Mar 01 2016

La sonata pedagógica (2A.— Comienza el desarrollo)

Sonata

En el post anterior pretendía, a semejanza de la exposición de una forma allegro de sonata, presentar las posturas más comunes y más irreductibles de la discusión eterna entre profesores y pedagogos, siempre al hilo del reciente y estupendo libro de Alberto Royo Contra la nueva educación. Hoy pretendo elaborar algunos de esos puntos.

Del autoritarismo profesoral

Autoridad viene del término latino auctor, que significa lo que hace crecer, lo que ayuda a crecer; por lo tanto, se define como aquello que ayuda a crecer bien.

Es lo contrario de la tiranía, porque el interés del tirano es mantener en una infancia perpetua a los que quiere someter.

Decir que los profesores son autoritarios puede emplearse con más de un sentido. Obviamente, el profesor que te daba con la cabeza con la regla de madera (tuve de esos) o bien ya no existe o puede irse preparando a pasar una temporada en la cárcel,  lo cual es bueno. Decir en cambio que los profesores son una figura de autoridad es ya una cosa diferente: un profesor necesita mantener el orden en clase. No hablo de la imagen trasnochada del aula en lúgubre silencio con los alumnos aterrorizados, sino de mantener un mínimo silencio para que el profesor se escuche a sí mismo (a veces, con ciertos grupos, ni me oigo) y, por supuesto, que le puedan escuchar los enseñandos.

Pero es mucho más interesante considerar la etimología de la palabra autoridad: como vais aquí al lado, se trata de ayudar a crecer. Evidentemente espero que todo padre desee que sus hijos crezcan para convertirse en las mejores personas que puedan, en seres humanos íntegros y responsables. Y, evidentemente, si la autoridad es lo contrario de la tiranía, quedan en sospecha todos aquellos que desean retirárnosla. Se habla también a menudo de opiniones autorizadas, refiriéndose a quién emite sus ideas estando suficientemente preparado e informado. ¿No queréis eso para los profesores de vuestros hijos?

Cosa distinta es que el profesor quiera ser tiránico, claro. Psicópatas los hay en todas las profesiones y la mía no es la excepción. Pero tengo la enorme sospecha de que muchos de los que critican la posición del profesor como figura de autoridad recuerdan quizá unos tiempos de dictadura donde las clases eran como eran. Más de un padre o madre ha venido a decirme que si tengo que pegar un bofetón a su hijo, lo haga. Ni que decir tiene que jamás lo he hecho ni lo haré. De hecho, mi técnica más agresiva es, en los pocos casos en que hay griterío en clase hablar cada vez más bajo, hasta que se dan cuenta de que así no pueden tomar apuntes. Lo que me lleva a…

De la experiencia en aula de los pedagogos

De verdad que no quiero generalizar y estoy totalmente seguro de que hay pedagogos nobles que han hecho todos los esfuerzos habidos y por haber para comprobar sus teorías. Pero más de una vez, sobre todo por parte de los que elaboran planes de estudios, da la impresión de que jamás han pasado dos horas delante de un grupo de adolescentes intentando enseñarles algo. No digamos ya un curso completo. No voy a hablar de mantener el orden en clase. Eso es una minucia y se da por hecho, como se da por hecho que en el aula no hay animales peligrosos (no hagáis chistes fáciles): son las condiciones mínimas. Hablo, por ejemplo, de la muy necesaria facilidad de improvisación, para mantener a los alumnos interesados. Hablo de la necesidad de, a veces, adelantar un trimestre un contenido, porque así un determinado grupo va a funcionar mejor. Todas esas son cosas que no pueden planificarse porque proceden de la respuesta inmediata a alumnos concretos. Pero, obviamente, si tenemos que pasar por secuenciaciones, metodologías y competencias, vamos a estar mucho más encorsetados, produciendo así el efecto contrario al deseado.

Del aprendizaje, la memoria, la vida y la autoenseñanza

En nuestro grupo temático “A”, figura: “los profesores intentan que el alumno aprenda y memorice, no que viva y se autoenseñe”, como crítica habitual a los docentes. Yo suelo decir bastante que la principal misión de un profesor es hacerse innecesario: un alumno al que hayamos dado las herramientas mentales necesarias, entre las que figura de manera prominente un sentido crítico y autocrítico aguzado, es un alumno que ya puede volar solo, plantearse sus propios problemas y exigencias. Pero hasta que eso ocurre, debe ser guiado. Un alumno que comience mis clases de armonía comenzará realizando ejercicios muy sencillos, que le costarán trabajo porque a menudo debe contar con los dedos los intervalos. Después los aprenderá de memoria (yo no se lo pido), aunque no sea más que en defensa propia (después de verificar siete u ocho veces que si bemol-fa es una quinta justa, el que no se lo aprenda es excesivamente despistado). Poco a poco ira manejando los acordes y comenzará a expresarse con ellos. Y a pasárselo bien, a menudo. Al llegar al último curso, ya no de armonía sino de Fundamentos de Composición, les explico cómo crear sus propios acordes, su propio lenguaje. Y a menudo me piden que les ponga reglas. Pero es ése el momento en que les digo que se autoenseñen —cosa nada fácil—, cuando ya tienen una práctica y una experiencia. Antes de eso, pedírselo sería una invitación a que volvieran a descubrir el Mediterráneo: que es exactamente lo que harían. Podría, claro está, usar otros recursos. Es más, desearía hacerlo, y comenzar con una armonía mucho más creativa y personal, pero…

De cómo los pedagogos nos imponen planes de estudios sin consultar jamás nuestra opinión

Copio y pego del BOCYL  en que se establecen los contenidos curriculares de armonía. A lo mejor no sobra que añada que todo esto hay que impartirlo en dos años, a dos horas por semana.

El lenguaje musical occidental incluye una multiplicidad de elementos que, aunque distintos en lo conceptual y, por tanto, divisibles analíticamente, percibimos en forma unitaria en un contexto musical. La Armonía se ocupa por un lado, y dentro de una consideración morfológica, de lo que se produce en un mismo instante temporal; por otro, dentro de lo sintáctico, de su relación con lo que antecede y con lo que le sigue: su función en el contexto de que forma parte.

El sistema tonal, que puede ser calificado como una de las mayores y más prolíficas invenciones del género humano, puede llegar a ser, por las consecuencias derivadas de la simplificación que supone, un fuerte condicionamiento para la audición pura de música no compuesta con arreglo a sus postulados y a su mecánica. El conocimiento de sus peculiaridades es, en manos de quien conoce a fondo todas las cuestiones relativas a su formación y disolución, una poderosa herramienta para desarrollar una escucha inteligente y consciente que permita valorar, en su justa medida, tanto la música compuesta según sus principios, como la que no se ajusta a ellos.

Corresponde a la enseñanza de la Armonía el suministrar el conocimiento profundo de dicho sistema, así como la mecánica del funcionamiento de los elementos que lo componen. Por ser la Armonía la continuación del Lenguaje Musical, es lógico que sus aspectos teóricos más básicos estén ya incluidos en los estudios de esta materia didáctica. Por otra parte, la práctica de la entonación y el repertorio del instrumento estudiado, así como la asistencia del alumno a las actividades musicales propias de su entorno social, la habrán puesto, sin duda, en contacto con una práctica y un repertorio basados en el predominio casi absoluto de músicas compuestas con arreglo al sistema tonal, prioritario en su educación y en su formación durante esta etapa de los estudios musicales.

Partiendo de ese supuesto, la enseñanza de la Armonía habrá de ir paso a paso descubriendo al alumno lo que ya sabe sin saber que lo sabe; actuará de forma similar al de la Gramática de la propia lengua: no enseñando a hablar sino a comprender cómo se habla.

En las enseñanzas profesionales de música la enseñanza de la Armonía estará centrada, básicamente, en el estudio de dicho sistema tonal, pero siempre considerado bajo un doble prisma sincrónico-diacrónico: por un lado, considerando que el sistema tonal posee unas estructuras cerradas en sí mismas, que precisamente son estudiables y analizables por la permanencia que conlleva el que dichas estructuras estén estrechamente conectadas a un estilo perfectamente definido; por otro lado, no se debe perder de vista en el estudio de la Armonía que cada estilo ocupa su lugar en el devenir diacrónico del lenguaje musical de Occidente, y que en sus elementos morfológicos y su sintaxis están presentes elementos y procedimientos de su propio pasado y, en forma latente, las consecuencias de su propia evolución.

Por eso mismo, sin embargo, para que esta asignatura esté realmente adaptada a esa realidad indiscutible según la cuál el sistema –tonal-, incluye la génesis de su propia superación, será imprescindible que todos los recursos y procedimientos asociados a la armonía sean estudiados desde dentro y desde fuera de dicho sistema. Sólo si los alumnos llegan a ser capaces de comprender que la armonía ha sido uno de los aspectos –en realidad, uno entre otros muchos–, cuya evolución ha ido transformando paulatinamente la concepción de las ideas musicales, esta asignatura llegará a tener, en los primeros años del siglo XXI, la importancia que merece. Y para ello, será necesario, por una parte, que los principales elementos y procedimientos constituyentes de la armonía sean estudiados también en el marco de los sistemas armónicos pretonales, así como en el de los principales lenguajes musicales posteriores a la era tonal. Sólo así será posible que los alumnos actuales de los Conservatorios entiendan las interrelaciones de la armonía con el resto de los parámetros musicales que generan la música compuesta hasta el momento presente y estén preparados para asumir la que vaya a ser compuesta en el futuro.

Lo peor del asunto es que estoy de acuerdo con mucho de lo que se dice aquí. Salvo con el pequeño detalle de que es totalmente imposible impartir bien todo eso en sólo dos años, mucho menos que los alumnos lo asimilen. Yo creo que, sólo con esto, es innecesaria toda discusión ulterior. Pero vaya, dispuesto estoy.

 

En fin: este artículo está quedando exageradamente largo. En estos días termino el desarrollo. Y, perdón si os molesto con esta sonatina.

 

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21 comentarios

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  1. Estupendo el desarrollo (o parte de él) 🙂

  2. Más, más…

  3. Calla, que acabo escribiendo un libro yo también: más largo que la cuaresma, esto

    1. Tiene visos… 🙂

    2. Puestos a escribir un libro, lo haría de distintos tipos de composición. No lo compraría nadie, claro

    3. Ahí está gracia. Yo lo compraría. Ya tienes uno.

    4. A una inmensa minoría. Como Juan Ramón 😛

    5. Pues no deja de haber quién me pide un libro de armonía. Yo, la verdad, lo que haría con gusto, es uno de diseño de sistemas armónicos. Pero una vez que oferté un curso al respecto no se matriculó nadie, así que los visos no son buenos

    6. Mmmm… bueno, quizás esta vez hubiera más suerte.

  4. Yo estoy descubriendo que…quiero estudiar música! Pero contigo!

    1. Pues con todo gusto

  5. En realidad, creo yo, no es cuestión de 2, 3, x años. Lo importante sería que el alumno, al final, consiguiera algo, que asimilara ese poder que la autoridad le transmite. Para eso debemos estar. Quiero participar en este desarrollo de sonata, y aportar lo que pueda: A Enrique le diría que un muy querido amigo, a pesar de compañero en un conservatorio en el que estuve muchos años, escribió varios libros de armonía y de fundamentos de composición. Cuando, a fin de año recibía muy pocos (iba a decir euros) pocas pesetas de “Autores” decidió directamente sacar él mismo las fotocopias para sus alumnos. Mientras tanto, me pedía, a pesar de ser ya un maestro a punto de jubilación, que le enseñara a manejar Sibelius, o por lo menos Encore, porque así “me entenderán mejor” (mi amigo José Luís). También quería comentar al autor de esta Sonata, a propósito de los que nos enseñan a enseñar, que a este compañero le convocaron para unos tribunales de Premios Fin de Carrera de Armonía en otro conservatorio, y se encontró con una plantilla que aseguraba la imparcialidad del tribunal. Dicha plantilla había que situarla encima del ejercicio para comprobar errores (no os riáis; ésto es verdad). También es bien cierto que, siendo director de un conservatorio, recibí la visita (habitual a mi pesar) del inspector, que ese día, harto de tener que atender reclamaciones de alumnos y padres, me vino a proponer que los exámenes de instrumento deberían de ser “por escrito” para tener más argumentos ante las reclamaciones. Estas personas, aunque parezca increíble son las que gobiernan la educación musical en este país talentoso donde los haya para la Música. Pero nosotros somos los que la impartimos. Lo que es necesario para nosotros es muy sencillo, y muy básico: Tener la capacidad de comprender que lo importante es que los chicos aprendan, digan lo que digan ellos.

    1. Gracias , José Juan. Comienzo por decirte que Carl Philipp y Enrique Blanco son (¿somos?) la misma persona, sólo que según el comentario venga de FB o del mismo blog sale con nombres distintos. Mi más absoluto acuerdo en lo de que lo importante es que el alumno asimile el poder, la importancia, el potencial que tiene. Lo de corregir con plantilla, lo he visto: no digo nada. Y lo de los exámenes de instrumento por escrito… … no sé dónde impartes, pero a nosotros nos hacen grabar vídeos de los exámenes de ingreso, que es lo más parecido. Un saludo y gracias por comentar, que es lo que anima a seguir escribiendo.

  6. Como Alberto… más, más……….

    1. Al tiempo, que sois unos ansiosos. Además, tampoco digo nada que no pensemos todos

    2. Enrique Blanco Rodríguez ahí le has dado…creo que, si no todos, la mayoría pensamos así. Les dejaríamos ocuparse de nuestras cursos durante, pongamos….un simple trimestre…

    3. Una semana. Y nosotros de oyentes. Iba a haber risas

    4. Y nos podríamos intercambiar “remedios” contra el último “item” de ambos listados…

    5. Jejjejj, síiii….risas, risas y lágrimas !!!

    6. Eso es hasta fácil. Se llama ducha. y no me creerás si digo que hay un “ilustre” cátedro de mi especialidad del que se han quejado al respecto: con razón,en mi experiencia

    7. Enrique Blanco Rodríguez aaaggggggggggggggggghhhhhhhhhhhhh!!!!!

  1. […] los dos artículos previos [La sonata pedagógica (1.— Exposición) y La sonata pedagógica (2A.— Comienza el desarrollo)] empezaba a comentar cuáles son las diferencias, que a veces parecen irreconciliables, entre buena […]

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