre cuando un suceso es una modulación, una flexión, etc…). Esto, naturalmente, sólo en el caso de que la obra sea tonal. Si no es tonal, pero se establece algún tipo de polarización, hay que proceder análogamente.
Análisis contrapuntístico
Puede ser dudoso cuándo termina el análisis armónico y cuando empieza el análisis contrapuntístico. En realidad no deberían ser considerados como dos tipos de análisis distintos, sino como los dos extremos de un continuo, en uno de los cuales el peso de la atención el compositor recae sobre las relaciones verticales entre las notas y en el otro sobre las horizontales. Pero no hay que olvidar que cada uno de estos extremos implica en mayor o menor medida al otro.
El análisis contrapuntístico es oportuno siempre que haya más de una parte melódicamente activa sonando a la vez (cuándo una parte es suficientemente activa como para considerarla, es asunto que hay que resolver en cada caso). Por lo mismo, todo tipo de imitaciones, semejanzas o contradicciones deliberadas entre las diversas voces contrapuntísticas son siempre dignas de estudio.
Análisis de la instrumentación
A menudo se descuida el análisis de los medios instrumentales para los que está pensada una obra. Esta actitud proviene probablemente del pensamiento, no demasiado infrecuente, de que instrumentar equivale a colorear un todo musical creado independientemente del timbre. Sin embargo, una y otra vez, el estudio de la instrumentación nos aporta datos valiosos sobre la obra. No es preciso decir que el estudio de los efectivos instrumentales en obras en que el timbre es factor de unificación (lo que no es un caso raro en el siglo XX) es de toda importancia. Pero incluso en música escrita desde orientaciones más convencionales, el timbre es importante. (Aceptemos que hay casos en que no se da al timbre más que una importancia secundaria. ¿No es en sí mismo un hecho significativo?
Por otra parte, no es caso raro que los perfiles de una obra se vean determinados por el conjunto de posibilidades instrumentales de las que se dispone. No es fácil, pongamos como ejemplo, imaginar la música de Chopin a cargo de algún instrumento que no se a el piano. (La transcripción es posible, pero el efecto se pierde). También es claro que sólo la escasa capacidad polifónica del violín es responsable de las geniales proyecciones de polifonía en una sola línea que son tan frecuentes en las sonatas y partitas para violín solo de J. S. Bach. Similares, y muy frecuente son los casos en que lo que debería ser una repetición literal sufre modificaciones (de mayor o menor cuantía) producidas por la imposibilidad física de tocarla en su versión original en el instrumento que corresponda. No es desdeñable tampoco el grado de virtuosismo instrumental necesario para una obra concreta. La tensión producida en el instrumentista por la dificultad técnica raramente deja de reflejarse en el significado de la música (recordemos el enfado de Ravel cuando le propusieron transcribir para dos manos su “Concierto para la mano izquierda; o cómo Liszt transcribió la chacona en re menor para violín sólo de J. S. Bach, utilizando exclusivamente la mano izquierda). En otra vertiente de lo mismo, no faltan ejemplos de uso de registros difíciles de un instrumento para conseguir un efecto dramático (por ejemplo el comienzo de “La Consagración de la Primavera”.
Análisis rítmico
El ritmo es casi con seguridad uno de los elementos más descuidados en el estudio musical. Nos falta un intento serio de elaboración de una teoría del ritmo, de sus valores constructivos y su valor estructural. Y sin embargo son concebibles músicas sin alturas, músicas casi independientes del timbre, pero no músicas sin ritmo.
A pesar de ello, el ritmo es elemento capital en la construcción de la música. Hechos de una importancia tan enorme como la cadencia o la articulación, son absolutamente condicionados por el ritmo.
Las aceleraciones o deceleraciones en el grado de producción de sucesos por compás (que son indicios inequívocos de desarrollo musical o su evasión) vienen determinados solamente por el ritmo. En músicas (como buena parte de la renacentista) en que, bajo un punto de vista convencional, no hay intención de desarrollo. El análisis rítmico descubre a menudo un cuidadoso uso de las posibilidades tensivas del ritmo.
Quizá los casos en que la necesidad de análisis rítmico es más indispensable son las obras contemporáneas. No tanto porque otras músicas hagan menor uso de los valores constructivos del ritmo (lo que es manifiestamente falso) como porque en los lenguajes modernos nos encontramos menos cegados por teorías que ignoran el ritmo.
Análisis de la dinámica
Apenas debería ser necesario indicar que los matices “fortíssimo” o “pianissimo” no son irrelevantes en un análisis serio. En músicas tonales la dinámica se ha utilizado a menudo como medio de subrayar o potenciar grados de tensión producidos gracias a otros recursos, lo que ha llevado al menosprecio de su estudio. Una reflexión objetiva, pone sin embargo en su justo lugar este menosprecio. Ya que la dinámica se ha usado para potenciar esos otros medios, hay que suponer que el compositor no ha estimado suficiente el poder de esos medios. Por tanto, la dinámica es indispensable como valor constructivo, así que también lo es su análisis.
Sin entrar en tales bizantinismos podríamos buscar ejemplos (que no faltan) de fragmentos musicales controlados mayoritariamente por la dinámica.
Un caso particular del control de la dinámica es el número y la cantidad de sonido inherentes a los instrumentos que deben sonar en un punto concreto. De la misma categoría es el caso en que aumenta súbitamente el número de voces que suena en una obra. (Este último caso es de particular relevancia para el estudio de obras barrocas, sobre cuya supuesta monotonía en la dinámica tantas insensateces se han dicho).
Análisis histórico
Este tipo de análisis es peculiar. Difiere de cualquier otro posible análisis en que no pretende encontrar todos los datos dentro de la propia obra, sino que tiene necesariamente que tener en cuenta otras obras del mismo y otros periodos e incluso la psicología y sociología del compositor.
El análisis histórico es pertinente sólo en la medida en que nos sirva para profundizar en nuestra comprensión de la obra. Así, por ejemplo, para analizar la “Ofrenda musical” de J. S. Bach puede ser muy útil conocer la historia de la visita a la corte de Postdam. Contrariamente, saber el número de amantes de Liszt no puede añadir nada a nuestra comprensión de sus misas. Quiere decirse que, a pesar de que dispongamos de abundante material acerca de un determinado compositor, obra o forma musical, no debemos utilizarlo más que cuando es útil.
Otros datos históricos de interés (y a los que también hay que aplicar las anteriores salvedades) pueden ser la proyección histórica de la obra (es decir, si ha producido influencias en prácticas posteriores), su adecuación a los tiempos (es decir, si responde a las prácticas de la época o en violenta oposición a ellas), la elección del texto (¿es de la época del autor o anterior?).
Todos los datos anteriormente apuntados pueden acrecentar en gran medida nuestra comprensión de la obra. A pesar de ello quiero insistir en que el análisis histórico no es posible ni deseable sin un previo y minucioso análisis estructural.
Análisis del grado de tensión
Los tipos de análisis que hemos considerado hasta el momento son de miras muy bajas. Antes de poder pasar a una verdadera integración de los datos debemos estudiar cuál es su significado.
Una de las maneras más útiles de lograr lo antedicho es considerar el grado de tensión de cada fragmento. Para ello es imprescindible ser consciente de que en música nada tiene un valor absoluto, sino sólo contextual. Con esto quiero decir que el grado de tensión de un fragmento no existe más que como contraste a los fragmentos entre los que está situado.
Entendido lo anterior, el procedimiento es simple. Debemos considerar todos los datos previamente recopilados, considerar el conjunto de ellos perteneciente a cada fragmento y establecer comparaciones con los otros fragmentos.
Tipos inhabituales de análisis
Paso a continuación a establecer una arbitraria selección entre los tipos menos comunes de análisis.
Análisis fractal:
Hay una característica común a varios lenguajes musicales: los sucesos que e producen a pequeña escala determinan los que se producen en los niveles superiores. Como ejemplo obvio, en el lenguaje tonal la inevitabilidad de la cadencia dominante-tónica produce la tremenda importancia de la tonalidad de la dominante como tonalidad de contraste (piénsese en la forma sonata). En este mismo lenguaje, el uso de la cadencia plagal como medio de relajar tensión una vez conseguida la cadencia perfecta, lleva al uso de la tonalidad de subdominante como productora de finales antes de la cadencia última. En estos mismos términos, la aparición de un elemento nuevo acaba traduciéndose en sucesos de orden más alto (por ejemplo el empleo del acorde napolitano es el que acaba haciendo posible el empleo de la tonalidad napolitana).
Los ejemplos antedichos se refieren al lenguaje tonal, pero quizá lo más fascinante de este tipo de análisis se encuentre en los lenguajes no tonales. Piénsese que un lenguaje que se ajuste a estos postulados tiene necesariamente un alto grado de coherencia (lo que no quiere decir que un lenguaje que o lo haga sea incoherente). Esta forma de análisis revela estructuras sólidas y hermosas en autores cuya música parecía inexplicable en su efectividad.
Análisis de proporción:
La alternancia de pasajes tensivos y distensivos en una obra no garantiza en modo alguno su buen resultado. Entre estos tipos de pasaje debe establecerse alguna de correspondencia en intensidad y duración. Un pasaje distensivo muy breve raramente va a ser contrapesado por un largo pasaje de desarrollo. Por último, un pasaje de desarrollo muy extenso puede verse interrumpido por cortos fragmentos de carácter más relajado.
Este tipo de análisis se suma a veces a estudios numéricos de la proporción. Es curioso como a menudo podemos encontrar la sección áurea o la serie de Fibonacci gobernado las proporciones. Sin embargo la búsqueda de la proporción no debe basarse en el postulado de que estas constantes vayan a aparecer. Del mismo modo, la presencia de estas constantes no garantiza el equilibrio de la obra.
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