Entrevista a Sara Castaño

SaraCaricatura

Autocaricatura de Sara con su amado clarinete

No hace tanto tiempo os comentaba lo orgulloso que estaba de mis alumnos de Fundamentos de Composición, y aprovechaba para comunicaros que una de ellos, Sara Castaño Díaz, había sido seleccionada como finalista el el I certamen para jóvenes compositores “Ciudad de Salamanca”.

En estos últimos días hemos sabido que ha sido, finalmente, la ganadora.

Con ocasión de ello, ha salido en la prensa, y, a decir verdad, hemos quedado todos algo sorprendidos de lo poco que se ha comentado sobre la música o la obra. Muchísimo, eso sí, sobre el evento y los CVs de los intérpretes.

Total, que hemos pensado entrevistarla para la revista digital del conservatorio. Aquí os adjunto un pdf de la charla, en versión para imprimir y otro en una versión más apta para leerlo en pantalla.

También os pongo aquí debajo el texto de la entrevista, por aquello de que así Google lo indexa mejor. Pero recomiendo que leáis el pdf, u os perderéis algunos dibujos de Sara.

 

La entrevista

En este curso 2014—2015 nos despedimos de una presencia pelirroja que ha habitado pasillos, aulas y cabinas de nuestro conservatorio: Sara Castaño. Pero, antes de graduarse, ha obtenido el premio para jóvenes compositores “Ciudad de Salamanca” con la obra “Steam-powered heart”. Queremos realizarle unas preguntas sobre su obra, sus expectativas y su forma de entender la música.

La alumna

En estos años que te he tenido como alumna, por lo que yo he visto, y por lo que me han contado otros profesores en las evaluaciones, has demostrado un enorme interés por todo lo que te contábamos. Sin embargo, jamás has sido la típica estudiante obediente y has planteado todas las objeciones y propuestas que te han parecido adecuadas. Es un perfil de alumno complicado, pero gratificante. Mi pregunta es: ¿qué esperas tú de un profesor?

Para empezar, he de decir que la profesión de profesor o maestro me parece la más importante de la historia de la humanidad, ya que el ser humano es lo que es gracias al conocimiento colectivo del que dispone, y tener la responsabilidad, la capacidad y la habilidad de ser una de las personas encargadas de que ese conocimiento siga transmitiéndose y expandiéndose me parece algo inigualable para lo que todos los monumentos, condecoraciones y agradecimientos se quedarían cortos. Una vez dicho esto, y ya que todos hemos podido experimentar en algún momento de nuestras vidas que hay profesores buenos y malos, diré que lo que yo espero al asistir a una clase es encontrarme a una persona con conocimientos (al ser posible actualizados, no tal cual quedaron el año que acabó sus estudios), que sea apasionado de la asignatura que imparte para poder transmitir ese interés y motivación a los alumnos. Que sepa explicar los conceptos de forma asequible para todos, que vea a la clase no como un conjunto, sino como individuos cada uno con unas necesidades diferentes y unos intereses propios. Que pueda adaptarse. Que, por ejemplo, no pida hacer trabajos o exámenes absurdos que en el fondo no sirven para nada y en lugar de eso emplee un método eficaz para cerciorarse de que los presentes en el aula retienen los conocimientos necesarios y saben aplicarlos. Que no solo recite la teoría, sino que explique la importancia de saberla y la práctica donde será necesaria. Pero sobre todo, que sea alguien a quien sea agradable e interesante escuchar. Con alumnos curiosos a los que les gusta aprender esto último resulta, lógicamente, más sencillo de conseguir, pero aún con alumnos más complicados el profesor debería hacer todo lo posible por convencer a su audiencia de que realmente merece la pena escucharle.

Todo esto no es fácil, realmente requiere un montón de trabajo, lo sé, y no sólo por parte del profesor sino por parte del alumno y del sistema educativo… Pero tú me has preguntado mi opinión y yo respondo. Se puede soñar, ¿no? Además, he tenido la suerte de aprender con varios profesores de estas características, ¡así que imposible no es!

¿Has echado algo de menos (las cabinas no cuentan) en lo que te hemos enseñado en el conservatorio?

Este año me he dado cuenta de un gran agujero de nuestra educación musical al cursar dos maravillosas asignaturas (una matriculada y la otra de oyente) que son optativas y sólo impartidas un año: Educación Auditiva e Improvisación. Primero, no deberían ser optativas, y segundo, no deberían ser un solo año. De hecho, no deberían ser asignaturas separadas sino estar integradas en el desarrollo musical de todos los estudiantes. Le damos mucha importancia a la práctica del instrumento y, por la cuenta que nos trae, a la práctica del solfeo (por eso de poder leer las partituras que tenemos que ensayar) pero ¿y a la práctica del oído interno? ¿Y a saber qué demonios suena cuando hacemos así o asá con los dedos? ¿Y a distinguir por qué esta obra suena como suena, por qué el uso de una escala u otra, por qué esta cadencia es clásica y esta barroca, por qué estos acordes y no los de al lado? Y no, no me refiero a saberlo teóricamente, sino a escucharlo. A realmente ESCUCHAR la música que hacemos, que para eso está. La música no son esas manchitas negras que vemos en las partituras. Eso es una transcripción (muy inteligente, por cierto) del sonido. La música es para los oídos, y los músicos de conservatorio estamos, la mayoría, sordos.

Eso podría decir que he echado de menos. Y yo, por suerte, me he dado cuenta y me he interesado por ello de diversas formas y en diversos aspectos (con mi instrumento, desde la composición, escuchando obras y obras… en ello ando), pero hay muchos estudiantes que no han tenido oportunidad de descubrirlo por ellos mismos, o no se han dado cuenta, y si nadie se lo dice jamás podrán verlo. Y qué quieres que te diga, me parece algo muy triste.

Decides continuar tus estudios en el extranjero. ¿Por qué? ¿Qué crees que falta en las enseñanzas musicales españolas para que tengas que irte?

Siempre digo lo mismo. No es que en España haya peores músicos. No es que tengamos peores profesores o peores conservatorios. Todo lo contrario, contamos con mucha gente muy interesada y grandes profesionales, pero falta todo lo demás. Y con esto me refiero a toda la atmósfera que puede rodear el mundo de las artes y la cultura. Que siempre falte dinero para proyectos magníficos. Que haya problemas para organizar un ciclo de conciertos. Que las orquestas se vayan a pique. Que a nadie de “ahí arriba” le interese lo más mínimo promover las artes en la educación (y la educación a secas si me apuras). Que si no hay puestos de trabajo para los ingenieros, mucho menos para un trompetista, un pintor, un bailarín… Y no es que en otros países no haya estos problemas también, pero… (y no me enorgullece decirlo)… en España es exagerado.

¿Qué tal te hemos tratado en el conservatorio?

No me habría quedado once años aquí si me hubiera sentido a disgusto.

En realidad, por lo general, muy bien. Sobre todo estos últimos cuatro años (porque, siendo sincera, de pequeña prefería irme a jugar que tener que estudiar clarinete y solfeo).

Cuando empecé a tomármelo un poco más en serio, se convirtió en lo más importante de mi vida. Literalmente. El sitio donde, no importaba las horas que pasara, me sentía a gusto. Pasarse el día en clase es agotador, pero pasarse el día en el conservatorio, haciendo o estudiando música, con tus compañeros y amigos, pues no es tan malo. He aprendido muchísimo, que para mí es lo más importante, y además de grandes profesionales, y os estoy muy agradecida por haberme convertido en la persona que soy ahora.

La teniente de la Flota Estelar

Disfrutas muchísimo del mundo de la ciencia ficción y la fantasía, que ha sido ya mencionado en alguna de tus obras, y que también lo es en la que te ha hecho merecer el premio. Robots, dragones, dinosaurios, “Dr. Who” y “Star Trek”, son, por lo que yo sé, algunas de tus principales referencias en este sentido. Te alejas con ello mucho del típico artista sólo capaz de beber de las grandes obras del pasado. ¿Nos quieres comentar algo al respecto?

Bueno, la ciencia-ficción me apasiona tanto por la ciencia como por la ficción. Estoy enamorada de las artes y las ciencias a partes iguales y en esta “rama” se mezclan continuamente y se apoyan y magnifican las unas a las otras. Por otro lado, digamos que el mundo del “frikismo” me salvó la vida, como a muchos otros nerds y geeks, supongo, por el simple hecho de existir. No he elegido “pertenecer a un grupo social” ni nada por el estilo. Según vas creciendo vas investigando el mundo que te rodea y defines tus gustos. Muchas cosas suelen estar relacionadas y al llegar a una, te  encuentras como “de rebote” un grupo entero de otras aún sin explorar, lo cual es genial. Y por lo demás… realmente sólo son etiquetas que vienen bien a la hora de hablar de una serie de conceptos que si no, sería muy tediosa de enumerar.

También me intereso, naturalmente, por las “grandes obras del pasado” como dices, pero al final mis “obras” (o lo que quiera que sean) son parte de mí, y además, por qué elegir hacer algo aburrido cuando puedes inspirarte con lo que más te gusta del mundo y pasártelo estupendamente.

¿Piensas que el emplear este tipo de referencias te acerca más a un público para el que quizá las grandes obras del pasado son casi fósiles? ¿Hay, por el contrario algún tipo de continuidad entre las aventuras de Ulises, las de el Doctor Fausto y las del capitán Kirk? ¿O algo totalmente distinto?

Supongo que ciertas cosas pueden interesar más a un tipo de público que a otro, pero yo no me guío por eso. No hago las cosas “para un público” más que nada porque no conozco a ese hipotético “público”. (Lo que me preocupa de este público es que considere fósiles obras de hace 300 años, pero luego llame a la Consagración de la Primavera de Stravinski (que se estrenó hace ya 101 años, que se dice pronto) una obra contemporánea muy rara y disonante y que no se entiende o cosas por el estilo.)

No creo que las artes tengan fecha de caducidad. Cuando aparece algo nuevo no elimina las versiones anteriores como un programa de ordenador obsoleto. Hay gustos, pero respecto al “qué”, no al “cuándo”. Yo, por ejemplo, escucho con igual atención un preludio de Bach, un concierto de Ravel o el último álbum de Daft Punk.

Y respecto a las aventuras y desventuras… bueno, supongo que sí está relacionado en cierta forma. Siempre nos ha encantado contar historias, siempre se seguirá haciendo, y las artes son un gran medio para ello.

¿Por qué recomendarías —o por qué no lo harías— a los músicos y otros artistas que se interesaran por este tipo de mundos?

Bueno, a mí este mundo me fascina. Promueve la curiosidad, la inteligencia, el aprendizaje, los descubrimientos… Todo lo que favorezca de tal forma el conocimiento y el progreso merece la pena. Aunque entiendo que para mucha gente las “ciencias” eran las asignaturas odiadas, las pesadillas del estudiante… En todo caso, nadie te obliga a saber resolver ecuaciones para ver Star-Trek, y en mi opinión pasarás un buen rato y puede que hasta aprendas algo nuevo de pura casualidad.

Para terminar este apartado, una pregunta cuya respuesta creo que necesitaremos después. ¿Qué es el steam-punk y por qué te interesa?

Podría decirse que es un movimiento cultural que comenzó como una rama de la literatura de ciencia-ficción (y que ahora abarca cine, música, estética…) en el que se planteaba un universo paralelo donde el desarrollo tecnológico llevado a cabo en el siglo XX y XXI no ocurría gracias al microchip sino a las máquinas de vapor que surgieron en el siglo XIX. A mí siempre me ha parecido una estética interesante y las máquinas de vapor tienen mucho encanto tanto visualmente o sonoramente como en su funcionamiento. No soy ninguna experta pero… Me gustan los engranajes.

La artista

Dibujas (alguno de tus dibujos hechos en clase cuelga en mis paredes), actúas, tienes planes para relatos y novelas gráficas… Ah, y tocas el clarinete y compones. Mil veces te habrán dicho ya que te centres en algo. Y, sin embargo, a mi no me parece que andes descentrada. ¿Qué nos puedes comentar al respecto?

Que mi sueño es poder hacer algo donde poder mezclarlo todo. Donde todo lo que hago aporte una parte. No por sentirme realizada sino porque me encantan todas las cosas que hago, por eso las hago y por eso lo paso tan mal cuando tengo que decidirme por una de ellas. Por eso jamás me arrepentiré de haber escogido la música pero una parte de mí siempre estará triste por no haber escogido otra cosa. Y si estuviese estudiando algo diferente, me pasaría igual. Así que así estamos. Lo bueno de hacer muchas cosas es, primero, que puedes saltar de una cosa a otra. Que cuando te saturas puedes descansar centrándote en otro asunto, algo que considero necesario. Y segundo, que todo lo que aprendes te aporta otras visiones del mundo diferentes y otros conocimientos. Y lo mejor de esto es que los puedes interrelacionar.

Dado lo enormemente visual que eres, ¿te influyen mucho las imágenes a la hora de interpretar y componer?

¡Por supuesto! Sin duda. A la hora de tocar tanto imágenes como escenarios (colores, estados de ánimo, recuerdos, sensaciones, como en el teatro).  Y a la hora de componer aún más. Hablo según mi experiencia, y no sé cómo será en el futuro, pero hasta ahora siempre me ha resultado más fácil (y más divertido) sacar ideas de imágenes e historias. Como son mis composiciones, muchas veces las baso en mis dibujos y mis ideas, y hasta ahora ha dado muy buen resultado.

Y, obviamente, la pregunta inversa: ¿cuánto te influye la música en tus otras manifestaciones artísticas?

Siempre hay música. Siempre estoy escuchando algo, tarareando algo, cantando algo, recordando algo. Siempre he sido así. No creo que me fuera posible hacer nada sin música. Tendría que destrozarme el cerebro para eso, porque funciono así. Mis pensamientos, como los de mucha gente, tienen un ritmo.

Por otro lado, siempre tengo la música presente. En el baile, porque de ella depende la coreografía. En el teatro, porque la interpretación puede cambiar por completo. En el cine, porque es parte de la experiencia que estás viviendo. ¿Y acaso no es genial una vez has visto la película de tu vida poder escuchar la banda sonora y teletransportarte a esas escenas o esos sentimientos que te han fascinado tanto?

La intérprete

Ocasionalmente ha pasado toda una clase sin que te refieras al clarinete: tus compañeros y yo comenzamos a sospechar que estás muy contenta con él. ¿Cómo lo elegiste? ¿Cómo te sientes con respecto a él? ¿Hubieras preferido aprender otro instrumento?

Elegí el clarinete con ocho años. Normalmente, nadie sabe lo que quiere con ocho años. Bueno, tengo amigos que sí, pero yo te aseguro que no. Me parecía un instrumento muy bonito, muy estético, con un sonido muy dulce. En muchos sentidos fue una agradable casualidad. Con el paso de los años me he enamorado perdidamente del clarinete. Me gustan muchos instrumentos pero tu instrumento siempre es tu instrumento. Es como tu idioma materno. Puedes aprender otros y hablarlos todos los días pero la sensación de expresarte en tu propio idioma… te da una libertad y naturalidad especiales.

Por otro lado, si hubiese sabido mis inquietudes futuras habría pensado si estudiar piano. Un instrumento polifónico a la hora de componer es una gran ventaja. Y el piano es siempre una ventaja (hoy en día, que es el instrumento acompañante por excelencia). Pero para eso estoy estudiándolo ahora, vaya. ¡Y no me arrepiento de nada!

También ocasionalmente ha pasado toda una clase sin que nos hables de Mozart. ¿Por qué esa afinidad especial con él? ¿A qué otros compositores te sientes cercana?

Pues… si te soy sincera, no lo sé. Y antes no me gustaba tanto. Siempre había oído sus obras, (porque, ¿quién en un conservatorio o escuela de música no ha oído a Mozart?) pero hasta que no me puse a ESCUCHARLO con atención no me di cuenta de lo maravilloso que es. De que esa alegría y ritmo no es, en realidad, para nada “infantil” y que su aparente sencillez no significa que sea “simple”. Que es maravilloso, vaya. Y si ya escucho el cuarteto disonancia me muero.

Hay muchos otros compositores que me encantan, de muchas épocas diferentes. Disfruto especialmente las obras de la primera mitad del siglo XX (hay tantos estilos y tan diferentes y todos mezclados e influídos unos por otros…)

Mucha culpa puede tener la película de “Fantasía 2000” que debí de ver unas mil veces de pequeña y en la que se podían escuchar obras como “Rhapsody in Blue” de Gershwin (que escucho siempre que quiero pasar un buen rato). También he de decir que le tengo especial cariño a Stravinski. Tanto por la película antes nombrada como gracias a un CD de cuentos con “El Pájaro de Fuego” (y otras obras suyas que sonaban en el estéreo de mi casa). Ha hecho, por decirlo así, que nunca haya tenido problemas con el ritmo, con la acentuación, con el compás o la falta de él. No es difícil de entender, pero si toda tu vida has estado midiendo corcheas a tempo… igual te cuesta más. ¡Gracias, Stravinski!

Tres obras que quieres preparar, pase lo que pase, en algún momento de tu vida. Y por qué.

Pues tres obras, las tres de cámara, que me encantaría interpretar algún día… (sólo digo tres, habría muchas más):

El Quinteto para Clarinete de Mozart, obra maravillosa la cual tuve la increíble suerte de ver en 5º de Profesional (¡gracias, Carmen!) pero que aún no he podido tocar con un cuarteto de cuerda. Y es algo que quiero experimentar.

Historia de un Soldado, de Stravinski. Divertidísima, muy entretenida, muy bien compuesta, para un conjunto muy interesante de instrumentos y con papelón del clarinete, ¿qué más quieres? Ah, sí, el ritmazo de Stravinski.

Y por último… El Cuarteto para el Fin de(los) Tiempo(s) de Messiaen. Una obra, escrita en las condiciones en las que fue escrita, hablando sobre un ángel que baja a la tierra al Apocalipsis y anuncia que no habrá más tiempo. Simplemente… muchas emociones juntas. Y tengo la suerte de tocar uno de los cuatro instrumentos que la componen. Toma ya.

No son obras fáciles, no son cualquier obrita del montón… pero tampoco pido un concierto y una gira mundial. Sólo quiero tener la experiencia compartida con músicos con los que además tenga una amistad compartida de crear música juntos. Y si son estas pedazo de obras, mejor que mejor.

Tu futuro profesional, como el de todos, es impredecible. Pero, ¿cómo lo has imaginado? ¿Miembro de una orquesta o agrupación?, ¿solista?, ¿profesora?, ¿compositora?

Respecto a esta pregunta me sigo sintiendo como si tuviese ocho años. Es decir, ni idea. Siempre había pensado que tal vez enseñar no era lo mío, porque hay veces en las que no sé cómo transmitir conocimientos a una persona que no razona como yo (es decir, cualquier ser humano del planeta). Pero ahora no lo tengo tan claro. En una orquesta sería muy interesante porque ves e interpretas obras y obras de diferentes compositores y no sólo para tu instrumento, sino para toda una orquesta… En un grupo de cámara… bueno, eso es lo más maravilloso de todo. Y compositora… ¿eso es un trabajo? Es broma, es broma. He de decir que, aparte del vértigo que me causa el pensar en “mi futuro trabajo”, cuando pienso sobre ello me encantaría poder… inventarme uno. O poder hacer algo que ayude a la gente de a pie, a todo el mundo, a acercarse a la música “clásica” (es decir, no los 40 principales, rock, pop, para que me entiendas), de la que por desgracia nos hemos alejado no sé muy bien cómo. Y quiero poder crear algo que llegue a mucha gente. Que sea sonoro, pero también visual. Que sea entretenido, y a la vez intelectual. Comunicar con la música, que para eso está. Ya veré cómo lo hago.

La compositora

Cuando comenzaste armonía, después de clase te quedabas al piano a tocar temas de pop. Disfrutas de Mozart. Lo último que he visto en tu lista de reproducción de Spotify es de Vangelis. ¿Te parecen influencias demasiado dispersas, o, por el contrario, lo ves inevitable?

Bueno, mis gustos son muy variados, y también me obsesiono mucho por las cosas. Voy por rachas, y cuando me intereso por algo, es inevitable que lo de alrededor caiga. Aún así, investigando investigando, en mi biblioteca puedes encontrar Mozart, David Bowie, Poulenc, The Beatles, Alphaville, Ravel, Mika, Pink Floyd, The Police…

Ahora me encuentro en un momento en el que mis obsesiones se centran en otras cosas (en concreto, ver vídeos de la Sociedad Planetaria y escuchar a Bill Nye en los Podcasts sobre ciencia y astronomía, por ejemplo) y no estoy centrada en ningún músico/artista en concreto, así que acabo escuchando lo que yo llamo “listas comodín”, recopilaciones de música que me gusta de forma más… moderada.

Ah, y lo de Vangelis… era la banda sonora de Blade Runner.

¿Siempre tuviste interés por la composición, o te fue surgiendo al aprender armonía?

Empecé armonía con muchas ganas. Estaba muy interesada en componer… aunque con más inclinación hacia el lado Pop-Rock de la balanza. Unos cuantos amigos (buenos amigos, lo prometo) que iban un curso por delante intentaron desanimarme antes de comenzar armonía diciendo: “No creas que va a ser tan guay. Crees que vas a llegar y vas a hacer canciones pero te pondrán mucha teoría y a hacer corales y corales”. (Verídico, lo juro).

Pero cuanto más aprendía, más quería saber, y una vez acabada Armonía y adquirida toda la teoría necesaria entré en Fundamentos, donde, siguiendo más o menos el programa, profundizamos sobre aquello que nos interesaba a los alumnos presentes en el aula en ese momento (lo cual fue genial). No, creo que no nací compositora, pero nací creativa, que es algo.

¿Qué proyectos compositivos tienes ahora mismo?

Pues antes del día 10 de julio espero que estén listas una serie de pequeñas piezas para clarinete solo (de un par de minutos de duración) que espero poder tocar en un recital de poesía (como obertura, intermedios y cierre).

Aparte, les debo a unos cuantos amigos obras que les prometí en un momento u otro (y que me apetece hacer). Así tengo inspiración y además la satisfacción de tocar con gente con la que estoy muy a gusto.

A más largo plazo, tengo un proyecto un poco más complicado, que requiere narrativa, dibujo y música. Pero aún me queda mucho y necesito tiempo, así que eso estará de momento en la lista de espera.

No te voy a preguntar si ves un futuro como compositora: te voy a preguntar si ves un futuro sin componer.

Gracias por el matiz. No sabría qué contestarte a la primera pregunta, pero a la segunda lo tengo muy claro: No, no veo un futuro sin componer. Eso lo haré siempre. No sé cómo, dónde, para qué o para quién, pero…  Lo haré.

La obra

“Steam-powered heart” es el título de la obra con que ganaste el concurso. Detrás de ese título hay una historia, o al menos unas imágenes. ¿Nos las cuentas?

Mientras buscaba ideas para hacer la composición resulta que había estado haciendo una serie de dibujos de temática steam-punk en los que aparecían diferentes máquinas, engranajes, pistones y demás, así que se me ocurrió buscar vídeos con sonidos de máquinas a vapor para sacar ritmos interesantes. A partir de ahí hice unas ilustraciones (en realidad unos bocetos, porque no llegué a terminarlas) de una fábrica antigua enorme donde todo estaba automatizado y donde podían verse robots trabajando. Todos iguales. Todos coordinados. Una estética inspirada en la película de 1927 de Fritz Lang, “Metrópolis”. Los dibujos están hechos en tonos dorados y tierra, muy cálidos, pero a la vez muy… poco acogedores. Muy inhumanos. Al fin y al cabo, hasta los “trabajadores” son parte de la fábrica.

¿Hay alguna relación con la web del mismo título?

No, no la hay. Conozco la web. SteamPowered es una plataforma de videojuegos que además uso (juegos de Valve como “Portal” me gustan mucho) pero es pura coincidencia.

La sensación de que una orquesta interprete tu obra es muy distinta a la de que toque tu música cualquier otra agrupación. ¿Cómo fue para ti?

He de decir que al comienzo estaba aterrada. Tan sólo había podido ver un ensayo y me hubiera gustado haber podido trabajar ciertas cosas con los músicos para las que no hubo tiempo. Pero aparte del pánico inicial, la sensación es muy interesante. Hay muchas cosas a las que quieres prestar atención. Tienes curiosidad por escuchar esos efectos que tú has pensado previamente, que has probado en tu cabeza, y ver qué interpretación se hace de ellos. Hay sonidos y colores que no puedes lograr con una agrupación más pequeña. Pero también he de decir que, en esta primera experiencia, y debido a la falta de tiempo y de ensayos, estaba más pendiente de que sonase medianamente bien todo lo que tenía que sonar, de que los ritmos estuvieran en su sitio, de que se ENTENDIESE la obra… en lugar de disfrutar verdaderamente de la escucha.

Me gustaría destacar que tú, y todos tus compañeros tuvísteis muchísimo valor atreviéndoos a presentaros a un concurso de obras de orquesta sin que aún os hubiera explicado nada acerca de ella. Y con poquísimo tiempo. ¿Cómo lo sobrellevaste?

Yo estoy convencida de que, por mucho que me estrese, trabajo mejor bajo presión. El saber que (sólo) tenía un mes para componer la obra me hizo trabajar más eficazmente, con menos distracciones. Me lo tomé como un experimento, y aparte de las indicaciones básicas que teníamos que saber (como dónde se escribe qué instrumento, o cómo se indica tal o cual para el director) lo demás fue básicamente eso, experimentar. Posiblemente, según vaya componiendo nuevas obras, iré estudiando más sobre orquestación (es inevitable, habrá cosas que necesite saber) pero yo creo que será así y no al revés. Que buscaré información cuando me haga falta. Me refiero a lo que es pura teoría, porque lo que sí que haré de ahora en adelante es leer muchas, muuuuchas partituras de grandes maestros, que es de donde más se aprende y de donde más ideas se sacan.

Y me gustaría además destacar que tus compañeros se han comportado en general magníficamente, por lo que yo sé: nada de celos por tu victoria y alegría por tu éxito. ¿Unas palabras para ellos?

Que son los mejores compañeros y amigos con los que se puede tener la suerte de estar, y de compartir momentos como estos. Que son todos unos grandes profesionales con mucho talento, y debería haber en el mundo de la música y las artes más gente como ellos, que se alegren por el éxito propio y ajeno, que critiquen con ánimo de mejorar y nunca de hundir a alguien, que apoyen los proyectos que empezamos, que se emocionen con lo que hacen, y que sean, en definitiva, unas grandísimas personas a la altura del arte que defienden.

En otra entrevista que te han hecho comentan que los compositores no sabemos si las obras que escribimos van a sonar bien o mal. Sin emplear palabras malsonantes, ¿qué opinas de estas ideas peregrinas?

Pues… yo no sé si es que la gente piensa que los compositores cogemos papel y lápiz y ponemos notas según nos da ese día y luego esperamos a ver qué pasa. Ya lo comenté en Facebook: se llama “composición”, no “la ruleta rusa”. Yo sé perfectamente si lo que he escrito tiene sentido o no. (O al menos quiero pensar que lo sé). Pero en la música, la composición sólo es la mitad de una obra. Luego llega el intérprete quien, como bien indica su nombre, interpreta la obra como mejor le parece. Por eso tenemos los compositores “curiosidad por saber cómo sonará”. No porque no sepamos lo que hemos escrito, sino porque desconocemos cómo será interpretado, y eso puede cambiar una obra por completo.

¿Qué más te gustaría contarnos sobre tu obra?

Que hay cosas que cambiaría inmediatamente después de haberla probado con “músicos de verdad” y que, aunque me lo pasé muy bien componiéndola, no me parece que estuviese a mayor nivel que las obras de mis compañeros de fundamentos de composición. (Es que somos todos muy buenos, y claro.)

¡Y que estoy impaciente por tener una idea para escribir la siguiente!

El Bach de los blogueros

BachComputerEn el blog del interesante proyecto eMusicArte figura una entrevista en la que se me califica como “el Bach de los bloggers”. Es evidente que en toda publicación periodística o similar hay una cierta tendencia a la hipérbole. Pero quiero escribir un breve post para expresar mi agradecimiento. Justo en estos días acabo de tener que pagar el alojamiento de mi sitio web, y la combinación de cuesta de enero con la crisis no ha sido de ninguna ayuda. Estaba pensando precisamente en trasladar todo a algún sitio gratuito. Las funciones y posibilidades serían muy inferiores, claro.

Pero ver que alguien aprecia mi labor de, entre otras cosas, maestro de primeras letras y acordes, me ha animado. Mucho me han estimulado también algunos cálidos comentarios. Mientras la crisis no arrecie aún más, Potsdam 1747 en toda su funcionalidad está a vuestra disposición. Gracias a todos los que la visitáis, dobles gracias a los que sacáis provecho de ella y triples y cuádruples gracias a los que hacéis comentarios y la convertís en algo vivo.

El coral bachiano retomado (y 3). Sugerencia a un millonario amante de Bach. El Thronechoral. Ideas y propuestas.

Millonario

Millonario que pudieras estar leyéndome, de verdad que seríamos muchos los que te estuviéramos agradecidos.

En el primer artículo de esta serie quise generar en los lectores sensaciones sobre el coral similares a las que pudieran tener los coetáneos de Bach.

El segundo estaba más dedicado a estudiantes, con algunos consejos sobre cómo realizar corales.

¿Y éste?

Mucho queda por decir sobre el coral. El apartado, que en clase tanto me gusta de ”los trucos de Bach” ni siquiera lo he tocado. El espléndido y asombroso tema de los preludios de coral, corales instrumentales y de la relación con las cantatas, no ha sido nombrado hasta este momento. Posibilidades de coral que no sean bachianas, desde aludir a los bellos corales brahmsianos hasta el uso modal de los corales, quedan sin explorar.

En lugar de aludir a estos temas tan interesantes (que bien pueden ser materia de futuros artículos), voy a utilizar este final de serie como un cajón de sastre en que aludir a algunas decisiones que he tomado en los dos artículos anteriores, comentar algunas propuestas de uso del coral en clase y para expresar un deseo acerca de una edición en castellano de los corales de Bach. Comencemos por aquí.

¿Hay millonarios bachianos?

El primer artículo comenzaba con una imagen de la que para mí es, con diferencia, la mejor edición de estudio para los corales de Bach. Estas son sus características:

  1. Los corales están ordenados por melodía. De esta forma, las distintas realizaciones de un mismo coral, aunque llevan letras distintas, están siempre juntas.
  2. Los corales llevan el título por el que son más conocidos, no la letra de su primer verso. De esta forma es sencillo buscar el coral que uno desea y comparar sus diferentes versiones. Dentro de esta idea, se alfabetizan los corales bajo ese criterio.
  3. Los corales llevan texto, lo que es ni más ni menos que indispensable si se quiere entender alguna de las prácticas bachianas.
  4. Esto sería más dispensable, pero los corales vienen en dos claves.
  5. Aparece toda la información del coral, desde autor original hasta la cantata en la que figura.

Todo con todo, le encuentro una carencia para el estudio del coral en castellano: la traducción de los textos del coral.

No sería una enorme dificultad realizar una traducción verso a verso de su texto (no es precisa calidad literaria: por el contrario en este caso la literalidad sería bienvenida, ya que la pintura de palabras suele ocupar pocas negras). Un posible modelo de cómo presentarlo lo veréis más abajo.

¿No habrá por allí una editorial que se quiera embarcar en un a edición así? Mejor aún, dado que es un asunto un tanto especializado, y que se venderían pocos ejemplares (aunque se venderían todos los años), ¿no habrá un mecenas generoso que reclute a un equipo interesado en realizar un proyecto así, y distribuirlo libremente en Internet? Seguro que desgrava. Y, en todo caso, es una irrisoria cantidad de dinero la que supondría comparada con el bien a medio y largo plazo que haría. Bueno, yo, por si me lee algún potentado, lo he dejado caer.

El Thronechoral

La elección de la sintonía de “Juego de Tronos” como base sobre la que intentar crear en los interesados un sentido del coral análogo al de los contemporáneos de Bach, merece algunos comentarios.

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Una de las actrices de la serie aludida.

  1. Como ya dije en su momento, es un truco con fecha de caducidad. Aunque la poca prisa de George R. R. Martin por acabar de escribir las novelas que quedan garantiza que la serie dure algunos años más, quién quiera utilizar pedagógicamente este material deberá, llegado el momento, realizar algo parecido sobre otro tema entonces muy conocido. Aquí van algunas de mis reflexiones cuando buscaba tema, por si ahorro tiempo a tal persona.
  2. El tema es modal, lo que obliga a “tonalizarlo”, encontrándonos así en una situación muy paralela a la de Bach cuando realiza corales. Me han sugerido que pudiera escribir realizaciones que respetaran la modalidad y el ritmo originales pero, aunque sería un juego divertido, no le veo utilidad pedagógica.
  3. El tema está en forma bar, por lo que no supone ninguna violencia aplicársela.
  4. Es suficientemente característico como para soportar bien la distorsión rítmica que le ocurre al simplificarlo para el uso de texto.
  5. He recortado un tanto la melodía. Los ejemplos deberían ser significativos, no largos.

Sobre las diferentes realizaciones del Thronechoral

El trono de espadas de la serie aludida, imaginado por un artista-

El trono de espadas de la serie aludida, imaginado por un artista.

  1. La realización “arcaizante”, la que procura expresar cómo pudiera haber sido el tratamiento del coral en tiempos de Lutero, está llena de fantasías. Hasta un punto muy cierto, todo lo que sabemos de las prácticas compositivas de la época depende fuertemente de especulaciones. Las fuentes escritas que nos quedan ni son tantas ni tan uniformes como para garantizar una praxis común europea. Que casi seguro no hubo, por la dificultad de comunicaciones. Añadamos la casi total certeza del uso de comportamientos improvisatorios no escritos y mi especulación no resulta peor que otras. Algunas otras fantasías se expresan en el mismo artículo, en la imagen de la partitura.
  2. La realización “corrientita” del coral comete deliberadamente una violación de las prácticas a las que aludo en el segundo artículo: la primera cadencia no está en la tonalidad de tónica. Hubiera podido forzar que fuera así, pero a costa de ejercer una cierta violencia sobre una melodía que he querido ante todo reconocible.
  3. Las exageradas rarezas armónicas (para el barroco) de la realización con “pintura de palabras” tienen correlato, creo que sin excepción, en corales vocales de Bach.
  4. Los “monstruos” empleados en los dos corales recién aludidos pudieran ser mejores. Se aceptan voluntarios.
  5. He visto realizaciones incluso más aburridas que la que atribuyo al reverendo Jones en el segundo artículo.

Ideas para profesores

No me considero capacitado como para pontificar sobre cómo usar el coral en las aulas. En cambio, me encanta charlar con la gente. Voy por tanto a compartir con vosotros algunas de las ideas que aplico en clase con el coral, en la esperanza de que vosotros me contéis las vuestras.

Presentar el coral a los alumnos

Frank Herbert escribió que presentar las técnicas sin añadir los valores que las sustentan no deja de ser una forma de esclavismo. Aunque él situaba esta frase en el contexto de una imaginaria universidad de matemáticas, creo válido el argumento. Muy a menudo la enseñanza de la armonía se detiene en reglas y prohibiciones que no llegan a aportar conciencia de estilo, y que en los peores casos llegan a incapacitar al alumno para escribir sin culpabilidad en otros lenguajes.

De ahí que me parezca importante que conozcan de dónde viene el coral, su historia, y que intenten identificarse con el autor barroco de realizaciones de coral. ¿Qué eso hace que haya que hablar demasiado de cosas que no son notas? Bueno, las notas deben responder a necesidades compositivas, y eso sí que es algo que debe transmitir un profesor: las reglas están en cualquier libro.

Sobre todo y ante todo, me gusta intentar que los alumnos comprendan que hablamos de música útil, que sus armonizaciones, mejores o peores, deberían poder ser usadas sin vergüenza en una hipotética capilla luterana que tuviera libre el puesto de coralista.

Es posible que, en ese sentido os resulten útiles, como para mí lo han sido, estas dos versiones del glorioso In dulce Jubilo. La primera fue éxito del pop hace demasiados años.

La segunda versión, que recomiendo complementar con la de un coro real, es la de la artista virtual (sic) Hatsune Miku, con la armonización coral de Bach cantada por el robotito en cuestión. Merece la pena aguantar la voz de pito del engendro mecánico por ver mezclados manga y Bach, y cómo sonríen los alumnos.

 

El profesor que llevo dentro no va a quedar tranquilo si no digo que el ternario de este coral es ejemplo de cómo este tipo de compases se reservan para ocasiones de festejo.

Cuándo presentar el coral a los alumnos

En mi opinión, lo antes posible, que viene a ser cuando comprenden las dominantes y llegan a entender las tonicalizaciones. Obviamente, mayores conocimientos lograrán mejores realizaciones, pero tiempo puede haber para volver al coral más adelante. La flexibilidad y gusto que van logrando con el uso de este recurso, con piezas muy breves, representan un altísimo grado de rendimiento para el esfuerzo que les cuesta.

Un año intenté, sin notables resultados, incluso realizar corales sin relaciones con otras tonalidades. ¿Alguno de vosotros ha tenido mejor suerte?

En España arrastramos una infinidad de planes de estudio. En alguno de ellos, los corales se veían en contrapunto, tras cuatro años de armonía. Toda vez que, por lo que sabemos, Bach empleaba desde el principio el coral para enseñar a sus discípulos, prefiero hacerle caso a él que a tales planes. No dejemos que una costumbre antigua, y no totalmente explicable prive a los alumnos de una herramienta valiosa.

Fidelidad a Bach

Duele escribir que habría que limitar cuánta fidelidad queremos al estilo bachiano. Una fidelidad muy alta va a llevar a necesitar imponer demasiadas restricciones al alumno, que no va a poder, por tanto, “hacer mano” con la debida rapidez y sacar el máximo partido. Muchos de los alumnos más jóvenes no tienen aún el oído formado como para distinguir los matices que distinguen al barroco de, por ejemplo, el estilo clásico. Soy, eso sí, inflexible con que las cadencias que usen respondan a las que usaba Bach. Las recientes catalogaciones cadenciales en que se entremezclan cadencias medievales con otras de Ravel me parecen singularmente poco estilísticas, y, ciertamente, tienden a enturbiar la percepción de la modulación para el alumno.

Uso de texto

Entiendo que lo que hace Bach con los corales no es totalmente comprensible sin usar texto. Sin embargo, me parece que no hay que imponer a los alumnos un texto con el que trabajar. Algunos de ellos pueden no querer usar textos de carácter religioso, y otros pueden, por ejemplo, ser creyentes en el panteón mitológico nórdico.

En su lugar, lo que suelo hacer en la penúltima clase en la que trabajamos el coral es analizarles algunos en que la incidencia del texto sea notable. Como por ejemplo:

Ach gott web.o

Est ist genug web.Como se ve, los materiales vienen preparados con una armonización “del reverendo Jones” con la que comparar y la traducción del texto al castellano, escrita sobre cada frase, y en la que se han resaltado las palabras “pintadas” por Bach.

Tras esto, como ejercicio final, les propongo que elijan ciertas notas de un coral y piensen que en ellas el texto dice algo que les resulte particularmente expresivo, y elijan acordes en consecuencia. Fuegos, muertes, destrucciones, bombas, lugares de vacaciones, nombres de novias y novios, personajes de dibujos animados y películas, han sido algunas de las elecciones más populares en los últimos años.

Entiendo que realizarlo de la manera que propongo se centra un máximo en la expresión musical del coral sin que el alumno deba asumir un texto que pudiera no interesarle, ni componer el suyo propio.

Puedo, desde luego, asegurar, que muchos de mis mejores alumnos han encontrado el ejercicio divertido y estimulante.

Siempre he querido (pero nunca me da tiempo en clase) comenzar por plantearles algún madrigal de Carlo Gesualdo, para que comparen y vean que la idea de pintura de palabras no es exclusiva de Bach ni el coral. Aunque a ellos no me de tiempo a explicárselo, a vosotros, por el trabajo de leerme, sí os regalo una partitura del príncipe y asesino, inmediatamente después de los vínculos a los dos artículos anteriores. Gracias por leerme, y espero vuestras ideas sobre el coral.

Primer artículo de la serie.

Segundo artículo de la serie.

 

Deh coprite il bel seno

El coral bachiano retomado (2). Consejos para comenzar a escribir corales. El reverendo Jones y los espadachines.

San Bach

¿A quién puede extrañarle que Mauricio Kagel se sintiera oblgado a escribir La Pasión según San Bach?

En mi anterior artículo procuré dar una visión general del coral bachiano, que fuera tan útil para no músicos interesados por el tema como para aquellos que desearan iniciarse en la escritura del coral. En el presente artículo me centraré más bien en estos últimos.

Vaya por delante que me parece imposible, e incluso poco deseable una fidelidad total al estilo bachiano. Habría que ser protestante, y, sobre todo, trabajar siempre con texto para llegar a hacer imitaciones perfectas (técnicamente sí es planteable: los corales están lejos de ser las obras más difíciles de imitar del Kantor) de este procedimiento.

En su lugar, mis consejos se van a orientar a conseguir unos corales formalmente competentes, bellos, sólidos. La consecución de mayores objetivos entiendo que sólo puede quedar en las manos y esfuerzo de aquellos estudiantes que lleguen a sentir por el tema un muy especial gusto, una afinidad especial con las obras de Bach.

Aprovecho este prólogo para comentar que el tercer y último artículo de esta serie va a ir enfocado sobre todo a profesores, y en él voy a tener el atrevimiento de recomendar algunas prácticas. Tengo, sin embargo, que aclarar desde este mismo momento que voy a explicar la realización del coral usando solamente tonicalizaciones, lo que viene llamándose habitualmente dominantes secundarias, o introtonales. Aunque es obvio que el conocimiento de la modulación en su conjunto nos servirá para hacer mejores corales. Plantearlo como lo hago tiene varias utilidades pedagógicas que justificaré en el último post.

Guerra al reverendo Jones

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Una realización coral sorprendentemente pobre.

Internet está lleno de guías sobre cómo escribir corales al estilo bachiano, algunas de ellas perfectamente horrorosas (por ejemplo, los puntos 6 y 8 de ésta que aquí os muestro me dan escalofríos). Está lleno, además de sitios en que se sirven corales ya armonizados, indudablemente con el sano y loable espíritu de ayudar al culto. Pero algunas de estas versiones son, aunque indudablemente sinceras en el aspecto religioso, terribles en el aspecto musical. Aquí os dejo una muestra del maravilloso Es ist Genug encontrada por internet, tratada con tal abandono que pensar en la armonización de Bach comparada con esta es impensable: no son de la misma especie.

Suelo denominar a este tipo de prácticas, corales del reverendo Jones, a ver si mis alumnos se ríen y logran recordar mejor. Vaya por delante mi máximo respeto al apellido Jones, y a los reverendos. Por así decirlo, he inventado al antiBach para que mis alumnos tengan una base comparativa.

Así, por ejemplo, podría haber armonizado el Thronechoral el reverendo Jones. Podéis amenazar a los alumnos desaplicados con hacérselo escuchar completo.

Maestros de la espada: la forma bar

Espadachín

Uno jamás hubiera relacionado el pacífico coral con las artes de la espada.

Quien diga que los alumnos no son sorprendentes, es que habla poco con ellos. En cierta ocasión andaba yo explicando la forma bar, que es la que presentan más habitualmente los corales, y a un alumno se le ocurrió preguntarme que por qué se llamaba así, forma bar.

En aquella ocasión hube de confesar mi ignorancia. Posteriormente averigüé que el Bar es la abreviatura de Barat, que era cierto tipo de proeza con la espada, de la cual sólo eran capaces los mayores maestros de este arte, y que, por extensión, se denomina forma bar a la del coral porque los Meistersinger entendían que hay que ser un gran artesano para realizarla con perfección. Pero nadie se asuste: por un lado, no es para tanto, y, por otro, nuestras posibilidades de supervivencia son muy superiores a las que tendríamos en un duelo a espada.

Como digo, el coral bachiano presenta habitualmente forma bar, es decir, una primera sección que se repite, dividida típicamente en dos frases, denominada en alemán Stollen, seguida de una segunda sección, en general más larga, que no se repite, y que presenta típicamente de tres a cinco frases (en alemán, es el Abgesang). Una estructura, por lo tanto, AAB.

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Esquema de la forma bar

Qué queremos hacer: una analogía visual

Insistí en el artículo anterior en que la necesidad de servir al texto causa un proceso histórico según el cual las melodías de coral se van convirtirendo en más y más carentes de interés musical. Es responsabilidad nuestra convertir estas melodías pobres en realizaciones musicales ricas y atractivas.

Recientemente ha circulado por internet el caso de un niño que hizo unos garabatos en la pared, que su madre, pintora, convirtió en un hermoso dibujo. Muy similar es nuestra tarea al realizar un coral.

Analogía visual

Una melodía (visual) pobre transformada en una maravillosa realización del coral.

Cúales son nuestros recursos

La falta de interés de la melodía del coral debe ser compensada, incluso transformada en una ventaja, por los recursos que aportemos. Llevo infinidad de años realizando corales y aún me maravilla cuando el coral toma forma: melodías inanes que se transforman en ejemplos de nobleza y hasta espiritualidad.

Estos son los recursos básicos que usaremos.

  1. Adición de interés melódico. Vamos a procurar una conducción de voces perfecta, con cada una de las voces ateniéndose al principio de que, o nuestra melodía hace algo interesante o debe moverse lo menos posible. Procuraremos buscar en todos los casos que una voz, preferiblemente el bajo, aporte mayor movimiento, usando típicamente corcheas (el uso de tresillos debe evitarse: el ternario se reserva típicamente para ocasiones de festejo y alegría). El usos de semicorcheas en los corales de Bach no es frecuente, y suele producirse en figuraciones de corchea seguida de dos semicorcheas, en general cerca de las cadencias y con claro sentido ornamental.
    El uso de corcheas debe siempre responder a una necesidad melódica. Por lo mismo evitaremos el uso de notas repetidas (salvo el caso de preparación de disonancia/disonancia) y notas de paso cromáticas (el cromatismo en el coral es excelente, pero sólo con justificación armónica).Tampoco forzaremos corcheas en el bajo que estropeen una línea melódica. En tal caso puede buscarse la presencia de corcheas en otra voz.
    Estamos frente a una forma vocal: puesto que hay texto, la práctica que en otros casos sería recomendable de ligar notas repetidas, o usar blancas, redondas, etc… es imposible. Necesitamos al menos una nota para cada sílaba.
    Y estamos frente a una forma enormemente cadencial: el último acorde de cada frase debe ser una parada. En tales acordes es totalmente absurdo el uso de corcheas.
    El cruce de voces o la separación de voces mayor que la octava pueden aceptarse durante periodos breves (unas dos o tres negras) si es por producir interés melódico. Hay que evitar sin embargo que se produzcan en el último acorde de la cadencia, que queremos sólido y estable.El cruce entre bajo y tenor es poco recomendable: en las ocasiones que ocurre en Bach suele deberse a que el bajo vaya doblado instrumentalmente a la octava baja.
  2. Adición de interés cadencial. Vamos, por el momento, a buscar cadencias de enorme fuerza. Recursos como que los dos últimos acordes de la cadencia estén en estado fundamental (excepto la semicadencia, allí basta con que sea el último) son totalmente recomendables. Basta, en el caso del penúltimo acorde, con que si hay corcheas en el bajo cualquiera de ellas toque el estado fundamental.
    Nuestro objetivo es la fuerza cadencial: un bajo intenso que la propicie puede ser sustitutivo de que el penúltimo acorde esté en estado fundamental.
    En aras de esta potencia en los finales, el Kantor permite a veces que la sensible no resuelva, si ello ha de servir para que los acordes estén completos. En tal caso la sensible suele, casi sin excepción, descender una tercera, buscando la quinta del acorde de tónica. Hay que insistir en que esta práctica se realice exclusivamente en las cadencias.
    El uso de cadencia débiles en Bach es excepcional. Las cadencias plagales por tanto son muy escasas, y, en todos los casos, enriquecidas por notas de paso, floreos, etc… que se las arreglan para tocar y resolver una sensible. Acabar en inversión es también muy raro, y normalmente debido a la expresión de lo que dice el texto del coral en ese momento.
    Como consecuencia de todo esto, el perfil del bajo de cada frase suele comenzar marchando sobre todo en segundas, y acabar en saltos en la cadencia (causados por los estados fundamentales).
  3. Adición de interés armónico y tonal. Vamos a buscar el máximo interés tonal. Para comenzar, si es que estamos usando una forma bar, procuraremos que las dos primeras cadencias y  la última estén en la tonalidad de tónica. El resto de cadencias (a partir de ahora me referiré a ellas como cadencias intermedias) buscaremos que sean de tonalidades relativas distintas entre sí. Esta riqueza tonal puede y debe extenderse a puntos del coral distintos de la cadencia.
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    En este sentido, el coral se convierte en un pequeño análogo de la forma musical típica en occidente: comenzamos marcando la tonalidad, producimos un desarrollo tonal y volvemos a la tonalidad principal. Es interesante remarcar esto: una vez entendido el coral, basta con expandir sus dimensiones y cambiar su textura para lograr formas musicales de cierta extensión.
    El coral Bachiano real no es estricto en exigir que las tonalidades sean distintas entre sí, en gran medida por servir con más rigor al texto. Sin embargo, como práctica pedagógica, sugiero, en aras de una mayor agilidad mental del alumno, que al principio se tome como una meta inapelable.
    El interés armónico es también importante: el uso de todo tipo de acordes, sin limitarse a los básicos es indispensable. Para los interesados en la máxima pureza del estilo bachiano, es totalmente excepcional que Bach haga una semicadencia con séptima de dominante, aunque es posible que, según el nivel del alumno, esta restricción sea innecesaria.
    Como parte de esta búsqueda del interés armónico y tonal, todo tipo de las llamadas notas extrañas a la armonía son útiles. Cabe eso sí, recordar que la apoyatura se ha considerado tradicionalmente el ornamento expresivo por excelencia: suele reservarse para momentos del coral en que se busque esta expresión.
    La llamada, tonicalización melódica (uso de notas de la tonalidad que queremos sugerir, sin llegar a formar un acorde de dominante) es de enorme utilidad.

Sugerencia de pasos que seguir para realizar un coral

Suelo ser un tanto alérgico a proponer métodos de actuación para la composición: en primer lugar cada persona tiene sus especiales afinidades, y lo que para uno es una solución maravillosa, para otro es una terrible imposición. Además según se vaya adquiriendo agilidad en la escritura de corales se irá descubriendo que varios de estos pasos se realizan a la vez, o que una idea en un determinado punto del coral se realiza mejor alterando el orden de actuación que planteo.

Por lo mismo, el seguimiento de estos pasos debe ser solamente una guía para usar al principio.

  1. Análisis de cadencias:
    1. Determinación de la tonalidad. Atención aquí, la sencillez de las melodías de coral hace fácil que muchas de ellas admitan armonizarse en mayor y menor. Escojamos el modo que mejor se adapte a nuestra intención musical.
    2. Búsqueda de las tonalidades relativas.
    3. Para cada cadencia del coral, determinar qué cadencias de cada una de las tonalidades relativas son posibles. Según se vio arriba esto no es indispensable para las dos primeras cadencias y la última de una forma bar, que van a estar en tónica. Sin embargo, como ejercicio para adquirir agilidad, recomiendo que también se haga con ellas. Si queremos ser fieles al estilo bachiano, la mayoría de las cadencias van a ser, por este orden:
      1. Perfectas y semicadencias. ¡No olvidéis la sensible!
      2. Rotas y plagales (muy escasas). En el caso de la plagal, siempre enriquecida melódicamente para tocar y resolver la sensible.
      3. Cadencias de engaño: si aún las conocéis, tranquilos: suelen responder a necesidades del texto.
    4. Selección de cadencias. Como antes dije, es muy recomendable, y como profesor considero indispensable que el alumno lo practique así, que las cadencias intermedias pertenezcan a tonalidades relativas que no se repitan. Lo que provoca que haya que elegir todas las cadencias previamente a su realización, o llegarían casos en que no nos quedara más remedio que repetir tonalidades.
  2. Realización del coral. Para cada frase daremos los siguientes pasos:
    1. Búsqueda del bajo de la cadencia. El poder cadencial del coral depende en inmensa medida de la línea de bajo. Para lograr una melodía creíble, es bueno saber dónde vamos a acabar. Atención aquí: fijar una octava para este bajo, salvo que sea inevitable, nos va a obligar a conducir el resto del bajo de una manera que puede no ser la que queremos o la que más nos guste. Démonos opción a cambiar esa octava si lo estimamos necesario.
    2. Búsqueda del resto del bajo. Para este punto y el anterior, recordemos que el uso de corcheas en el bajo es magnífico, pero no lo convirtamos en una necesidad inapelable. Y recordemos que NO queremos movimiento en el último acorde de cada cadencia. Merece la pena recomendar que si la melodía del coral repite nota, nosotros deberíamos buscar que no se repita nota del bajo, que no se repita acorde, o ambas cosas a la vez, si es que queremos la máxima riqueza de realización y huir del reverendo Jones.
    3. Realización del resto de las voces. Recomiendo aquí la máxima sencillez a menos que queramos que una voz intermedia cante. Es buena práctica intentar que si en el bajo (menos en el último acorde) ha quedado alguna negra, observemos la posibilidad de introducir corcheas en contralto o tenor.

Las frases intermedias

La extrema brevedad de las frases del coral hace imposible una modulación fuertemente polarizada como la que es común en el resto de prácticas tonales. Pedagógicamente esto es una ventaja: es posible ir introduciendo al alumno en un mundo casi modulante sin que necesite usar grandes recursos o conocimientos.

Todas las frases, excepto las dos primeras, si seguimos las recomendaciones arriba expresadas, vienen de una tonalidad y van a desembocar en otra distinta. Necesitamos en el transcurso de cada frase dirigirnos a la tonalidad en que queremos desembocar. Hay para ello dos recursos fundamentales:

  1. Buscar las notas diferenciales entre ambas tonalidades y comenzar a usar las de la segunda, con especial atención a la sensible. Este uso puede ser armónico, pero también melódico.
  2. Si el coral no lo permite, o si simplemente sentimos la necesidad, ir produciendo durante la frase diferentes tonicalizaciones (deseablemente sin repetir directamente una tonalidad), de forma que difuminemos la sensación de la primera tonalidad y hagamos creíble la llegada cadencial.

Estos dos recursos pueden usarse de forma independiente o a la vez.

El siguiente artículo se orientará a consejos pedagógicos para profesores, pero animo a los alumnos a leerlo. Saber los por qués es más importante que saber los cómos.

Ir al primer artículo de la serie.

Ir al tercer artículo de la serie,

El coral bachiano retomado (1). Sentir el coral. Un poco de historia.

Corales

Una de las muchas ediciones —quizá la mejor para su estudio— de los corales bachianos.

En mi opinión uno de los trabajos más útiles y reconfortantes que se puede hacer en la enseñanza de la armonía y contrapunto tonales es la realización de corales bachianos. La técnica que se adquiere con ellos logra conferirnos una flexibilidad prodigiosa, un gusto enorme por bajos bien llevados y un poderosísimo sentido cadencial, que puede muy bien ser el prólogo a conceptos aplicables a otros tipos de obra de muy diversos sentidos y épocas.

 

Tampoco olvidemos las palabras de Schönberg en el sentido de que la extremada brevedad de las realizaciones vocales del coral es de inmensa utilidad para aprehender en su totalidad una forma musical. Y una vez aprehendida una, luego es fácil expandir el concepto hacia obras más largas y ambiciosas.

 

Pero no pensemos tan sólo en el joven estudiante: el público general, tiene también derecho a saber más del maravilloso coral, a entender por entero una cantata, a disfrutar del fértil ingenio del Kantor. A entender la magia que nos lleva de melodías casi inanes a algunos de los máximos monumentos en la historia de la música.

 

Encontramos, no obstante, un problema inesperado. En nuestra cultura no protestante, el coral no se acaba de entender, y mucho menos de sentir. Por no hablar de que la realización barroca del coral nos impone no sólo una enorme distancia cultural, sino también temporal. Es por ello que voy a intentar generar el mismo sentimiento que pudo tener para los contemporáneos de Bach el uso de este engañosamente fácil recurso mediante el empleo de una melodía moderna. Pero para comprender todo, debemos saber un mínimo de la historia del coral.

Breve resumen de los orígenes del coral luterano.

 

Comencemos por situar la historia y utilidad del coral.

 

NOTA OBVIA: en lo que sigue debo referirme, necesariamente, a ideas y prácticas religiosas diversas. No hay en ningún caso intención de proselitismo, menos aún de falta de respeto.

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Martín Lutero

El flautista y refomador de religiones Lutero, ve con malos ojos la imposible participación de la feligresía en el culto católico. Una misa dicha en latín y con el cura dando la espalda a la concurrencia por no dársela al crucifijo deja margen escaso a la implicación de los fieles.

En su Reforma, Lutero toma algunas decisiones que han resultado ser trascendentales para la historia de la música. Una de ellas es la de que la misa —que, a partir de este momento, denominaremos el culto— se celebre en lengua vernácula —es decir, la que se hable en el lugar en que ocurra—. Pero de mucha mayor trascendencia es la idea de que el pueblo intervenga en forma activa en el acto. Esta intervención se da en forma de canto: en los momentos adecuados, el público prorrumpe en canciones de texto adecuado al momento y solemnidad. Tiempo habrá de hablar de esta adecuación.

Limitémonos, por el momento, a ponernos en el lugar de Lutero: “para que la feligresía cante, son necesarias canciones” —diría para sí mismo— “como enseñar solfeo a todo el mundo y darle partituras en la entrada del templo es inviable, aunque no sea más que porque el solfeo moderno aún no ha sido inventado, deberemos buscar otra solución.”

En efecto, para una decisión así, el uso de música nueva, específicamente compuesta para la ocasión, resulta de una gran dificultad. El pueblo debe aprender la canción, y eso requiere tiempo y dedicación, que habría que restar del culto.

La solución evidente es la de recurrir a melodías ya conocidas, cuyo texto se cambia por uno pertinente a la temática religiosa que se desea tratar. No deja de ser una conducta paralela a la idea española de reformar poemas “a lo divino”. Ni deja de ser cierto que ante el mismo problema musical, el concilio vaticano segundo adoptó idéntica solución.

Las melodías de coral, por lo tanto, quedan agrupadas en tres procedencias diferentes (podéis hacer click en los títulos resaltados en color para escuchar las melodías correspondientes.:

“No es necesario que el diablo se quede con todas las buenas melodías”

  1. Las procedentes del gregoriano, aprendidas por el pueblo en los cultos previos a la reforma. Un ejemplo sobresaliente sería Aus tiefer not.
  2. Las tomadas de la música popular, o con autor conocido pero bien asimiladas por el público, pues como decía Lutero, “No es necesario que el diablo se quede con todas las buenas melodías”. Quizá el caso más paradigmático sea el del coral de la Pasión según San Mateo, O Haupt voll Blut und Wunden cuya versión original, un par de siglos anterior, de Hans Leo Hassler, dice Mein G’mueth ist mir verwirret “Mi ánimo está turbado por una tierna doncella”, mientras que en la Pasión es “Oh cabeza llena de sangre y heridas”.
  3. Las escasísimas melodías compuestas en forma específica para ser corales. De ellas, quizá la más relevante, por haber sido compuesta por el mismo Lutero y haberse convertido así en el símbolo del protestantismo es Ein feste Burg ist unser Gott “Una poderosa fortaleza es nuestro Dios”. Prescindiré de comentar los usos por parte de Bach, Mendelshonn y Stravinsky para limitarme a comentar que es la melodía del timbre de Ned Flanders, el “vecinito” de los Simpson..

Recapitulando, si Lutero hubiera vivido en los tiempos presentes, hubiera quizá adaptado a lo religioso canciones populares de Shakira, temas de películas, o, como vamos a hacer con nuestro ejemplo, la sintonía de alguna serie de televisión.

 

Sentir el coral: el Thronechoral.

Presentación del tema

 

Supongamos, por ejemplo que tomamos una melodía bastante conocida en la actualidad: la sintonía de la serie televisiva Juego de tronos. Llamo desde ahora a su melodía el Thronechoral.

 Nota para pedagogos: necesariamente, este ejemplo tiene una fecha de caducidad. Por lo que a mi respecta sois bienvenidos a usar todo el material de este artículo en vuestras clases, pero el ejemplo sólo tendrá sentido mientras la serie siga siendo popular y su música sea conocida. Dentro de algunos años, quizá quien quiera pueda hacer un ejemplo similar sobre un tema que sea entonces ampliamente conocido.

 

El obvio atractivo rítmico de esta pieza sería quizá un poco inapropiado para la gravedad que suele ser norma en las celebraciones religiosas occidentales. Además, el coral es la excusa para que el pueblo entone textos profundos. Toda vez que el modelo de verso más extendido es el octosílabo, eso nos va a conducir a que aparezcan o desaparezcan notas para que la música se ajuste a periodos de ocho duraciones—excepción hecha de algún pequeño melisma: pequeño porque, de lo contrario, el texto se entendería peor—. Añadamos que puede ocurrir que algunas veces el octosílabo se parta en hemistiquios de cuatro notas.

 

De la misma manera que en cada final de verso al declamar hacemos una ligera pausa, en música nos detendremos también: con el tipo de pausa que los músicos denominamos cadencia, y que suele venir reflejada por un calderón sobre la última nota de la frase.

 

En cuanto al ritmo, va a estar tomado del texto, llegándose en ocasiones a distorsiones con respecto al original bastante notables —podéis consultar la diferencia entre los arriba aludidos coral de la Pasión según San Mateo, O Haupt voll Blut und Wunden y el origina de Hans Leo Hassler, Mein G’mueth ist mir verwirret—. Siendo el ritmo del alemán fieramente binario, en forma débil/fuerte, y teniendo además en cuenta que los ritmos y subdivisiones ternarias suelen quedar reservados para momentos enormemente expansivos, en el transcurso de los años el Thronechoral hubiera tenido una suerte no muy diferente de esta. (En esta, como en todas las demás partituras del artículo, hacer click sobre la imagen la agrandará).

 

¿Lamentable la suerte de esta melodía? Quizá sí, si aún no sabemos lo que el tratamiento bachiano a a lograr sacar de ella.

 

 

Recapitulación de elementos importantes y dos conclusiones necesarias

A estas alturas quizá sea importante, para entender bien lo que sigue hacer una lista de elementos que deben ser tenidos en cuenta:

  1. La finalidad del coral es religiosa, lo que nos lleva a que la percepción del texto se considera más importante que la música.
  2. Por esa misma razón, la melodía del coral va a sufrir transformaciones rítmicas y melódicas, a veces francamente drásticas.

Lo que nos lleva a dos importantes conclusiones:

 

  1. Las melodías van a ir perdiendo calidad musical en aras de un mejor servicio al culto. Lo que es, propiamente dicho, el coral, resulta a veces una melodía francamente aburrida y trivial. Pero nadie se asuste aún: la responsabilidad del compositor es convertir estas pequeñeces en música maravillosa, y estamos a punto de iniciar el camino de vislumbrar cómo lo hace Bach.
  2. Todo tratamiento musical que se haga de la melodía del coral debe siempre y sin excepción ayudar a que la feligresía —que quizá no sea ducha en música—  perciba bien el coral para ayudar a que canten.

 

El tratamiento de un canto dado en el siglo XV

 

En tiempos de Lutero los músicos denominábamos canto dado a una melodía ajena sobre la que debíamos trabajar.

El procedimiento habitual para tratar un canto dado —que es lo que sería el coral— en tiempos de Lutero sería el siguiente:

  1. El canto dado (el coral) se pondría en el bajo, en notas muy largas.
  2. Sobre este bajo, otra u otras voces propondrían melodías mucho más rápidas.

Lo que, con un poco de fantasía —esta y otras fantasías se justificarán en la tercera entrega de esta serie, destinada a proponer ideas para profesores sobre el uso de estos materiales—, nos daría una primera frase del Thronechoral como la que sigue. Por favor, antes de escuchar el vídeo, poned voluntad de distinguir la melodía del coral entre toda la urdimbre musical.

 

 

 

 

 

 

¿Habéis logrado distinguir la melodía? Estoy seguro de que no, o sólo muy débilmente. Haced, si gustáis, el experimento adicional de cantar la frase a la vez que escucháis el vídeo. Los resultados probables son que no lleguéis al final sin necesidad de respirar —lo que enturbiaría la percepción del texto— y que no logréis hacerlo bien porque las mayores actividad e interés de las otras voces os distraigan.

Lo que nos lleva a la conclusión de que el más característico de los tratamientos musicales en tiempos de Lutero es totalmente inadecuado para las finalidades del coral.

Las razones de esta inadecuación, bien analizadas, nos llevan de forma inevitable a saber cuáles son las maneras de solucionarlas. En un proceso que resumo aquí muchísimo, pero que llevó docenas de años.

  1. La melodía en el bajo no es la más fácil de seguir y entonar. Solución: pasar el coral a la voz superior, que sí lo es.
  2. Las diferencias de velocidad entre voces van a hacer que el oído oscile entre diversas melodías, haciendo difícil que que sigamos y entonemos bien el coral. Solución: En nuestro tratamiento vamos a buscar que todas las voces tengan una velocidad similar, con muy escasas diferencias.

¡Pero esto nos lleva a un tratamiento del coral que sería aún más aburrido musicalmente!

 

Un tratamiento “a la Bach” corrientito

 

El segundo artículo de esta serie estará más destinado a los jóvenes escritores de corales y detallará las técnicas. Por ahora baste decir que en tiempos de Bach se han establecido algunas costumbres para paliar todos estos defectos, que podrían resumirse en:

  1. La búsqueda de una impecable conducción de voces, particularmente en el bajo.
  2. La búsqueda de la compensación de los “defectos” —me da por recordar que los informáticos dicen que los programas no tienen defectos, sino posibilidades— del coral aportando dos puntos, tan vinculados entre sí que de alguna manera son casi el mismo:
    • Poderosos impulsos cadenciales, evidenciando cada final de frase y
    • La mayor riqueza tonal —dentro en general de los límites del estilo barroco— que podamos conseguir y sea adecuada al texto.

 

Lo que podría darrnos una versión del Thronechoral como la que sigue:

 

¿Nos movemos ya en un territorio más familiar? Por cierto que, por razones que se verán en el siguiente y último punto de este artículo, he considerado necesario aportar texto al coral. Toda vez que un texto religioso estaba claramente fuera de lugar, he aportado lo que se llama un monstruo, que es como llamamos a las letras escritas por un compositor cuando aún no le han entregado el texto definitivo.

Pintar las palabras

Por razones de mantener los temas lo más sencillos posible, he omitido hasta ahora uno de los más sorprendentes usos del coral bachiano: el del servicio al texto.

Los ingleses usan a veces la expresión pintura de palabras para referirse a músicas en que a cada palabra importante del texto se le aporta su propio carácter musical.

En el uso cotidiano del coral, podríamos encontrarnos con que una semana el sacristán de turno (ignoro por completo si existe en el culto luterano una figura análoga a la del sacristán) dijese una semana a Bach.

“Herr Bach, esta semana vamos a cantar Ein feste Burg con este texto que ha escrito el Pastor, y que va de los fuegos del infierno, la expiación y la tortura de seguir separados del paraíso”

Y el Kantor improvisaría inmediatamente una realización del coral capaz de estremecernos a todos.

Y que a la semana siguiente el sacristancillo dijese al maestro:

“Herr Bach, que esta semana también cantamos Ein feste Burg, pero que esta vez el texto habla de la alegría de servir a Dios y el placer de ser cristiano”

E inmediatamente Johann Sebastian daría con la expresión musical adecuada.

El estudio completo de todo esto daría para toda una serie de artículos que, quizá quedan fuera de lugar en esta guía simple. Me permito tan sólo recomendar al interesado el estudio de las particularidades de los corales “Soll’s ja so sein”, “Durch den Gefängnis”, y el celebérrimo “Es ist genug”, que encierra bastantes más sorpresas que sus archiconocidas cuatro primeras notas. Las mayores rarezas —por las que le riñó algún que otro burgomaestre— y atrevimientos en los corales responden normalmente a esta causa.

Con mucha mayor modestia, pues el objetivo es sólo divulgativo, aporto aquí otra versión con “monstruo”, del Thronechoral, llena de palabras “pintables”.

 

El segundo artículo estará más dedicado a estudiosos de cómo se escribe un coral (será bastante más breve que el que acabáis de leer), y el tercero y último se enfocará a justificar algunas decisiones que he tomado, y proponer a mis compañeros profesores ciertas ideas sobre pedagogía del coral. Gracias por vuestra atención a un artículo desmesuradamente largo.

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El desafío de los diez libros

Carolina Cerezo Dávila, a la que por otra parte no recuerdo haber hecho ningún mal como para que me meta en este compromiso, me lanza el desafío de los diez libros, que consiste en nombrar, y si se puede, reseñar, diez libros que hayan marcado la vida de uno. Posteriormente se desafía a otras diez personas a que hagan lo mismo.

Si algo soy, soy hombre de libros. lo de “temed a los hombres de un solo libro” jamás ha podido aplicárseme. Y, naturalmente, elegir sólo diez libros me ha sido imposible. Con mucho esfuerzo y bastantes trampas los he reducido a catorce. Y aún ello haciendo el esfuerzo supremo de no meter ni una partitura.

Los listo aquí debajo en un orden vagamente cronológico. He leído demasiado como para estar seguro de en qué orden lo he hecho.

 

1.— La Odisea

OdiseaSiendo bien pequeño, por razones del trabajo de mis padres, pasaba mucho tiempo sólo en casa. En la escasa biblioteca que teníamos, figuraban con carácter prominente los volúmenes de la biblioteca básica RTV —con sus cien fabulosos y bien seleccionados libros, que bien pudieran haber figurado aquí como una entrada más—, la enciclopedia Salvat y La Odisea. Mi pasmo con este último libro, la sensación de maravilla, mi entusiasmo ante la astucia de Ulises, mi pasión por los dioses como seres que se salen de lo normal, aún me duran, y son, indudablemente, la causa de mi eterno interés por la mitología.

 

2.—Antología de Ciencia Ficción de Groff Conklin

43572959La biblioteca del colegio en que estudié era más bien escasa, y producto, ante todo, de donaciones de padres de alumnos. Quizá gracias a eso se produjo la anomalía de que en un colegio de curas de la época de Franco se encontrara un libro de ciencia ficción. Al leerlo reencontré la maravilla que había supuesto “La Odisea”, pero con personajes con los que era más fácil identificarse (nos pongamos como nos pongamos, y diga lo que diga Olympos de Dan Simmons, parece más cercano que tengamos un jetpack a que adquiramos poderes de semidioses mitológicos).

Leída hoy (me hice a los años con un ejemplar, numerosas veces releído), es una antología corrientita, pero no por eso la tengo menor cariño.

 

3.— Asimov

asimov-seleccion-1-isaac-asimov-bruguera-11668-MLA20047659919_022014-F¡Ah, aquellos libros de Bruguera, que se desencuadernaban con mirarlos! Sabe Bach como habré logrado conservar algunos con todas sus páginas durante más de cuarenta años. Hago aquí la primera de mis trampas. Pero no la siento como una falsedad: si la antología de Conklin fue mi rito de iniciación en la Sf, Asimov fue la materia prima que alimentó mis sueños durante largos años, mi base, si queréis sobre la que aún mido toda novela de ciencia ficción. ¿Los propios dioses? ¿El ciclo de Trántor? ¿Los ingeniosísimos relatos? A tiempo pasado todo me parece un único disfrute, un largo gozo en que cada relato suelto, cada novela única, se funde en forma transparente con todas las demás. Se diga lo que se quiera, el Buen Doctor es un narrador mucho más hábil de lo que parece. Tampoco descarto que sus numerosas explicaciones sobre cómo y por qué escribía cada cosa me hayan ayudado a ver al creador como un ser humano con el que es posible identificarse.

 

4.— Jorge Luis Borges

Borges_02También a Don Jorge Luis lo encontré en la biblioteca de mi colegio (al tiempo lo retiraron, junto a otros autores latinoamericanos, pensando, supongo, que eran una influencia políticamente nefasta). Hubieron de pasar muchos años antes de que me enterase que, como yo, era devoto admirador de algunos autores de ciencia ficción, como Olaf Stapledon o C. S. Lewis, que llegan a aparecer, por ejemplo, en El libro de los seres imaginarios, por la enorme fantasía que llegan a derrochar. Verdad es que la imaginación borgiana, mezclada con un manejo del lenguaje de una perfección casi de relojero necesitan de poco estímulo exterior para convertirse en una fuente de satisfacción casi sin límites. Desde mi Aleph, situado en el jardín de senderos que se bifurcan, leo el libro de arena y le dedico una kennigar. ¿Puedo aprovechar una vez más para manifestar que “Undr” me parece la mejor reflexión sobre el arte jamás escrita?

5.— El Señor de los Anillos

el-senor-de-los-anillos-3-ts-minotauro-tapa-dura-tolkien_MLA-F-4600653378_072013Pocas veces he estado enfermo en mi infancia. Una de ellas algún pariente tuvo el acierto de regalarme el primer volumen de El Señor de los Anillos (raro, solían regalarme tebeos o libros de colecciones infantiles). Fue de noche y la fiebre me hizo dormir enseguida. Al levantarme al día siguiente comencé el libro… …y no pude soltarlo hasta acabarlo, ese mismo día. Yo creo que me cure de la enfermedad al día siguiente sólo para poder ir a la librería y comprar los otros dos volúmenes. Años esperando a poder tener una edición (ya en inglés) con los apéndices, esperando al Silmarilion, al Hobbitt. Queridos, los que os habéis hecho fans por las muy posteriores películas, no tenéis idea de la magia y el misterio que nos rodeaban a los escasos iniciados que lo leímos en la primera edición española. Supongo que de ahí arranca mi inacabable interés por lo que luego he dado en llamar los espacios míticos.

 

6.— Julio Cortázar

cortazar_rayuelaA Don Julio estoy seguro de haberle conocido precisamente por enterarme de que retiraban de la biblioteca de mi colegio los volúmenes de literatura sudamericana. En el batiburrillo ideológico de la época, la primera tendencia de unos y otros era confundir la ideología de Vargas Llosa con hasta la del gaucho Martín Fierro. Afortunadamente estamos en tiempos más sosegados (algo, al menos( y podemos intentar juzgar sólo (¡sólo!) el valor literario de cada libro.

De Cortázar conocí lo primero los cuentos, esos prodigios pequeños que, precisamente por no parecerse en nada, sólo puedo comparar a los de Borges. Siempre he dicho que llegados a cierto punto de perfección, la única mejora posible es la de hacer las cosas de una manera totalmente distinta, y la imaginación portentosa de Don Julio, su lenguaje, mucho más mesurado de lo que a primera vista parece, y el asombro continuo que me produjo la lectura de sus novelas me parece que me viene a dar la razón.

Historias de Cronopios y Famas, así como La vuelta al día en ochenta mundos son quizá los libros de este autor que más he comentado con mis amigos, si bien me parecen obras, en comparación con el resto, un poco menores. Lo que no tiene nada de malo, como diría el propio Julio en “La vuelta al día…”

7.— William Shakespeare

william-shakespeare-obras-completas-edit-aguilar-13372-MLC3195560901_092012-FEntramos en mi adolescencia. Quizá sea el momento de alabar la colección de libros de lectura Senda, que me acompañó durante toda la EGB. Si bien me ponía muy nervioso que no figurase un sólo texto completo, fue mi primer contacto con, por ejemplo, el Cantar de Mío Cid y el Romancero Antiguo, que tanto me han llegado a gustar luego. Fue aquí dónde encontré un soneto de Shakesèare, uno de los del ciclo de la Amada Oscura, que me hizo buscar el resto de las obras del autor (conocía Romeo y Julieta, que figuraba en la colección RTV de la que antes hablé, pero de niño llegó a tocarme poco).

Antes de poder leerlo, con enorme esfuerzo en inglés, conocí y aún poseo y releo la traducción de Luis Astrana, que por denostada que sea sigue pareciéndome soberbia. Con Cervantes (ver abajo) durante una serie de años la relectura de las obras completas de Shakespeare era un obligado placer veraniego, cuando quería, al principio de mis años de profesorado, quitarme demasiados dosis de lenguaje burocrático que habían atenazado mi curso.

 

8-— El ingenioso hidalgo

don-quijote-de-la-mancha-ediciones-ramosmadrid-1655-MLU31034465_8238-FPoco dado como soy a todo lo obligatorio en la enseñanza, no me parece una buena idea que durante tantos años el Quijote haya sido una lectura obligatoria. Antes bien, yo la hubiese prohibido, de forma que los jóvenes la leyesen a escondidas, valorando así mucho más cada uno de los detalles que tiene esta novela casi infinita. Jamás he comprendido a los que dicen que es aburrida, mucho menos a los que dicen que es larga. Me atrevo a decir que parte de la poca cordura que pudiera quedarme tras largos años de enseñanza viene de mis lecturas anuales, que muchos años han durado, de esta maravilla.

Un libro, además, que resiste de manera perfecta ser recontado, no hay más que ver a Unamuno.

Una anécdota: la edición que aún poseo fue el regalo de bodas que mi abuela hizo a mis padres (raro porque ninguno de los tres fue un gran lector). Llena de hermosos grabados de ediciones en todos los idiomas habidos y por haber.

 

9.— Método de guitarra de Gaspar de Luz

GasparDeLuzYa he hablado en más lugares de mis silvestres comienzos en la música, no creo que sea necesario volver a referirme a ellos.

Vacilé en meter este libro, como otro libro técnico de mucha mayor enjundia que vendrá luego, porque no sé si se ajusta a las bases del desafío. Luego pensé que si hasta ahora ya me las he saltado unas cuantas veces, por qué no hacerlo aquí también. Ciertamente es uno de los libros que ayudaron a cambiar mi vida. En mi etapa de “guitarrista de barrio”, que en tantas cosas ha marcado mi posterior vida musical, este libro cumplió holgadamente su papel: enseñarme a tocar la guitarra, escalas, acordes… Y de una manera admirable: no intentaba que me convirtiera en guitarrista de jazz, de flamenco, clásico, o rockero, sino que aprendiera a tocar la guitarra. Esta forma de enseñar sin tendenciosidad alguna es algo que, aprendido de aquí, intento aún llevar a mis prácticas pedagógicas. Por lo demás, no es que sea un libro grande, simplemente para mi tuvo influencia profunda.

 

10.— Biblioteca Orbis de ciencia ficción

OrbisIgnoro si seré el único que debe una parte considerable de sus saberes sobre el género a esta biblioteca, que, en mi opinión, era de lo más variado y bien seleccionado (con excepciones, claro) que hubo en la época. Un gusto esperar cada nuevo número, y, la verdad, una decepción cuando resultaba que el número que iba a salir era una novela que ya había uno adquirido en otra edición.

Tienta ponerse a hacer la lista de títulos pertenecientes a la colección que no hubiera sido posible, o al menos fácil conocer de otro modo. Conservo casi todos sus volúmenes con enorme cuidado y gran placer.

 

11.— La Armonía de Schönberg

SchonbergHabrá quien se extrañe de que ponga este libro y no la Técnica de mi lenguaje musical, de Messiaen, sobre todo los que saben lo mucho que me costó conseguir leer el libro en francés… …idioma que sigo desconociendo.

Sin embargo, en muchos aspectos la armonía de Schönberg me marcó más (me hizo, por ejemplo, desear leer el libro de Messiaen). Es un libro sin paralelo, creo, en el mundo de los tratados de armonía: no se limita a dar lecciones sobre la materia, sino a explicar, de la mejor manera, que es el ejemplo, por qué uno pudiera interesarse en ser armonista. En la medida en que la teoría musical pueda considerarse una filosofía (escasa, creo), este libro sería un ejemplo de los valores que pueden y quizá deban acompañar a un armonista que sea algo más que un técnico competente. Yo ta tenía intenciones de componer, pero este libro fue de los que más me enseñaron qué significa ser compositor.

 

12.— Las trilogías

Dune coverAdopto este título, que reconozco que es laxo, porque, por ejemplo, la expresión “multilogía” me parece totalmente carente de eufonía.

¿Recordáis como, durante una época, todo eran trilogías, dobles trilogías y demás? Para los que apreciábamos el buen oficio en la construcción de universos era la oportunidad maravillosa de habitar durante más tiempo lugares y situaciones que llegabas a amar. Universos como el de Dune, cuya foto nos acompaña son demasiado ricos y complejos como para disfrutarlos durante unos miserables cientos de páginas.

Otra cosa es que padezco una enfermedad que ignoro si los médicos ya han catalogado. Soy totalmente incapaz de no leer todos los volúmenes de una multilogía,. En general no es grave, pero hay casos, como pudieran ser las crónicas de la Dragonlance en que se convierte en un ejercicio de masoquismo.

 

13,— Los dominios del Señor del Sueño

Sandman-bannerSupongo que será por llevar la contraria, pero el aprecio por todo lo poético no me vino en la adolescencia, más allá de perpetrar aquellos versos de los que todos somos culpables, sino con la madurez.

En la infancia conocí algo los cómics de Vértice, que no llegaron (me imagino que porque los leía de prestado en los recreos) a entusiasmarme. Luego, con un afán de estudioso inglés que sólo puede disculparse a un recién adolescido me empeñé en demostrar la influencia de los arquetipos mitológicos en la vida moderna, para justificar mis obras mitológicas. Hoy sigo pensando igual, pero creo que ni me hace falta justificarme ni la actitud del Doctor Stanley deja de carecer de muy serio paternalismo con el resto del mundo.

El caso es que llegó Sandman. ¡Qué se puede decir de un río que es a la vez un volcán, de un lirismo que es a la vez una épica, de un multiverso enorme que a la vez resuena con casi cada una de las circunstancias que componen mi interior!

Sólo diré que si alguna vez tengo ocasión de hacer una ópera, será en el universo de Sandman, a ser posible con libreto propio. Después he seguido leyendo cómics, gracias a Bach, pero hasta ahora, aunque he encontrado joyas preciosas, nada ha llegado a tocarme tan profundamente.

 

14.— Terry Pratchett

NightWatchHablaba antes de la arrogancia del que acaba de abandonar la adolescencia. Durante un tiempo llegué a pensar que ya nada había que pudiera resultarme totalmente nuevo o entretenido… …y en eso llegó Sir Terry. Ignoro si sus libros se deben clasificar en humorísticos, filosóficos, fantasía o la más pura realidad. Sólo sé que deploro que su enfermedad nos impida disfrutar de unas cuantas docenas más de ellos. Creo que lo poco que tenga de humanidad y de ecuanimidad me vienen en alguna medida de esta lectura extraordinaria, y deploro la mala suerte de todos los que no leáis en inglés, puesto que creo que no todos están traducidos, lo que viene a constituir un delito de lesa humanidad contra todos los hispanohablantes.

A Sir Terry le dediqué una vez una pieza imaginando como pudieran ser los folklores de MundoDisco. Lo mismo alguna vez se interpreta.
Y os dejo en este bachiano catorce, que es alógico porque en realidad he puesto cientos de libros esta lista tan injusta. Si se me hubiese preguntado por los diez libros que más he disfrutado, hubiese, por ejemplo, salido Rafael Marín, o Herman Hesse, o Thomas Mann. Si la pregunta se refiriese a de qué libros he aprendido más (que no sean los de texto), hubieran salido otros. ¿Y no habría que incluir literatura erótica? En fin, es un universo mucho más feliz aquel en que se han inventado los libros que otros en los que no.

P.D.: no dejéis esta lista en manos de ningún psiquiatra, que se lo pasará bomba.

Tahónicos fundamentales o “el científico loco ataca de nuevo”

tahónicos

Preámbulo

Ahora que ha acabado el curso, quisiera compartir con vosotros un experimento que he realizado este año con mis alumnos.

Algunos profesores, entre los que quizá sea justo contarme, tenemos un santo horror a las iniciativas de renovación pedagógica. No tanto porque no creamos en dicha renovación como porque siempre, todo lo que nos ofrecen, tiende a estar irremisiblemente desfasado. No olvidaré durante cuantos años después de que WordPerfect desapareciera seguían ofreciéndonos cursillos sobre uso en aras de “reciclarnos”. Por no hablar de que, si bien manejar un procesador de textos nunca es inútil, difícilmente puede mejorar de forma sustancial la calidad de enseñanza de un profesor de música.

Ahora nos persiguen las TIC. Que no son, como pudiera pensarse, las complementarias del TAC de los relojes, sino las admirables y sacrosantas Tecnologías de Información y Comunicación.

Bienvenidas sean todas las herramientas, incluyendo las tecnológicas, pero el hecho de usar las más avanzadas tablets, las más modernas pizarras digitales, los mejores cascos de proyección holográfica en 3D (estarán ya a punto de inventarlos, ¿no?) no va a convertirle a uno en un mejor profesor, no va necesariamente a atraer a los alumnos (afrontémoslo: son hijos de la Wifi, hermanos de las pantallas táctiles, nietos de los chips, “nativos de Internet”, como decía en algún lugar de la LOMCE: en general manejan la tecnología mejor que nosotros).

Dad al juglar que no esté práctico en su oficio,
espadas para lanzarlas y recogerlas otra vez,
monedas para rodarlas y reunirlas de nuevo,
hombres a quienes herir y curar enseguida,
serpientes a quienes encantar y engañar,
y quedará herido por su propio acero,
desobedecido por sus serpientes,
engañado por su torpeza,
burlado y despreciado por su propio pueblo.
No le ocurre así al juglar inteligente:
una pizca de polvo, una flor marchita,
una fruta caída o un báculo prestado
es todo lo que necesita para afianzar su poder
¡sujetando el hechizo o desatando la risa!
(Kim, Rudyard Kipling)

Por si el viejo Rudyard y yo necesitamos expresarlo con mayor claridad: las herramientas son una ayuda para el profesor, no lo suplen.

El científico loco ataca de nuevo

Mad_scientist¿Cuál es la solución? Ignoro la que adoptarán otros compañeros: la mía es experimentar con los alumnos. Creedme que siempre con un punto de culpabilidad —me gustaría usar con ellos sistemas de eficacia probada, pero sólo hay una forma de probar la eficacia—, pero también con la convicción de que si no los someto a nuevos métodos e ideas acabaré perdiéndolos. Las asignaturas son siempre o casi siempre las mismas, pero los alumnos son otros. Adaptar los contenidos de nuestra enseñanza a los alumnos es absurdo: si lo que mostremos vale algo no debe cambiarse, y si no vale no debería enseñarse. Modificar a los alumnos para que se adapten a nuestra disciplina es demencial: la única modificación que esperamos de ellos es que sean tocados por nuestra docencia y eso haga que elijan cómo cambiarse a sí mismos, ¿Cambiar nosotros? Peligroso, muy peligroso. Si somos válidos el cambio podría cancelar esa validez.

Por lo tanto, lo que es experimentable es cómo comunicamos. Desde cambiar el orden y profundidad de nuestros contenidos (ni siquiera todas las hordas diabólicas de la LOGSE y LOMCE me harán pronunciar “secuenciación”) a encontrar nuevas vías de comunicación.

Pensamientos crepusculares del viejo Haddock

techieLlevo DIECIOCHO años manteniendo este blog, en el que he puesto casi de todo, incluyendo, ciertamemente, muchos contenidos que deberían ser útiles para mis alumnos. Con frecuencia les he dado la URL (¿cuántos de vosotros saben lo que quiere decir éso?) y les he recomendado que se conecten y consulten tal o cuál artículo. Con resultados más bien escasos. Confieso que comenzaba a desesperar (el día que borre todo el blog, como quizá haga alguna vez, será porque no está sirviendo como instrumento útil de comunicación: no hay más que ver los pocos comentarios que recibe). Y la desesperación no quedó mitigada por recibir hace poco una invitación a participar en un congreso como decano de los blogs de música en España.

Antes de cantar sobre la terrible pereza de los alumnos, de cómo nosotros no éramos así y demás jeremíadas, contestadme una pregunta. ¿Cuándo ha sido la última vez que habéis tecleado una dirección de Internet? ¿A qué preferís pulsarla desde el WhatsApp, o que os la manden por correo? Nos pongamos como nos pongamos las URLs (sí, es el nombre correcto de las direcciones de Internet) no suelen ser prodigios de facilidad de retención.

No es que pensara en todo esto cuando cree los

Tahónicos fundamentales: the movie

A principios de este curso se me ocurrió, no recuerdo con precisión por qué, crear un grupo en Facebook para mis estupendos alumnos de Fundamentos de Composición (no les digáis que he escrito eso), al que llamé Tahónicos Fundamentales. Más que nada porque todos nos aburríamos de que escribiese en la pizarra larguísimas e incomprensibles direcciones de vídeos de YouTube, temas en Spotify, artículos…

Sería estupendo decir que tuve la clarividencia de notar que las redes sociales se usan de forma continua, y que muchos de estos muchachos las consultan varias veces diarías. Sería espléndido comentar que desde el principio caí en que proyectando con el cañón nuestro grupo de Facebook tendría acceso versátil, inmediato y ágil, mucho más que una presentación, a todos los contenidos compartidos allí. Pero el caso es que la cosa comenzó por purísima casualidad.

Sólo quiero hoy comentaros que los resultados, en cuanto a material consultado por los alumnos, comunicación entre ellos y conmigo, y cantidad de aprendizaje han sido, en general, soberbios. Otro día os comento ventajas e inconvenientes del procedimiento.

El grupo, con las vacaciones está un tanto parado, pero si queréis echar un vistazo, mis alumnos y yo os esperamos aquí.