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Perfil de Olivier Messiaen

Olivier Messiaen (10/dic/1908-27/abr/-1992)

 

messiaen_o_02.jpg Extraordinario compositor francés y figura que domina el siglo. Sus descubrimientos rítmicos, tímbricos y armónico-contrapuntísticos están más allá de todo parangón. Ha sido maestro de la práctica totalidad de los compositores importantes de la segunda mitad del siglo y, si para el gran público, e incluso el público informado no resulta tan conocido como otros compositores es por haber muerto tan recientemente, lo que ha impedido hablar de él como se merece. Sus principales fuentes de motivación y temática son su fe católica, el amor a la naturaleza -particularmente los pájaros, a los que transcribe musicalmente en forma sorprendente- y, en parte de su producción, el amor humano (en la llamada Trilogía de Tristán).

Su producción es primordialmente sinfónica y pianística, con dos notables -y famosas- excepciones: el Cuarteto para el fin de los tiempos y la ópera San Francisco de Asís.

 

Citas

“Siento que el ritmo es la parte primordial y quizás esencial de la música; creo que, con toda probabilidad, existió antes que la melodía y la armonía y, de hecho, tengo una secreta preferencia por este elemento. Atesoro esta preferencia más aún porque siento que distinguió mi entrada en la música contemporánea.”

“Daré otro sorprendente ejemplo de música no rítmica que es considerada rítmica: las marchas militares. La marcha, con su paso cadencial, con su sucesión ininterrumpida de duraciones absolutamente iguales, es antinatural. El auténtico caminar es extremadamente irregular; es una serie de caídas, más o menos evitadas, entre los acentos.”

“… aspiro a la eternidad, pero no sufro mientras vivo en el tiempo, mucho menos teniendo en cuenta que el tiempo siempre ha sido el centro de mis preocupaciones. Como ritmista, he logrado dividir este tiempo y entenderlo mejor al dividirlo. Sin los músicos, el tiempo sería mucho peor entendido. Pero, como compositores, tenemos el gran poder de escindir y alterar el tiempo.”

“Hago mis transcripciones de cantos de pájaros en la naturaleza, en primavera, la estación del amor, y en los momentos adecuados que son la salida y puesta del sol. Empleo papel de música, una carpeta para apoyarme, algunos papeles y lápices -como si estuviese tomando un dictado musical, pero es un dictado especial que requiere diez veces la atención y velocidad normales-. Un pájaro canta muy deprisa. Cuando escribo la primera estrofa, ya está cantando la segunda, y mientras llego a la segunda, está en la tercera. Mi esposa me acompaña en estos viajes ornitológicos y, como soy un hombre moderno, le pido que se traiga una grabadora. Así que mi mujer graba lo que transcribo y, cuando volvemos a casa, comparo la grabación con mi escritura. La grabadora es mucho menos selectiva que mi oído: graba todos los ruidos externos. Mi oído sólo retiene el canto del pájaro. Por otra parte, la cinta graba esa misma canción con mucha mayor precisión que mi oído, así que me permita hacer una retranscripción. Éstas son las dos fuentes de mi material: la notación extraída de una grabación exacta y la transcripción hecha en la naturaleza, mucho más artística, con todas las variantes y modificaciones que cada criatura individual de cada especie puede efectuar.”

“De hecho, una pieza de música debe ser interesada, debe ser bella al oído y debe conmover al oyente. Éstas son tres cualidades diferentes.”

“Soy un compositor, he escrito numerosas obras, he conocido fracasos y también el éxito, pero considero todo eso nada en comparación con la misión cumplida por la Madre Teresa en Calcuta . . . no soy un santo, pero hubiese dado todas mis obras musicales por ser la Madre Teresa.”

(Hablando del alfabeto musical que usa en Meditaciones sobre el misterio de la Santísima Trinidad y De los cañones a las estrellas) “Pero conseguí algunos temas absolutamente increíbles, extravagantes, que entonces tuve que poner en contrapunto y armonizar. Fue para mí una tarea fascinante, análoga a la de Juan Sebastián Bach con los corales protestantes. A estos corales, que son melodías simples y frecuentemente insípidas, les añadió variaciones extraordinarias, ornamentándolas con contrasujetos o tratándolas en forma fugada . . . mi método es sólo un juego. Un juego fructífero, que me ha forzado a descubrir nuevas variantes musicales.”

“Como todos los hombres, soy sensible a la alabanza y la crítica. Pero mis convicciones son demasiado firmes como para ser sacudidas por criterios opuestos. Les dejo decir lo que quieran, insistiré sin embargo en responder a una crítica infundada, una que ha sido repetida veinte veces, cien veces: que mi música es sensual. Es una mentira horrible. Mi música no es sensual; simplemente está bien armonizada y bien orquestada.”

“Me gustan los compositores que tienen buen oído interno. Detesto a los aficionados.”

“Usted conoce la historia de la ópera tan bien como yo, y sabe que uno puede contar sus éxitos con los dedos. A duras penas hay más de diez obras maestras incuestionables. El resto puede dividirse en dos categorías: óperas que son buen teatro y mala música y las que son buena música y mal teatro. Es muy triste para la segunda categoría, porque a pesar de su valor musical, las deficiencias dramáticas de estas óperas las han hecho desaparecer del repertorio.”

“Uno puede establecer varias categorías de aficionados a la ópera. Están los que sólo se preocupan de los cantantes, que esperan al si bemol alto del tenor -entonces se van felices o furiosos según la calidad del si bemol-. Otros vienen sólo por el espectáculo -el escenario, puesta en escena y las luces son suficientes para hacerlos felices-. Incluso los hay que escuchan la música sólo desde el punto de vista de la dirección. Muy poca gente va a la ópera a oír música.”

“En todas mis obras con texto, siempre he escrito las palabras. Admito que esto ha sido principalmente por una razón práctica: mi música tiene gran complejidad rítmica y necesito palabras que se adapten a mis ritmos. Esto significa que me concedo la posibilidad de modificar una palabra según la necesidad rítmica. Además, adoro a los cantantes y no tengo deseos de hacerlos silbar o hipar… los cantantes necesitan vocales abiertas en el registro grave y, sobre todo, en el agudo. Un si bemol agudo sólo se puede cantar con «a», «o» o «ay», y este imperativo fonético también guía mi elección de palabras.”

“Admito que no estaba muy interesado por los timbales, sino en los instrumentos de resonancia extendida, como las campanas, gongs y tam-tams, por su extraordinario misterio y las sorprendentes lecciones que nos enseñan… los instrumentos de resonancia extendida son valiosos sobre todo por las armonías que producen y los complejos de sonidos que crean.”

“Recuerdo el día en que volvíamos juntos por la calle Beautreillis, donde él vivía. «¡Qué época!» me dijo, «¡Qué época! ¿Quién será el gran compositor que limpiará esta terrible época?» Y le contesté, «Pero Boulez, serás tú».”

“… incluso en movimientos muy rápidos, cuando reproduzco los cantos de los pájaros sea en la orquesta o en el piano, cada nota tiene su acorde, no un acorde tradicional sino un complejo de sonidos destinado a producir el timbre de esa nota. Invento tantos acordes como notas, lo que quiere decir que para una melodía de pájaro que tenga mil o dos mil notas, hay mil o dos mil acordes. Es una tarea enorme para la imaginación.”

“Responderán a ello el día que sus oídos se acostumbren. No es esencial que los oyentes detecten con precisión todos los procedimientos rítmicos de la música que oyen, como no necesitan detectar todos los acordes de la música clásica. Eso queda para los profesores de armonía y los compositores profesionales. ¡En el momento que reciben una sorpresa, se dan cuenta de que es hermoso, que la música les conmueve, el objetivo se logra!”

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