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Perfil de Luis de Pablo

Luis de Pablo (28/ene/1930-)

 

pablo_l_02.jpg Sus impresionantes conocimientos sólo pueden compararse a su extraordinario sentido crítico, que lo lleva a considerar y sopesar toda técnica y estética sin someterse a ninguna más que la que las propias necesidades de la obra dictan. Cabe decir que es compositor poliestilista, bien entendido que su pluralidad de estilos no cae jamás en un muestrario más o menos chabacano, sino en emplear lo que es necesario en el momento que se demuestra preciso. Es experto en música de las diversas culturas del mundo, conocimiento que, junto a las técnicas de los más grandes autores del siglo, ha compartido con el resto de los compositores españoles en épocas en que el acceso a informaciones sobre lo creado en el extranjero era difícil por razones políticas.

 

Citas

“Me basta con saber que mi canto nació conmigo: nunca he sido más que compositor, incluso antes de saber componer. Yo soy alguien que se escucha: necesito un rincón tranquilo en que traducir en sonidos mi orden y mi desorden. Pero no sé para quién compongo; sí sé que necesito componer para vivir. Definir mi música sería como definirme a mí mismo. Lanzo lo que hago «frente a la enorme indiferencia del mundo», como todo lo que nuestra especie hace. Mi pasado son mis obras. Mi presente son mis obras. No sé si mañana he de morir: ¿cómo saber cómo será mi música, o, más difícil, la de los otros? Cuando Luis de Pablo desaparezca, lo que quedará -si algo queda- será el esfuerzo parcial y constante por atrapar una forma de existir mediante un orden sonoro. Me gusta pensar que habrá alguien a quien este orden acompañe, ayudándolo a ver más claro en su vida.”

“Todos tenemos órdenes y desórdenes escondidos. Algunos somos capaces de darles forma con una obra, y, si tenemos suerte, permanece, aunque nadie sabe cuánto (después de todo el hombre es un recién llegado a este mundo, aunque sea vecino ruidoso). Somos aprendices de brujo. Liberamos fuerzas cuyas consecuencias no podemos saber y, por desgracia, no hay maestro para que las ponga de nuevo en su sitio correcto.
Mis flores, mi música, intenta captar retazos de órdenes y desórdenes que son tan cambiantes y falibles como yo mismo. Su valor, si lo tienen, es servir de testigo parcial de nuestra desencadenada e impredecible variedad.
Sin embargo, no soy escéptico. En mi música hay siempre un esfuerzo para definir criterios técnicos válidos, incluso si sólo se van a emplear en un obra. Y, sobre todo, hay una gozo sobrecogedor (que no excluye melancolía ni miedo) al afrontar el desafío de usar esa libertad para imaginar nuevas obras eficaces y ricas.”

“No sé bien para quién escribo ni quién me sigue, ni quién me detesta, pero no me interesa saber quiénes me detestan, porque no soy masoquista, y he de tratar de seguir mi camino sin interrupciones. Aunque oscuramente, sí tengo la idea de que los canales actuales de la difusión de la música en nuestro país no son los ideales para que una música como la mía o la de mis colegas más afines, cale donde debería calar. Quizá si la música que hacemos se escuchara en otros ambientes distintos a los habituales podría tener más eco… , pero no puedo demostrarlo, no tengo medios, ni soy yo quien tiene que buscarlos.”

“… éste es muy claramente el caso de los últimos reductos en los que el concepto de armonía funcional sigue reivindicando para sí el apelativo exclusivo de música. Corriente que empezó por considerar letra muerta la experiencia de la Escuela de Viena, que más tarde tuvo que aceptarla como experiencia límite y que por último se bate en retirada, no sin invocar un derecho a la vida que nadie le niega, ya que nadie cuyo tiempo tenga un valor lo pierde en batirse contra fantasmas, llámense éstos como quieran llamarse.”

“… quien no sienta para cada obra una normación interna como una poderosa e irresistible presencia, no puede ser considerado como creador genuino, ya que no llega a presentar ningún objeto con capacidad de comunicación (repetimos una vez más que para que la comunicación exista será preciso que se establezca un lenguaje, con todos los requisitos que tal cosa supone y que hemos de ver técnicamente en seguida). Como también hemos dicho anteriormente hoy se nos impone la para algunos humillante constatación de que tal normación interna es perecedera, momentánea y, en suma, limitada. Rebelarse contra ello, bien sea para afirmar lo contrario, bien para negarlo, no hace sino poner al descubierto la raíz romántica de quien no se resigna a aceptar un concepto provisional de lo humano, buscando la salvación de cada uno de nuestros gestos en una galería de arquetipos o refugiándose en un total nihilismo que es su exacta contrapartida.”

“… si falta la afirmación personal, el compositor no dispone para reflejar su entorno más que de medios tomados a préstamo entre los más en boga en su momento o bien entre los que su sensibilidad prefiera de los que el pasado heredado le ofrece. La tiranía de la moda, el mimetismo, el abandono de un fetiche para encontrar otro -que a su vez abandonará mañana- encuentran aquí su triste explicación. El francotirador, el aficionado o, en el mejor de los casos, el compositor falto de dotes -desprovisto de impulso interno, de lo que llamamos su afirmación personal- no será capaz sino de remedar con materiales de derribo una pseudovalidez que se disfrazará, bien con las últimas experiencias -caricaturizadas hasta quedar reducidas a pura extravagancia por haber perdido su verdadero sentido-, bien con el socorrido recurso de un retorno cualquiera: espíritu de «magister dixit» que es la más paladina confesión de impotencia.”

“… todas las nuevas formas de composición ya vistas, ofrecen la posibilidad real de acceso al interior de la forma de la obra musical, con una colaboración mayor o menor por parte de terceros. Parece que hay cierta verosimilitud en la idea -por nuestra parte tal verosimilitud es un convencimiento firme- de que la escucha futura no será masiva, sino personal y privada, tal y como ocurre con la televisión con respecto al cine, aunque quizá con un signo todavía más individualizado en lo que a la música se refiere, ya que el ideal sería una manipulación personal, no programada, de los elementos ofrecidos por el compositor al espectador.”

“Nunca he hecho música descriptiva ni ilustrativa, no; lo que he hecho siempre es crear un determinado orden sonoro, a veces con referencia a alguna situación, y esto presupone una cierta dosis de fe en que un estado de ánimo pueda quedar plasmado en la música, cosa en la que personalmente sí creo…”

“… en algunos ambientes, sobre todo de España, tengo cierta fama de hombre cerebral, frío, calculador, analista… y esto no es cierto. Musicalmente hablando, me suelo mover por intuiciones y hasta por corazonadas, y si yo no me siento conmovido y atraído por una determinada materia musical no funciono, no puedo trabajar… cada caso es diferente, y si tienen algún denominador común es el de haber sido siempre ideas intuitivas.”

“Quizá lo que yo estaba pretendiendo -¿puede enfocarse así?- era como un nacionalismo de nuevo cuño, es decir, no un nacionalismo folcklorizante, sino una puesta al día de nuestra sensibilidad. En todo caso mi música la estoy haciendo desde España, mi sensibilidad está formada aquí y mi respuesta -mi obra- es la de una persona nacida aquí y que vive la circunstancia española así. Lo que a mi juicio, hoy quiere decir algo completamente distinto de lo que pudo significar hace ochenta o cien años. Esto me parece tan obvio que da grima repetirlo. Pero está claro que ciertos oídos musicales son, para la sensibilidad histórica, los más sordos.”

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