Acerca de javierguijarro

Respondiendo a la amable invitación de Enrique, comienzo aquí mi participación en su blog. Y como me pide de inicio, y a modo de presentación, que dé respuesta a una serie de preguntas sobre mi relación con la música, pues allá voy, totalmente sumiso. Como también supongo que esto no será muy interesante para nadie, intentaré ser breve. - En primer lugar, por hablar de Potsdam, diré que antes que a la Ofrenda Musical, yo asocio ese nombre a C.P.E.Bach, un músico que me parece fascinante. La Ofrenda Musical me hace pensar en el libro de Hofstadter, que leí con pasión hace tiempo (pero no entero, llegó un momento en que ya no me enteraba de nada) y creo que también le gusta a Enrique. -Sobre Bach. Bueno, para mí Bach no tiene esa importancia trascendente que veo que tiene para mucha gente. Por supuesto, me encanta su música, pero no es la que más me gusta del mundo. De la obra de Bach me gusta especialmente la obra para clave. Yo, que soy un pianista tan nefasto que no podría pensar en otro peor, disfruto muchísimo tocando la música de Bach, no tanto por el sonido (que también), sino porque me produce una sensación de placer físico bastante inexplicable, cosa que no me pasa con otros músicos incluso si me gusta más su música. Supongo que eso quiere decir que está muy bien escrita para el teclado. Por otra parte, me pone un poco nervioso el hecho de que cuando se habla de la música de Bach parece que hay que poner los ojos en blanco y tener un éxtasis místico. Reivindico el puro placer materialista y agnóstico en la música de Bach. No creo que sea importante para disfrutarla tener sentimientos religiosos. O, más radicalmente, no creo que la música de Bach, ni ninguna música, tenga nada que ver con la religión. Y por último, hay obras de Bach que me parece que están sobrevaloradas solo por serlo. El caso más palmario me parece el de la Pasión Según San Mateo. Una obra llena de bellezas inauditas, pero que en conjunto a mí me parece un peñazo, como, por otra parte, todas las óperas y oratorios barrocos en que asistimos a una sucesión tediosísima de recitativos, coros y arias da capo (el aria da capo, esa forma musical anti-dramática por naturaleza) sin ninguna relación entre ellos. -Me pregunta Enrique por mis compositores fundamentales. Los pongo por orden cronológico, lo que me evita hacer un ranking, pues eso dependería mucho del momento: - Josquin Des Prez. Hasta los 30 años odié la polifonía, pero el Ave María de Josquin me hizo abrir los ojos. Y desde entonces le soy fiel (a él y a la polifonía). Me parece que sus obras tienen algo que no veo en el resto de polifonistas. Quizás es que las he escuchado muchísimo más. También me apasionan Dufay, Binchois y Ockeghem, así que tiendo más hacia el siglo XV que hacia el XVI. -Scarlatti (Domenico). No es para todos los momentos, pero hay momentos en los que no puedo escuchar otra cosa. - Haydn. Según pasa el tiempo, cada vez me gusta más. Y cada vez me sorprende más. -Mozart. Es mi Dios, ya se sabe. En cualquier lista, en cualquier momento, sería el primero para mí. -Beethoven. He llegado a aborrecer alguna de sus obras de tanto escucharlas. Representa cosas que odio de la música (el genio, el artista, el arte por el arte, etc… toda la parafernalia romántica). A veces me molesta tanto ruido. Y sin embargo su música, cuando te olvidas de todo lo demás, me deja ver mejor que en cualquier otro lo que es esencial, la estructura, diríamos… No sé si el análisis musical tiene mucho sentido, pero a veces me parece que la obra de Beethoven se presta mejor que cualquier otra a ser analizada. A veces me parece que está escrita para ser analizada. En fin, sobre mi relación con Beethoven escribiría sin parar… -Schubert y Chopin (son mi faceta romántica. Pero lo son con pasión. Y los dos me parecen muy mozartianos). -Verdi. Especialmente su última época, y sobre todo “Falstaff” que es mi ópera favorita de cualquier época o lugar. Creo que sólo por Falstaff tiene justificación un género tan absurdo como la ópera. Y además tiene mucha gracia. Y, además, se da el lujazo de mejorar a Shakespeare, que no es moco de pavo… Bueno, como pasa con estas listas, casi llama más la atención lo que no está que lo que está… Pero esos son mis fundamentales. Ya sé, ya sé, no hay ninguno del siglo XX… ¡qué le vamos a hacer! Es un hecho que ya he aceptado, que la música que mejor sintoniza conmigo es la que se escribió en la segunda mitad del siglo XVIII y los primeros años del siglo XIX.

EL ROMANTICISMO Y LA MÚSICA CONTEMPORÁNEA – 2

Vamos con la segunda entrega. A partir de los comentarios que la primera provocó, creo que se impone una aclaración sobre a qué me refiero cuando hablo de Romanticismo, aunque más fácil es decirlo que hacerlo. Ya habrá resultado evidente que no hablo del Romanticismo en un sentido muy técnico como cuando se habla de la filosofía o la literatura de los románticos alemanes, o de la música romántica, etc. Antes bien, me refiero a algo mucho más general, que surge quizás en Alemania, pero que impregna toda la sociedad europea y occidental a partir de las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del siglo XIX. En este sentido el Romanticismo es un fenómeno cultural, pero no solo cultural. Es algo mucho más profundo. Y en ese sentido es también algo de naturaleza distinta a otras denominaciones que a veces se equiparan, como podrían ser los distintos “ismos” de comienzos del siglo XX o incluso fenómenos también más profundos pero, a mí modo de ver, menos transversales, como el Renacimiento o el Barroco (esto último lo escribo con mucha prevención, tendría que argumentarlo mucho más, pero eso nos llevaría demasiado lejos).

A estas alturas de la historia supongo que todos tenemos claro en mayor o menor medida que las periodizaciones tradicionales nos sirven para bien poco y provocan una frustración mayor que cualquier provecho que de ellas pueda extraerse. Sin embargo, de una forma u otra, todos seguimos usándolas. Quizás porque no tenemos alternativas mejores. Pienso, por ejemplo, en la Historia de la Música que está sacando lentamente al mercado la Universidad de Cambridge. En ella los tomos no se organizan por los periodos habituales (Renacimiento, Barroco, etc.), sino por siglos: cada tomo corresponde a un siglo. Y sí, consigue al menos romper estos rígidos esquemas que nos hemos hecho en la mente para pensar en la historia. Pero el resultado no es más satisfactorio, porque si es problemáticos separar el Renacimiento del Barroco, tanto o más problemático resulta separar 1598 de 1612.

Dicho todo lo cual, si queremos hacer Historia, salvo que alguien tenga una idea mejor, no nos queda más remedio que periodizar. Yo, personalmente, tras muchos años dedicado a leer y estudiar la Historia de la Música Occidental, me había forjado una idea de la misma (que no es una idea mía, sino una idea bastante común) cuyo principal punto de apoyo era de alguna manera técnico, propiamente musical. Resumiéndola mucho, esta idea venía a decir que la Historia de la Música Occidental (una historia basada en las partituras, porque creo que las partituras son el único hilo conductor y el único elemento diferenciador de la Música Occidental) había conocido tres grandes momentos que de alguna manera marcaban su historia:

  1. El primero (con todos los preámbulos greco-latinos y judeo-cristianos que se quiera), perdido en la noche de los tiempos, y que marca el nacimiento de dicha manifestación humana, el momento en torno al año 1000 en que comienzan a escribirse partituras y, al mismo tiempo, comienza a desarrollarse una polifonía compleja que requiere de las partituras (es decir, que al menos hasta cierto punto no puede ser improvisada).
  2. El segundo momento trascendente se situaría en torno al año 1600 y vendría marcado por la aparición y generalización (todo lo paulatina que se quiera) del sistema tonal. Esto sería lo más semejante en Historia de la Música a una revolución científica: un cambio radical del paradigma desde el cual se ve (o se escucha) y se entiende la música.
  3. Y por fin, el último momento fundamental vendría a principios del siglo XX, justamente cuando la hegemonía de la tonalidad se pone en duda (en algunos casos, sin duda ninguna, se la da por muerta) y la música se lanza a un terreno virgen y desconocido.

Como ya digo, esta es una forma de ver la Historia de la Música que comparte mucha gente y que a mí mismo me funcionó durante mucho tiempo. Sin embargo, de un tiempo a esta parte yo me la estoy replanteando muy seriamente. Y con esto quiero volver al tema original del Romanticismo, que ya creeríais que se me había olvidado.

Abreviando: Este cambio de perspectiva me hace ver ahora que justamente en esa época, desde las últimas décadas del siglo XVIII, hacia 1770, hasta, digamos, 1848 por decir un año especialmente relevante en Europa, se produjo un cambio totalmente revolucionario en la música occidental, el cambio más profundo y radical de toda su historia. Un cambio que quizás no se puede explicar tan fácilmente como los otros a los que me refería antes: nace la tonalidad, desaparece la tonalidad, etc. Pero que es muchísimo más profundo.

Por supuesto, es un cambio que no se da solamente en la música: es social, científico, político, filosófico… en fin, de cualquier forma que se nos ocurra mirarlo. Pero que tiene algunas características también de tipo musical (que analizaré si ha lugar en una próxima entrega).

En todo caso, y por terminar por ahora, a este cambio revolucionario es a lo que yo, de manera muy general llamo Romanticismo. Y creo que el Romanticismo así entendido es un fenómeno mucho más fuerte e influyente, desde luego, que el desgarro que se produce en Europa a comienzos del siglo XX, tanto en la historia en general, como en la Historia de la Música en particular. O, para expresarlo mejor, creo que las convulsiones de esta época, incluidas las Dos Guerras Mundiales (especialmente la primera), incluida nuestra Guerra Civil, incluido el dodecafonismo, la pintura abstracta, el atonalismo y así hasta hoy mismo, son fenómenos románticos. O, para explicarlo todavía de otra manera distinta: el corte se produce entre lo que había antes y después de la Revolución Francesa. Que siglo y pico después cayera el Imperio Austro-Húngaro es solo una consecuencia tardía del mismo fenómeno.

No soy capaz de saber si esta crisis que ahora nos ocupa conseguirá terminar con lo que para mí es la época romántica. Hay ciertas cosas que ocurren y que se empiezan a escuchar que podrían sugerirlo… En fin, el tiempo lo dirá. Espero haber aclarado algo mi postura y, si Júpiter tonante no lo remedia, la próxima vez me centraré un poco más en la música.

Post-scriptum: Ya sé que Enrique me acusa (y se auto-acusa) de no poder renunciar a las citas. Pero yo, que soy hijo y reo de mi formación, no puedo renunciar a mi cultura libresca y nada espontánea. Y reconozco que en este cambio de perspectiva me han ayudado o empujado algunos libros tanto de música como de otras materias. Y como de bien nacido es ser agradecido, cito algunos de ellos: los estudios de Safransky sobre el Romanticismo alemán en general y sobre algunos autores en particular. Algunos escritos de Alessandro Baricco (no tanto los específicamente musicales, como su ensayo I barbari). Y ya en un plano más estrictamente musical, muchas ideas de la polémica Historia de la Música de Richard Taruskin (Sí, me la he leído entera, lo reconozco, con lo que eso significa también de pérdida miserable de tiempo…) y, sobre todo, un libro fascinante de Karol Berger: Bach’s Cycle, Mozart’s Arrow An Essay on the Origins of Musical Modernity.

EL ROMANTICISMO Y LA MÚSICA CONTEMPORÁNEA – 1

Hace ya tiempo tuve la ocurrencia de decirle a Enrique, tras asistir a uno de sus estrenos, que en el fondo me parecía un romántico. En ese momento a él le pareció un poco ofensivo, pero luego, como cualquiera que le conozca habrá supuesto, me invitó a escribir en su blog diciéndome, justamente, que desarrollara ese tema…
Probablemente lo que yo pueda decir no estará a la altura de este blog, pero al menos me gustaría ver si a alguien (incluido el propio Enrique, por supuesto) le interesa debatir sobre un tema que me obsesiona. Y es justamente ese del Romanticismo, y más concretamente sobre la pervivencia del Romanticismo, para mal y para bien, en nuestras vidas, en nuestra música y, sobre todo, en nuestra relación con la música.

 
Yo tiendo a ver el Romanticismo como una especie de masa informe, viscosa, pegajosa, que por todas partes se mete, que todo lo pringa, que a todo contagia. Ha habido y hay gente que a toda costa intenta luchar contra tan proteico enemigo. Pero es inútil. Si atacas al Romanticismo por el lado de los sentimientos, él contrataca por el lado racional. Si le atacas por la estética, él se te cuela por la ética. Si intentas doblegar su faceta religiosa, te lo encuentras de nuevo en la ciencia. Más concretamente, en la música, intentas acabar con la visión armónica de los románticos, y resulta que se te ha colado el romanticismo en la forma. Y un larguísimo, larguísimo etcétera.
En el caso del arte en general, y de la música en particular, yo no puedo evitar pensar en el siglo XX como un juego del escondite constante entre las vanguardias y el Romanticismo. Cuanto más intentaban huir de él, más instalado lo tenían en casa. El caso más paradigmático, es el del expresionismo, que no parece sino una versión llevada al límite del Romanticismo. Por poner un ejemplo clásico, ¿hay algo más parecido a un cuadro de Rothko que un cuadro del pintor romántico por excelencia, Caspar David Friedrich?:

 

 

 

En fin, el tema es enorme para poder tratarlo sin aburrir en una simple entrada de un blog que, además, no es mío. Por tanto hoy quiero abordar solamente una primera faceta: el concepto mismo de obra de arte, que en el caso de la música es incluso más escurridizo que en el de otras artes. En el relato Johannes Kreislers, des Kapellmeisters, musikalische Leiden, escrito a principios del siglo XIX, E.T.A. Hofmann, uno de los primeros teóricos del Romanticismo, define así el papel que debe cumplir un músico cuando interpreta una obra seria, una obra de arte musical:

 

El artista genuino vive solo para la obra que interpreta en cada momento, a la que comprende como el mismo compositor. Consigue que su personalidad no cuente para nada. Todos sus pensamientos se dirigen a dar vida a todas las maravillosas y atractivas imágenes e impresiones que el compositor depositó en la obra con su poder mágico. (Esto lo he traducido de una traducción inglesa, así que espero que tenga parecido con lo que decía Hofmann)

 
Independientemente de lo que pensemos del papel del intérprete, es este concepto de obra musical, o, mejor, de Obra Musical, el que creo que es típico del Romanticismo, totalmente ajeno a cualquier otra cosa que hubiese existido antes de las últimas décadas del siglo XVIII. Es un concepto muy extraño, pero que nosotros no podemos superar, hemos nacido con él y lo aplicamos a todo (cuando digo nosotros, me refiero a mí, pero creo que le pasa a mucha gente). Y pensamos constantemente en Obras Musicales: la séptima sinfonía de Beethoven es una Obra Musical. El concierto de violín de Brahms es una Obra Musical. La Sinfonía de los Salmos. El concierto de Aranjuez. Incluso 4.33 es una Obra Musical.En un libro precioso (aunque a veces muy polémico) sobre este asunto, Lydia Goehr dice:

 

Describo un conjunto completo de desarrollos estéticos, musicales, políticos y sociales que durante el final del siglo XVIII contribuyeron a fundar lo que se conoce como “el museo imaginario de obras musicales” – una institución musical y una práctica que por primera vez orientaba sus actividades y sus objetivos hacia la producción e interpretación de obras musicales consideradas además dentro de las Bellas Artes. Para esa tesis resulta central la afirmación de que Bach no intentaba componer obras musicales. Solamente si adoptamos una perspectiva moderna, una perspectiva extraña para el propio Bach, diremos que las compuso. Y si examinamos la práctica musical anterior a 1800 veremos que carecía de la función regulativa del concepto “obra”. (Vuelvo a pedir perdón por la apresurada traducción)

 
En este sentido, la mayor parte de música del siglo XX tiene esa aspiración a convertirse en Obra. Creo que pocos compositores han logrado zafarse de ello. Y en ese sentido, son herederos y continuadores del Romanticismo, de una forma en que no lo eran Monteverdi o Bach.
De hecho pienso que incluso músicas populares, como el Rock o el Pop aparecen impregnadas del concepto de Obra que se cuela por todos lados. Quizás en el Jazz se note menos, o esté más difuminado. Esto tiene muchísimas derivaciones. Otro día pasaré hablar de algunas de ellas… por hoy creo que ha sido bastante. Si he dicho muchas tonterías espero que me las discutáis con toda la intensidad del mundo, porque de eso se trata…

PRESENTACIÓN (Javier Guijarro)

Respondiendo a la amable invitación de Enrique, comienzo aquí mi participación en su blog. Y como me pide de inicio, y a modo de presentación, que dé respuesta a una serie de preguntas sobre mi relación con la música, pues allá voy, totalmente sumiso. Como también supongo que esto no será muy interesante para nadie, intentaré ser breve.

– En primer lugar, por hablar de Potsdam, diré que antes que a la Ofrenda Musical, yo asocio ese nombre a C.P.E.Bach, un músico que me parece fascinante. La Ofrenda Musical me hace pensar en el libro de Hofstadter, que leí con pasión hace tiempo (pero no entero, llegó un momento en que ya no me enteraba de nada) y creo que también le gusta a Enrique.

-Sobre Bach. Bueno, para mí Bach no tiene esa importancia trascendente que veo que tiene para mucha gente. Por supuesto, me encanta su música, pero no es la que más me gusta del mundo. De la obra de Bach me gusta especialmente la obra para clave. Yo, que soy un pianista tan nefasto que no podría pensar en otro peor, disfruto muchísimo tocando la música de Bach, no tanto por el sonido (que también), sino porque me produce una sensación de placer físico bastante inexplicable, cosa que no me pasa con otros músicos incluso si me gusta más su música. Supongo que eso quiere decir que está muy bien escrita para el teclado.
Por otra parte, me pone un poco nervioso el hecho de que cuando se habla de la música de Bach parece que hay que poner los ojos en blanco y tener un éxtasis místico. Reivindico el puro placer materialista y agnóstico en la música de Bach. No creo que sea importante para disfrutarla tener sentimientos religiosos. O, más radicalmente, no creo que la música de Bach, ni ninguna música, tenga nada que ver con la religión.
Y por último, hay obras de Bach que me parece que están sobrevaloradas solo por serlo. El caso más palmario me parece el de la Pasión Según San Mateo. Una obra llena de bellezas inauditas, pero que en conjunto a mí me parece un peñazo, como, por otra parte, todas las óperas y oratorios barrocos en que asistimos a una sucesión tediosísima de recitativos, coros y arias da capo (el aria da capo, esa forma musical anti-dramática por naturaleza) sin ninguna relación entre ellos.

-Me pregunta Enrique por mis compositores fundamentales. Los pongo por orden cronológico, lo que me evita hacer un ranking, pues eso dependería mucho del momento:
– Josquin Des Prez. Hasta los 30 años odié la polifonía, pero el Ave María de Josquin me hizo abrir los ojos. Y desde entonces le soy fiel (a él y a la polifonía). Me parece que sus obras tienen algo que no veo en el resto de polifonistas. Quizás es que las he escuchado muchísimo más. También me apasionan Dufay, Binchois y Ockeghem, así que tiendo más hacia el siglo XV que hacia el XVI.
-Scarlatti (Domenico). No es para todos los momentos, pero hay momentos en los que no puedo escuchar otra cosa.
– Haydn. Según pasa el tiempo, cada vez me gusta más. Y cada vez me sorprende más.
-Mozart. Es mi Dios, ya se sabe. En cualquier lista, en cualquier momento, sería el primero para mí.
-Beethoven. He llegado a aborrecer alguna de sus obras de tanto escucharlas. Representa cosas que odio de la música (el genio, el artista, el arte por el arte, etc… toda la parafernalia romántica). A veces me molesta tanto ruido. Y sin embargo su música, cuando te olvidas de todo lo demás, me deja ver mejor que en cualquier otro lo que es esencial, la estructura, diríamos… No sé si el análisis musical tiene mucho sentido, pero a veces me parece que la obra de Beethoven se presta mejor que cualquier otra a ser analizada. A veces me parece que está escrita para ser analizada. En fin, sobre mi relación con Beethoven escribiría sin parar…
-Schubert y Chopin (son mi faceta romántica. Pero lo son con pasión. Y los dos me parecen muy mozartianos).
-Verdi. Especialmente su última época, y sobre todo “Falstaff” que es mi ópera favorita de cualquier época o lugar. Creo que sólo por Falstaff tiene justificación un género tan absurdo como la ópera. Y además tiene mucha gracia. Y, además, se da el lujazo de mejorar a Shakespeare, que no es moco de pavo…
Bueno, como pasa con estas listas, casi llama más la atención lo que no está que lo que está… Pero esos son mis fundamentales. Ya sé, ya sé, no hay ninguno del siglo XX… ¡qué le vamos a hacer! Es un hecho que ya he aceptado, que la música que mejor sintoniza conmigo es la que se escribió en la segunda mitad del siglo XVIII y los primeros años del siglo XIX.

Bueno, y como no quiero ser muy pesado, el resto de preguntas para otro día.