Alumnos; guía de avistamiento. 17— La alumna invisible

Invisible

Alumnos: guía de avistamiento” pretende ser una serie de posts humorísticos acerca de algunos de los perfiles de alumnos más notables y característicos. No se inventa ningún dato ni tipo de alumno, ni hay intención alguna de ofensa. Procuraré ir alternando perfiles de alumnos “peligrosos” con el de alumnos maravillosos. Espero que os resulte divertido

“Continuaba maldiciendo con la amplitud y variedad que caracteriza a las maldiciones de un hombre cultivado.”

“Repasé mentalmente todo cuanto un hombre considera deseable. No cabía duda de que la invisibilidad permitía obtenerlo; pero hacía que resultara imposible disfrutarlo una vez obtenido.”

“La invisibilidad, en resumen solo sirve en dos casos. Es útil para escapar, es útil para aproximarse. Por lo tanto, es particularmente útil para matar.”

El hombre invisible, H. G. Wells

Geografía: La ciencia ha sido incapaz de determinar, hasta ahora, cuál es la ubicación de estas alumnas (hay alumnos, también, pero son más infrecuentes). Podemos asegurar que no están en clase. Pero eso no significa el mero papel pasivo de falta de asistencia. Se les siente, se les intuye. Podemos siempre percibir el olor de sus sombras.

Hábitos: Aparecen poquísimo por clase, en general tarde, y anunciando que necesitan irse en unos minutos y que no podrán asistir durante una serie de días más. Sus carreras universitarias, sus compromisos profesionales, su secreta pertenencia a un grupo de superhéroes, interfieren con su enorme deseo de asistir. Para demostrar esta apetencia, hablarán a toda la gente que conozcas, que te contará, de su parte, su caso, en el momento justo que tú esperabas un rato tranquilo con un compañero. O se pondrán personalmente en contacto contigo, por móvil, WhatsUpp, Facebook, señales de humo o una güija espiritista. ¿De qué has hablado hoy? ¿Explicaste algo nuevo? ¿Has puesto ejercicios? ¿Puedes quedar en lo alto del Kilimanjaro a las 7:30 del domingo para corregir? ¿Sí? Bueno, ella, ahora que se acuerda, tiene ese día compromisos ineludibles.

Etología: Cabría distinguir dos subespecies. La menos nociva, y en realidad muy agradable es la llamada Alumno Conejo Blanco, previamente tratada en estas páginas. Pero la subespecie más terrible es la que hace todo esto para demostrar un interés que está lejos de sentir, y básicamente, para que comprendas que su mundo es más grande e importante que tus pobres y patéticos intentos de enseñarle algo que tampoco es que le interese demasiado.

Guía de caza: No puedes cazar lo que no puedes ver. Vigila bien tus espaldas.

Anécdotas: En una ocasión, en Madrid, me para una mujer muy guapa en medio de la calle. Me saluda, efusivísima, y me agradece todo lo que he hecho por ella. Dado que no había donado médula espinal a nadie en tiempos recientes, sospeché que pudiera haber sido alumna mía. Al interrogarla cortésmente, reconoció que sí, y que le había venido muy bien verse forzada a pedir apuntes a sus compañeros ya que me negué a aprobarla por un resumen que había hecho de un libro de armonía, a ver si con eso superaba el curso (sic). Llegó a especular con que si hubiese aparecido por clase, posiblemente hubiese aprendido más, pero que, claro, “los adolescentes son los adolescentes”.

El desafío de los diez libros

Carolina Cerezo Dávila, a la que por otra parte no recuerdo haber hecho ningún mal como para que me meta en este compromiso, me lanza el desafío de los diez libros, que consiste en nombrar, y si se puede, reseñar, diez libros que hayan marcado la vida de uno. Posteriormente se desafía a otras diez personas a que hagan lo mismo.

Si algo soy, soy hombre de libros. lo de “temed a los hombres de un solo libro” jamás ha podido aplicárseme. Y, naturalmente, elegir sólo diez libros me ha sido imposible. Con mucho esfuerzo y bastantes trampas los he reducido a catorce. Y aún ello haciendo el esfuerzo supremo de no meter ni una partitura.

Los listo aquí debajo en un orden vagamente cronológico. He leído demasiado como para estar seguro de en qué orden lo he hecho.

 

1.— La Odisea

OdiseaSiendo bien pequeño, por razones del trabajo de mis padres, pasaba mucho tiempo sólo en casa. En la escasa biblioteca que teníamos, figuraban con carácter prominente los volúmenes de la biblioteca básica RTV —con sus cien fabulosos y bien seleccionados libros, que bien pudieran haber figurado aquí como una entrada más—, la enciclopedia Salvat y La Odisea. Mi pasmo con este último libro, la sensación de maravilla, mi entusiasmo ante la astucia de Ulises, mi pasión por los dioses como seres que se salen de lo normal, aún me duran, y son, indudablemente, la causa de mi eterno interés por la mitología.

 

2.—Antología de Ciencia Ficción de Groff Conklin

43572959La biblioteca del colegio en que estudié era más bien escasa, y producto, ante todo, de donaciones de padres de alumnos. Quizá gracias a eso se produjo la anomalía de que en un colegio de curas de la época de Franco se encontrara un libro de ciencia ficción. Al leerlo reencontré la maravilla que había supuesto “La Odisea”, pero con personajes con los que era más fácil identificarse (nos pongamos como nos pongamos, y diga lo que diga Olympos de Dan Simmons, parece más cercano que tengamos un jetpack a que adquiramos poderes de semidioses mitológicos).

Leída hoy (me hice a los años con un ejemplar, numerosas veces releído), es una antología corrientita, pero no por eso la tengo menor cariño.

 

3.— Asimov

asimov-seleccion-1-isaac-asimov-bruguera-11668-MLA20047659919_022014-F¡Ah, aquellos libros de Bruguera, que se desencuadernaban con mirarlos! Sabe Bach como habré logrado conservar algunos con todas sus páginas durante más de cuarenta años. Hago aquí la primera de mis trampas. Pero no la siento como una falsedad: si la antología de Conklin fue mi rito de iniciación en la Sf, Asimov fue la materia prima que alimentó mis sueños durante largos años, mi base, si queréis sobre la que aún mido toda novela de ciencia ficción. ¿Los propios dioses? ¿El ciclo de Trántor? ¿Los ingeniosísimos relatos? A tiempo pasado todo me parece un único disfrute, un largo gozo en que cada relato suelto, cada novela única, se funde en forma transparente con todas las demás. Se diga lo que se quiera, el Buen Doctor es un narrador mucho más hábil de lo que parece. Tampoco descarto que sus numerosas explicaciones sobre cómo y por qué escribía cada cosa me hayan ayudado a ver al creador como un ser humano con el que es posible identificarse.

 

4.— Jorge Luis Borges

Borges_02También a Don Jorge Luis lo encontré en la biblioteca de mi colegio (al tiempo lo retiraron, junto a otros autores latinoamericanos, pensando, supongo, que eran una influencia políticamente nefasta). Hubieron de pasar muchos años antes de que me enterase que, como yo, era devoto admirador de algunos autores de ciencia ficción, como Olaf Stapledon o C. S. Lewis, que llegan a aparecer, por ejemplo, en El libro de los seres imaginarios, por la enorme fantasía que llegan a derrochar. Verdad es que la imaginación borgiana, mezclada con un manejo del lenguaje de una perfección casi de relojero necesitan de poco estímulo exterior para convertirse en una fuente de satisfacción casi sin límites. Desde mi Aleph, situado en el jardín de senderos que se bifurcan, leo el libro de arena y le dedico una kennigar. ¿Puedo aprovechar una vez más para manifestar que “Undr” me parece la mejor reflexión sobre el arte jamás escrita?

5.— El Señor de los Anillos

el-senor-de-los-anillos-3-ts-minotauro-tapa-dura-tolkien_MLA-F-4600653378_072013Pocas veces he estado enfermo en mi infancia. Una de ellas algún pariente tuvo el acierto de regalarme el primer volumen de El Señor de los Anillos (raro, solían regalarme tebeos o libros de colecciones infantiles). Fue de noche y la fiebre me hizo dormir enseguida. Al levantarme al día siguiente comencé el libro… …y no pude soltarlo hasta acabarlo, ese mismo día. Yo creo que me cure de la enfermedad al día siguiente sólo para poder ir a la librería y comprar los otros dos volúmenes. Años esperando a poder tener una edición (ya en inglés) con los apéndices, esperando al Silmarilion, al Hobbitt. Queridos, los que os habéis hecho fans por las muy posteriores películas, no tenéis idea de la magia y el misterio que nos rodeaban a los escasos iniciados que lo leímos en la primera edición española. Supongo que de ahí arranca mi inacabable interés por lo que luego he dado en llamar los espacios míticos.

 

6.— Julio Cortázar

cortazar_rayuelaA Don Julio estoy seguro de haberle conocido precisamente por enterarme de que retiraban de la biblioteca de mi colegio los volúmenes de literatura sudamericana. En el batiburrillo ideológico de la época, la primera tendencia de unos y otros era confundir la ideología de Vargas Llosa con hasta la del gaucho Martín Fierro. Afortunadamente estamos en tiempos más sosegados (algo, al menos( y podemos intentar juzgar sólo (¡sólo!) el valor literario de cada libro.

De Cortázar conocí lo primero los cuentos, esos prodigios pequeños que, precisamente por no parecerse en nada, sólo puedo comparar a los de Borges. Siempre he dicho que llegados a cierto punto de perfección, la única mejora posible es la de hacer las cosas de una manera totalmente distinta, y la imaginación portentosa de Don Julio, su lenguaje, mucho más mesurado de lo que a primera vista parece, y el asombro continuo que me produjo la lectura de sus novelas me parece que me viene a dar la razón.

Historias de Cronopios y Famas, así como La vuelta al día en ochenta mundos son quizá los libros de este autor que más he comentado con mis amigos, si bien me parecen obras, en comparación con el resto, un poco menores. Lo que no tiene nada de malo, como diría el propio Julio en “La vuelta al día…”

7.— William Shakespeare

william-shakespeare-obras-completas-edit-aguilar-13372-MLC3195560901_092012-FEntramos en mi adolescencia. Quizá sea el momento de alabar la colección de libros de lectura Senda, que me acompañó durante toda la EGB. Si bien me ponía muy nervioso que no figurase un sólo texto completo, fue mi primer contacto con, por ejemplo, el Cantar de Mío Cid y el Romancero Antiguo, que tanto me han llegado a gustar luego. Fue aquí dónde encontré un soneto de Shakesèare, uno de los del ciclo de la Amada Oscura, que me hizo buscar el resto de las obras del autor (conocía Romeo y Julieta, que figuraba en la colección RTV de la que antes hablé, pero de niño llegó a tocarme poco).

Antes de poder leerlo, con enorme esfuerzo en inglés, conocí y aún poseo y releo la traducción de Luis Astrana, que por denostada que sea sigue pareciéndome soberbia. Con Cervantes (ver abajo) durante una serie de años la relectura de las obras completas de Shakespeare era un obligado placer veraniego, cuando quería, al principio de mis años de profesorado, quitarme demasiados dosis de lenguaje burocrático que habían atenazado mi curso.

 

8-— El ingenioso hidalgo

don-quijote-de-la-mancha-ediciones-ramosmadrid-1655-MLU31034465_8238-FPoco dado como soy a todo lo obligatorio en la enseñanza, no me parece una buena idea que durante tantos años el Quijote haya sido una lectura obligatoria. Antes bien, yo la hubiese prohibido, de forma que los jóvenes la leyesen a escondidas, valorando así mucho más cada uno de los detalles que tiene esta novela casi infinita. Jamás he comprendido a los que dicen que es aburrida, mucho menos a los que dicen que es larga. Me atrevo a decir que parte de la poca cordura que pudiera quedarme tras largos años de enseñanza viene de mis lecturas anuales, que muchos años han durado, de esta maravilla.

Un libro, además, que resiste de manera perfecta ser recontado, no hay más que ver a Unamuno.

Una anécdota: la edición que aún poseo fue el regalo de bodas que mi abuela hizo a mis padres (raro porque ninguno de los tres fue un gran lector). Llena de hermosos grabados de ediciones en todos los idiomas habidos y por haber.

 

9.— Método de guitarra de Gaspar de Luz

GasparDeLuzYa he hablado en más lugares de mis silvestres comienzos en la música, no creo que sea necesario volver a referirme a ellos.

Vacilé en meter este libro, como otro libro técnico de mucha mayor enjundia que vendrá luego, porque no sé si se ajusta a las bases del desafío. Luego pensé que si hasta ahora ya me las he saltado unas cuantas veces, por qué no hacerlo aquí también. Ciertamente es uno de los libros que ayudaron a cambiar mi vida. En mi etapa de “guitarrista de barrio”, que en tantas cosas ha marcado mi posterior vida musical, este libro cumplió holgadamente su papel: enseñarme a tocar la guitarra, escalas, acordes… Y de una manera admirable: no intentaba que me convirtiera en guitarrista de jazz, de flamenco, clásico, o rockero, sino que aprendiera a tocar la guitarra. Esta forma de enseñar sin tendenciosidad alguna es algo que, aprendido de aquí, intento aún llevar a mis prácticas pedagógicas. Por lo demás, no es que sea un libro grande, simplemente para mi tuvo influencia profunda.

 

10.— Biblioteca Orbis de ciencia ficción

OrbisIgnoro si seré el único que debe una parte considerable de sus saberes sobre el género a esta biblioteca, que, en mi opinión, era de lo más variado y bien seleccionado (con excepciones, claro) que hubo en la época. Un gusto esperar cada nuevo número, y, la verdad, una decepción cuando resultaba que el número que iba a salir era una novela que ya había uno adquirido en otra edición.

Tienta ponerse a hacer la lista de títulos pertenecientes a la colección que no hubiera sido posible, o al menos fácil conocer de otro modo. Conservo casi todos sus volúmenes con enorme cuidado y gran placer.

 

11.— La Armonía de Schönberg

SchonbergHabrá quien se extrañe de que ponga este libro y no la Técnica de mi lenguaje musical, de Messiaen, sobre todo los que saben lo mucho que me costó conseguir leer el libro en francés… …idioma que sigo desconociendo.

Sin embargo, en muchos aspectos la armonía de Schönberg me marcó más (me hizo, por ejemplo, desear leer el libro de Messiaen). Es un libro sin paralelo, creo, en el mundo de los tratados de armonía: no se limita a dar lecciones sobre la materia, sino a explicar, de la mejor manera, que es el ejemplo, por qué uno pudiera interesarse en ser armonista. En la medida en que la teoría musical pueda considerarse una filosofía (escasa, creo), este libro sería un ejemplo de los valores que pueden y quizá deban acompañar a un armonista que sea algo más que un técnico competente. Yo ta tenía intenciones de componer, pero este libro fue de los que más me enseñaron qué significa ser compositor.

 

12.— Las trilogías

Dune coverAdopto este título, que reconozco que es laxo, porque, por ejemplo, la expresión “multilogía” me parece totalmente carente de eufonía.

¿Recordáis como, durante una época, todo eran trilogías, dobles trilogías y demás? Para los que apreciábamos el buen oficio en la construcción de universos era la oportunidad maravillosa de habitar durante más tiempo lugares y situaciones que llegabas a amar. Universos como el de Dune, cuya foto nos acompaña son demasiado ricos y complejos como para disfrutarlos durante unos miserables cientos de páginas.

Otra cosa es que padezco una enfermedad que ignoro si los médicos ya han catalogado. Soy totalmente incapaz de no leer todos los volúmenes de una multilogía,. En general no es grave, pero hay casos, como pudieran ser las crónicas de la Dragonlance en que se convierte en un ejercicio de masoquismo.

 

13,— Los dominios del Señor del Sueño

Sandman-bannerSupongo que será por llevar la contraria, pero el aprecio por todo lo poético no me vino en la adolescencia, más allá de perpetrar aquellos versos de los que todos somos culpables, sino con la madurez.

En la infancia conocí algo los cómics de Vértice, que no llegaron (me imagino que porque los leía de prestado en los recreos) a entusiasmarme. Luego, con un afán de estudioso inglés que sólo puede disculparse a un recién adolescido me empeñé en demostrar la influencia de los arquetipos mitológicos en la vida moderna, para justificar mis obras mitológicas. Hoy sigo pensando igual, pero creo que ni me hace falta justificarme ni la actitud del Doctor Stanley deja de carecer de muy serio paternalismo con el resto del mundo.

El caso es que llegó Sandman. ¡Qué se puede decir de un río que es a la vez un volcán, de un lirismo que es a la vez una épica, de un multiverso enorme que a la vez resuena con casi cada una de las circunstancias que componen mi interior!

Sólo diré que si alguna vez tengo ocasión de hacer una ópera, será en el universo de Sandman, a ser posible con libreto propio. Después he seguido leyendo cómics, gracias a Bach, pero hasta ahora, aunque he encontrado joyas preciosas, nada ha llegado a tocarme tan profundamente.

 

14.— Terry Pratchett

NightWatchHablaba antes de la arrogancia del que acaba de abandonar la adolescencia. Durante un tiempo llegué a pensar que ya nada había que pudiera resultarme totalmente nuevo o entretenido… …y en eso llegó Sir Terry. Ignoro si sus libros se deben clasificar en humorísticos, filosóficos, fantasía o la más pura realidad. Sólo sé que deploro que su enfermedad nos impida disfrutar de unas cuantas docenas más de ellos. Creo que lo poco que tenga de humanidad y de ecuanimidad me vienen en alguna medida de esta lectura extraordinaria, y deploro la mala suerte de todos los que no leáis en inglés, puesto que creo que no todos están traducidos, lo que viene a constituir un delito de lesa humanidad contra todos los hispanohablantes.

A Sir Terry le dediqué una vez una pieza imaginando como pudieran ser los folklores de MundoDisco. Lo mismo alguna vez se interpreta.
Y os dejo en este bachiano catorce, que es alógico porque en realidad he puesto cientos de libros esta lista tan injusta. Si se me hubiese preguntado por los diez libros que más he disfrutado, hubiese, por ejemplo, salido Rafael Marín, o Herman Hesse, o Thomas Mann. Si la pregunta se refiriese a de qué libros he aprendido más (que no sean los de texto), hubieran salido otros. ¿Y no habría que incluir literatura erótica? En fin, es un universo mucho más feliz aquel en que se han inventado los libros que otros en los que no.

P.D.: no dejéis esta lista en manos de ningún psiquiatra, que se lo pasará bomba.

Metamúsicas y análisis. Dos deudas besadianas y un sólo artículo.

analysisPara los que no le conozcáis, José Luis Besada es un señor (o quizá una entidad virtual, jamás, que yo sepa, le he visto en persona) que se dedica entre otras cosas a hacer preguntas comprometidas en Facebook, con humor, pero también con fiereza propia de un martillo de herejes si los razonamientos tras las respuestas carecen de validez. En los ratos libres diseña jeroglíficos matemático-musicales que me han dado más de un quebradero de cabeza. El caso es que se ha interesado por dos comentarios apresurados que puse en el Face, y me ha lanzado el guante. Concretamente le debo respuesta a dos preguntas.

  1. ¿Qué quiero dar a entender cuando hablo de metamúsicas?
  2. ¿Por qué digo que el análisis no es un fin en sí mismo sino una herramienta? (Esta pregunta me inquieta menos: manifiesta un 85% de acuerdo conmigo, así que del 15% restante quizá podamos negociar un porcentaje).

Como soy así de perezoso, y como en el fondo los dos temas requieren para mi respuesta elementos comunes, los englobo en un solo artículo.

Extraño a Humpty-Dumpty: las metamúsicas

humpty-dumptyConfieso que el término “metamúsica” lo he empleado siempre con la mayor inocencia. Si metalenguaje es el lenguaje cuando se refiere a sí mismo, metafísica, metamúsica sería la música cuando es también, en ciertos sentidos, autoreferencial.

Este uso está, creo yo, suficientemente claro. Pero la pregunta besadiana me ha servido de alerta. Cuando me lo ha preguntado, alguien más debe estar usando ese término, y, sin duda alguna, sin buenas intenciones.

Así alertado, he usado Google, y estoy más bien escandalizado de lo que he ido encontrando. Como no quiero avergonzar a nadie, voy a contar en paráfrasis, más que a establecer vínculos directos.

He encontrado sitios en que venden colecciones completas de metamúsica, dónde ésta sería desde la música de los clásicos, por su evidente trascendencia sobre otras músicas, hasta el minimalismo pop relajante acompañado de sonidos de la naturaleza, tales como cantos de ballenas, grillos nocturnos o los chillidos de agonía de una gacela al ser despanzurrada por un leopardo.

He encontrado webs en que venden libros que emplean la metamúsica como ejercicio de autoayuda. Cito, con vergüenza y pasmo el índice de tres capítulos de uno de estos libros.

IV. La armonía musical 
– Musicoembriología (La vida antes de nacer) 
– Psicoembriología 
– La ayuda telepática 
– Una experiencia maravillosa 
– Sinfonía de la Vida 
– Musicoembriología (Práctica) 

V. Meditación musical 
– Cómo escuchar música adecuadamente 
– Hábitos musicales sanos 
– Una mayor comprensión profunda de la música a través de nuestro cuerpo 

VI. Música, la verdadera filosofía 
– Lugares de reunión para meditar con música 
– Literatura musicosófica 
– El fundador 
– Pasos para la meditación musical 
– P.I.D.: Percepción intuitiva de Dios (práctica)

Yo voy a procurar no juzgar, pero aún me tiembla el poco flequillo que me queda tras esta lectura escalofriante.

–La cuestión –insistió Alicia– es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.–La cuestión –zanjó Humpty Dumpty– es saber quién es el que manda…, eso es todo.Alicia se quedó demasiado desconcertada con todo esto para decir nada; de forma que tras un minuto Humpty Dumpty empezó a hablar de nuevo: –Algunas palabras tienen su genio… particularmente los verbos…, son los más creídos…, con los adjetivos se puede hacer lo que se quiera, pero no con los verbos…, sin embargo, ¡yo me las arreglo para tenerselas tiesas a todos ellos! ¡Impenetrabilidad! Eso es lo que yo siempre digo.

-¿Querría decirme, por favor –rogó Alicia– qué es lo que quiere decir eso?

–Ahora sí que estás hablando como una niña sensata –aprobó Humpty Dumpty, muy orondo. –Por «impenetrabilidad» quiero decir que ya basta de hablar de este tema y que más te valdría que me dijeras de una vez qué es lo que vas a hacer ahora pues supongo que no vas a estar ahí parada para el resto de tu vida.

–¡Pues no es poco significado para una sola palabra! –comentó pensativamente Alicia.

Cuando hago que una palabra trabaje tanto como esa explicó Humpty Dumpty– siempre le doy una paga extraordinaria.

Todo con todo, como intuyo bastante de qué pie cojea el amigo Besada, sospecho que debe haber algo aún más atroz: que los posmodernos se hayan apoderado del término. Antes, cuando mi amigo Humpty o yo queríamos usar una palabra, la usábamos, sin mucho mayor trabajo que el de definirla adecuadamente y darle su sueldo correspondiente. Pero, con gentes que niegan la existencia de la realidad si no es como constructo consensuado, ¿quién se atreve? Mucho me temo que si indagara me encontraría con algo así como:

“La reducción del paradigma que supone la metamúsica es sólo aparente tras la consideración de las teorías de género implicadas, tal y como las propugnó Ostrakovitch. La metamúsica vendría pues a ser el sustrato translingüístico que queda tras la deconstrucción de los conceptos de autor e interpretación, como parte inmanente del subconsciente colectivo tras todo rechazo del dualismo y sin perder jamás de vista que así como el lenguaje da forma a nuestros pensamientos, la música da forma a nuestras orejas. Puede aseverarse sin necesidad de demostración que toda persona de enormes orejas es proclive a la escucha de piezas musicales de grandes proporciones.”

Algo me queda luego por decir de la posmodernidad, pero me apresuro ante todo a rechazar cualquiera de las interpretaciones expuestas hasta ahora como parte de mi lenguaje o mis convicciones. Podría, eso sí, divertirme el término “metamúsica” como título del relato de Leopoldo Lugones.

En mi caso, con humildad, el término lo empleo para referirme a músicas como podrían ser “Polvo de Oro”, de Stockhausen, o “4.33” de Cage, dónde la intencionalidad de la pieza va más allá de lo estrictamente musical (no Besada, esta vez no voy a definir lo estrictamente musical). No sería tampoco inadecuado el empleo del término para obras como el “Estudio para el culo” (sic) de Andrew Robert C., donde la técnica interpretativa es de tanta o mayor importancia que la entidad sonora lograda. Claro, que podría argumentarse que eso es, sin ir más lejos, el caso de Moritz Moszkowski.

Tras todo lo dicho me tienta cambiar mi lenguaje y comenzar a hablar de transmúsicas, multimúsicas o incluso de Músicas-Que-Buscan-Objetivos-Extramusicales. Pero, ¿quién me asegura que no se comiencen a utilizar esas expresiones para fines que no apruebo? Me atengo a los consejos de Humpty-Dumpty, pues.

El efecto Ostrakovitch y el análisis

bosch_musichellPaso pues a la parte del artículo en que me refiero al análisis. Si ya me van a llover palos por lo dicho hasta ahora, no es imposible que por lo que sigue sea crucificado. Dedicadme si tal fuera el caso un recuerdo.

Suelo usar la expresión “musicólogo al ajillo” para referirme a cierto tipo de estudioso de la música que no cree necesario, o incluso encuentra de mal gusto, referirse a la propia música, representada por la partitura o por interpretaciones de la misma (sobre todo en el caso de la etnomusicología) como criterio definitivo para cualquier estudio interesante. Vendría a ser el caso de un experto en astrágalos que sintiera repugnancia por el pie humano o de cualquier otro plantígrado, por ensuciar la pureza última de la astragalidad platónica, con lo que yo vendría a denominarlo “astragalista al ajillo”. Por cierto que siempre me sorprende que nadie me haya comentado jamás la semejanza (que no es casual) con la expresión “erudito a la violeta”.

En el caso concreto del análisis, yo defiendo que es una disciplina auxiliar de inmensa utilidad. Analizamos para algo. Analizamos para aprender más sobre cómo está hecha una obra y, consecuentemente, interpretarla mejor. Analizamos para adquirir el oficio de compositor, aprehendiendo trucos de oficio, sea para aplicarlos nosotros o sea para sustituirlos por otros de nuestra propia cosecha. Pero el análisis es una herramienta, y no una finalidad. De nada sirve un análisis que no haya de tener aplicaciones prácticas.

Aquí al lado tenéis un fragmento del “Tríptico de las Delicias”, de mi viejo amigo Jerónimo. Entre la multitud de interpretaciones cabalísticas y alquímicas que se le han dado, me llama la atención la que dice que describe un infierno a la medida de los que confunden el fin y los medios, como por ejemplo algún gran virtuoso que en aras del dominio absoluto de su instrumento olvidase hacer música con él. De forma parecida quién no emplee el análisis para una mejor comprensión de la obra tiene un lugar en este cuadro (me tienta decir cuál de todos los personajes allí representados es el analista al ajillo, pero me parece evidente).

Desde mi punto de vista el análisis puede y debe seguir una metodología afín al método científico (las disquisiciones sobre la música como arte—ciencia, tan francesas, las dejo para otro día), incluyendo la parte de interpretación de los datos y, si se puede, de falsar las hipótesis.

Un ejemplo sería tras un sesudo análisis de cientos de obras barrocas y clásicas llegar a la conclusión inevitable de que V-I es un acontecimiento de alguna importancia. Falsar esa teoría contra la música, por ejemplo, de Satie, nos llevaría a modificar esa teoría, para acabar llegando a la conclusión de que la teoría es sólo sostenible en ciertos casos, y, sobre todo, en ciertas épocas.

Pero el analista al ajillo se basará una y otra vez en los trabajos sobre la cadencia perfecta de Yuri A. Ostrakovitch para afirmar que es un fenómeno universal, y que los compositores se han amoldado a él sólo de forma imperfecta. Lo que es peor, juzgarán las obras sobre esa premisa. Y, claro, ¿quién se atreve a discutir las conclusiones de Ostrakovitch, con ese nombre extranjero, y cuando en el fondo no nos atrevemos a decir que es la primera vez que leemos el nombre del autor (forzosamente ha de ser así: me lo he inventado para este artículo)?

Dicho así parecerá cosa de escasa importancia. Pero claro, es que no habréis tendió noticia de que se llega bajo tales premisas a negar la existencia de la sonata (sic), lo que no debe dejar indiferente en el otro mundo a más de un sonatista ilustre. O a pensar que ya que ninguna sonata se atiene al arquetipo platónico, tan válidas son las de Mozart como las de Stamitz. Pensar que el término ha significado cosas distintas en épocas y lugares distintos parece una suposición escasamente defendible en un libro bien encuadernado, claro.

En fin, acabo el artículo. Casi nunca me refiero a este tipo de temas en mi blog. Soy consciente de mi profesión de maestro de primeras letras (o primeros acordes, como queráis) y rara vez entro en mundos enrarecidos, sobre todo si lo están de forma artificial. A fin de cuentas para mi la reflexión profunda es casi tan necesaria como la bibliografía, tesis, por cierto, que también sostiene Ostrakovitch.

 

La nana primigenia

lullaby_by_artist_apprentice587-d59vdfaLa verdad es que a estas alturas llevo ya escrita una cantidad algo notable de nanas. ¿Escribiré más? No puedo asegurarlo: por una parte, sigo creyendo, con el mismo fervor de siempre que un compositor es (debe ser) una persona útil, capaz de escribir la música más compleja, pero también de hacer un regalo sencillo a sus amigos. Por otra, sé que hay quién me encasilla en que no sé escribir otras músicas. Por otro lado más, pienso que hay gente que no entiende el concepto de falsificación. Y por último, comienzo a barruntar que más de un compositor pretendidamente grande (y sobre esto es fácil que escriba un artículo en estos días), apenas hace mucho más que falsificaciones de estilos no siempre bien comprendidos. Pero en fin…

Revisando mi disco duro (cada vez que quiero escribir una obra un poco grande, limpio mi disco, preparo si puedo sonidos nuevos y, en general, procuro que durante un tiempo mi ordenador no necesite atención) han aparecido dos bocetos de la primera nana que escribí.

La historia, que ya figura en otra parte de este blog es la siguiente: en su momento una amiga de la familia, Cuqui Peñas, estaba a punto de tener un niño, que luego se llamó Javier. Le prometimos María, mi mujer, y yo, una nana. El caso es que nos fue totalmente imposible conseguir equipo decente de grabación a tiempo, y que además Javier tuvo alguna prisa por venir al mundo. Total, que pedimos prestada una cámara de vídeo (las de la época eran espantosas, en calidad de imagen y audio) y grabamos unas pocas de las diferencias que iba haciendo sobre una para mi muy querida nana segoviana.

Como en la época YouTube no se estilaba tanto, la nana en cuestión no la subimos hasta el día de hoy. En lugar  de intentar hacer una nueva grabación, hemos respetado totalmente la original, con sus ruidos y su escasa calidad de audio: lo testimonial es lo testimonial.

Hoy me han aparecido esos archivos, además de dos bocetos más que hice y que no pudimos grabar por falta material de tiempo para estudiarlos: la Nana de las teclas blancas (que quedó muy española) y la Nana de las teclas negras (que quedó un tanto húngara). Os subo un vídeo con las grabaciones originales, todas seguidas, tal cual las tocó María. Y los dos bocetos interpretados (es un decir) por mi ordenador, en vídeos individuales.

Por algún lugar debe andar otro boceto, que aún recuerdo pero no me apetece reconstruir, al que interiormente llamaba “nana de la armonía malversada”, porque usé absolutamente todos los trucos habidos y por haber para hacer un preludiete coral bastante mono. Si aparece, os la subo también.

Las nanas originales, por María Teresa Ramos Benayas

Nana de las teclas blancas

Nana de las teclas negras

Vídeo simpatiquísimo de los catorce cánones sobre el bajo de las Goldberg

14Alfonso Sebastián Alegre me envía este delicioso vídeo sobre los muy comentados en este blog “Catorce cánones sobre el bajo de las Goldberg”.

 

Smoke on the water: an invention. La partitura (the sheet music)

Captura de pantalla 2013-11-25 a la(s) 19.15.27Como nunca me acuerdo de nada, entre las muchas cosas que se me habían olvidado y tenía pendientes estaba subir la partitura de mi “Smoke on the water: an invention”, que prometí hace ya tiempo.

Sobre ella escribí en su momento: “Un pequeño contrapunto a dos partes (que no dos voces) sobre el “riff” de “Smoke on the water”, de Deep Purple, en forma de invención. La invención es una forma musical afín a la fuga. La idea no es más que una broma musical, muy diferente de mi música habitual. La he pensado para piano, aunque estaría encantado de arreglarla para clave, un instrumento mucho más roquero a mis oídos. Espero que la broma os divierta.”

Para los que me conozcan, no será una sorpresa que concibo también esta obra como ayuda pedagógica para mis alumnos. De algo habrá de servirles, en su momento. Tal y como está ahora estructurado “Fundamentos de Composición”, en sexto. Aunque es siempre tentadora la idea de anticipar en quinto ciertos materiales y que fuera la consecuencia natural de las invenciones que ven ahora mismo.

 

Descargad la partitura haciendo click aquí

 

Aquí tenéis el vídeo:

 

Quizá merezca la pena recordados que dispongo de otras cuantas invenciones, todas con finalidad pedagógico/humorística.

Alumnos: guía de avistamiento. 08— El alumno campana

Alumnos: guía de avistamiento” pretende ser una serie de posts humorísticos acerca de algunos de los perfiles de alumnos más notables y característicos. No se inventa ningún dato ni tipo de alumno, ni hay intención alguna de ofensa. Procuraré ir alternando perfiles de alumnos “peligrosos” con el de alumnos maravillosos. Espero que os resulte divertido

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Les suenan campanas y no saben dónde. A veces porque, por interés sobre la música, han leído al respecto. A veces porque estudian con otros profesores o métodos que les han dicho que son mejores. Todo eso es bueno. Lo malo es que se ciegan ante la posibilidad de que las cosas no sean como ellos han leído… …o creen haber leído

Geografía: Dependiendo de que esperen aprender algo de ti o de que ya hayan juzgado que sus libros o maestros son mejores, en la primera o última filas.

Hábitos: El más usual es el de NO hacer el ejercicio que les has pedido, sino el que ellos consideran que deben hacer. En general tropiezan mucho. Frases como “yo es que quería hacer una modulación sin cambiar de tonalidad” o “quería una progresión en que cada miembro fuera distinto”, son esperables y no deben hacer que uno pierda la compostura ni cambie de profesión.

Etología: Discuten continuamente. Si, por ejemplo, hablas del acorde de séptima de dominante, te dicen que estás equivocado, porque ellos han visto una vez un acorde de séptima disminuida y se comportaba de otra manera.

Guía de caza: Son difíciles de cazar. La única esperanza es que vean que a sus compañeros les empieza a salir mejor música e intenten ponerse al día.

Anécdotas: La anécdota más terrible que tengo es la de un alumno al que su profesor de solfeo consideraba genial, tanto que decidió impartirle él la armonía. El profesor en cuestión consideraba que confirmar una tonalidad a la que se ha modulado era “demasiado complicado” y se lo prohibió. A día de hoy (he visto al alumno incluso presentándose a oposiciones de armonía” el alumno sigue sin saber modular.

Más bonito y divertido es el caso del alumno al que pedí un arranque asonatado y escribió una exposición de fuga… …francamente correcta.