«

»

Feb 05 2013

Imprimir esta Entrada

Elogio del siglo XX según un guitarrista de barrio

20130205-220709.jpgAlgo de lo que hablo poco, no por ocultarlo sino porque no suele parecerme que a la gente puede interesar, es que yo comencé tocando la guitarra de oído.

Recuerdo ésto porque cada vez más me llegan mensajes de gente e instituciones que parecen creer que como ya acabó el siglo XX, se debe volver a una armonía de acordes perfectos. Si acaso, ya sin obligaciones de quintas, octavas, conducción de voces y demás normativas “sin sentido”. La cosa es “que el pueblo (mira que suena paternalista) te entienda”.

Cómo quisiera tener una manera de transmitir a quienes así piensan la borrachera enérgica de descubrir el “Power chord” (quintas paralelas) de los heavys. El hechizo de descubrir la campanela, el entusiasmo por el acorde que crees haber inventado. Los guitarristas de barrio (a mucha honra, fui uno) quedando para tocar acordes distintos a la vez a ver qué sonaba. Aquellos temas dedicados a las novias (o a las que queríamos que lo fueran) tan basados en pedales que un profesor de armonía convencional encontraría excesivamente atrevidas. La sabiduría profunda de la armonía de la guitarra flamenca (tan difícil de explicar al que no conoce las seis cuerdas).

Los guitarristas de barrio exploran su instrumento. Reinventan el Mediterráneo, normalmente porque desconocían su existencia. Descubren calladamente cosas que, a veces, son de la mayor creatividad.

Veo cada vez una mayor vuelta a territorios “seguros”, músicas de las que hay documentación, técnicas de las que se han escrito tratados. A veces (sólo a veces) en el respeto por la teoría acústica de los espectralistas creo ver una vuelta a la imitación de la naturaleza del sonido iniciada por el tratado de armonía de Rameau (quizá por ello tantas obras espectrales primerizas son indiscernibles). Habría que ver que opinaba un guitarrista flamenco de que “el acorde de guitarra” o el de taranta sea casi inexplicable acústicamente.

El siglo XX, con sus defectos y sus virtudes, representó en alguna medida para muchos compositores una vuelta a la feliz libertad de manejar el sonido por el gusto del propio sonido, no importa el instrumento musical o intelectual que empleasen para ello. Atender a lo que suena, no a lo que nos dicen que debe sonar. ¿Debemos atender a estas voces que nos dicen que el momento acabó, que es hora de ponerse los zapatos caros y la corbata buena y bajar a cenar otra vez a la mesa de la abuela, que no le gusta vernos con vaqueros? Este exguitarrista de barrio no lo hará. Seguiré explorando un mundo sonoro que responde cada vez más exactamente al mapa de las formas en que lo indago.

Sobre el Autor

CarlPhilipp

Eterno compositor, profesor y armonista.

Enlace permanente a este artículo: http://enriqueblanco.net/2013/02/elogio-del-siglo-xx-segun-un-guitarrista-de-barrio/

1 comentario

  1. Chema Mrua

    Si es que me tocas la fibra sensible, Enrique. Como ya sabes, empecé como tú siendo guitarrista de oreja. Ay, qué entrañables recuerdos me traen esos acordes “inventados”, esas progresiones fruto del tonteo con las seis cuerdas. Todavía conservo esas tablaturas en las que se pueden ver mis primeras tentativas de composición, cuando aún el solfeo me era extraño :-D.

    Es curioso que algunas de esas disposiciones de acordes sigan funcionando sólo en la guitarra. Por ejemplo aquellas con una segunda menor (en posición cerrada), donde ésta en un piano suena a disonancia intencionada, y en la guitarra de alguna manera, por su timbre o por lo que sea, suena más “armónica”.

    Y por último compartir contigo que cuando tenía unos 21 años le escribí a mi novia de aquella (que estudiaba guitarra clásica en el conservatorio) mi primera (y última) obra de tenorio que tuve la cursilería de titular “Linda nube arriba en el cielo”. Algún día compartiré la partitura en FB :-D.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: