Mar 21 2012

EL ROMANTICISMO Y LA MÚSICA CONTEMPORÁNEA – 2

Vamos con la segunda entrega. A partir de los comentarios que la primera provocó, creo que se impone una aclaración sobre a qué me refiero cuando hablo de Romanticismo, aunque más fácil es decirlo que hacerlo. Ya habrá resultado evidente que no hablo del Romanticismo en un sentido muy técnico como cuando se habla de la filosofía o la literatura de los románticos alemanes, o de la música romántica, etc. Antes bien, me refiero a algo mucho más general, que surge quizás en Alemania, pero que impregna toda la sociedad europea y occidental a partir de las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del siglo XIX. En este sentido el Romanticismo es un fenómeno cultural, pero no solo cultural. Es algo mucho más profundo. Y en ese sentido es también algo de naturaleza distinta a otras denominaciones que a veces se equiparan, como podrían ser los distintos “ismos” de comienzos del siglo XX o incluso fenómenos también más profundos pero, a mí modo de ver, menos transversales, como el Renacimiento o el Barroco (esto último lo escribo con mucha prevención, tendría que argumentarlo mucho más, pero eso nos llevaría demasiado lejos).

A estas alturas de la historia supongo que todos tenemos claro en mayor o menor medida que las periodizaciones tradicionales nos sirven para bien poco y provocan una frustración mayor que cualquier provecho que de ellas pueda extraerse. Sin embargo, de una forma u otra, todos seguimos usándolas. Quizás porque no tenemos alternativas mejores. Pienso, por ejemplo, en la Historia de la Música que está sacando lentamente al mercado la Universidad de Cambridge. En ella los tomos no se organizan por los periodos habituales (Renacimiento, Barroco, etc.), sino por siglos: cada tomo corresponde a un siglo. Y sí, consigue al menos romper estos rígidos esquemas que nos hemos hecho en la mente para pensar en la historia. Pero el resultado no es más satisfactorio, porque si es problemáticos separar el Renacimiento del Barroco, tanto o más problemático resulta separar 1598 de 1612.

Dicho todo lo cual, si queremos hacer Historia, salvo que alguien tenga una idea mejor, no nos queda más remedio que periodizar. Yo, personalmente, tras muchos años dedicado a leer y estudiar la Historia de la Música Occidental, me había forjado una idea de la misma (que no es una idea mía, sino una idea bastante común) cuyo principal punto de apoyo era de alguna manera técnico, propiamente musical. Resumiéndola mucho, esta idea venía a decir que la Historia de la Música Occidental (una historia basada en las partituras, porque creo que las partituras son el único hilo conductor y el único elemento diferenciador de la Música Occidental) había conocido tres grandes momentos que de alguna manera marcaban su historia:

  1. El primero (con todos los preámbulos greco-latinos y judeo-cristianos que se quiera), perdido en la noche de los tiempos, y que marca el nacimiento de dicha manifestación humana, el momento en torno al año 1000 en que comienzan a escribirse partituras y, al mismo tiempo, comienza a desarrollarse una polifonía compleja que requiere de las partituras (es decir, que al menos hasta cierto punto no puede ser improvisada).
  2. El segundo momento trascendente se situaría en torno al año 1600 y vendría marcado por la aparición y generalización (todo lo paulatina que se quiera) del sistema tonal. Esto sería lo más semejante en Historia de la Música a una revolución científica: un cambio radical del paradigma desde el cual se ve (o se escucha) y se entiende la música.
  3. Y por fin, el último momento fundamental vendría a principios del siglo XX, justamente cuando la hegemonía de la tonalidad se pone en duda (en algunos casos, sin duda ninguna, se la da por muerta) y la música se lanza a un terreno virgen y desconocido.

Como ya digo, esta es una forma de ver la Historia de la Música que comparte mucha gente y que a mí mismo me funcionó durante mucho tiempo. Sin embargo, de un tiempo a esta parte yo me la estoy replanteando muy seriamente. Y con esto quiero volver al tema original del Romanticismo, que ya creeríais que se me había olvidado.

Abreviando: Este cambio de perspectiva me hace ver ahora que justamente en esa época, desde las últimas décadas del siglo XVIII, hacia 1770, hasta, digamos, 1848 por decir un año especialmente relevante en Europa, se produjo un cambio totalmente revolucionario en la música occidental, el cambio más profundo y radical de toda su historia. Un cambio que quizás no se puede explicar tan fácilmente como los otros a los que me refería antes: nace la tonalidad, desaparece la tonalidad, etc. Pero que es muchísimo más profundo.

Por supuesto, es un cambio que no se da solamente en la música: es social, científico, político, filosófico… en fin, de cualquier forma que se nos ocurra mirarlo. Pero que tiene algunas características también de tipo musical (que analizaré si ha lugar en una próxima entrega).

En todo caso, y por terminar por ahora, a este cambio revolucionario es a lo que yo, de manera muy general llamo Romanticismo. Y creo que el Romanticismo así entendido es un fenómeno mucho más fuerte e influyente, desde luego, que el desgarro que se produce en Europa a comienzos del siglo XX, tanto en la historia en general, como en la Historia de la Música en particular. O, para expresarlo mejor, creo que las convulsiones de esta época, incluidas las Dos Guerras Mundiales (especialmente la primera), incluida nuestra Guerra Civil, incluido el dodecafonismo, la pintura abstracta, el atonalismo y así hasta hoy mismo, son fenómenos románticos. O, para explicarlo todavía de otra manera distinta: el corte se produce entre lo que había antes y después de la Revolución Francesa. Que siglo y pico después cayera el Imperio Austro-Húngaro es solo una consecuencia tardía del mismo fenómeno.

No soy capaz de saber si esta crisis que ahora nos ocupa conseguirá terminar con lo que para mí es la época romántica. Hay ciertas cosas que ocurren y que se empiezan a escuchar que podrían sugerirlo… En fin, el tiempo lo dirá. Espero haber aclarado algo mi postura y, si Júpiter tonante no lo remedia, la próxima vez me centraré un poco más en la música.

Post-scriptum: Ya sé que Enrique me acusa (y se auto-acusa) de no poder renunciar a las citas. Pero yo, que soy hijo y reo de mi formación, no puedo renunciar a mi cultura libresca y nada espontánea. Y reconozco que en este cambio de perspectiva me han ayudado o empujado algunos libros tanto de música como de otras materias. Y como de bien nacido es ser agradecido, cito algunos de ellos: los estudios de Safransky sobre el Romanticismo alemán en general y sobre algunos autores en particular. Algunos escritos de Alessandro Baricco (no tanto los específicamente musicales, como su ensayo I barbari). Y ya en un plano más estrictamente musical, muchas ideas de la polémica Historia de la Música de Richard Taruskin (Sí, me la he leído entera, lo reconozco, con lo que eso significa también de pérdida miserable de tiempo…) y, sobre todo, un libro fascinante de Karol Berger: Bach’s Cycle, Mozart’s Arrow An Essay on the Origins of Musical Modernity.

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2 comentarios

    • Daniel Roca on 21 marzo, 2012 at 18:04
    • Responder

    Muy de acuerdo en la visión que planteas. Solo apuntaría (puestos a especular) que en mi opinión ese romanticismo del que hablas ya murió con la muerte de las utopias que quedaban con la caída del Muro y la constancia de la fragilidad del mundo occidental, primero el 11S y después con la crisis, que para mi es una consecuencia tardía de lo anterior. Y uno de sus rasgos en música es el desmorone de las vanguardias y lo que muchos llaman la muerte de la música clásica, que para mi es en realidad un síndrome se “príncipe destronado” mas que una muerte.

  1. No puedo estar ni de acuerdo ni en desacuerdo con lo que dices. Como has dejado para un artículo posterior definir en qué consiste el cambio que comentas, nada puedo añadir.

    Ahora bien: si ese cambio estuviera relacionado con el aprecio (casi cabría hablar de invención) de la individualidad, hasta extremos jamás conocidos previamente…

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