Mar 12 2012

EL ROMANTICISMO Y LA MÚSICA CONTEMPORÁNEA – 1

Hace ya tiempo tuve la ocurrencia de decirle a Enrique, tras asistir a uno de sus estrenos, que en el fondo me parecía un romántico. En ese momento a él le pareció un poco ofensivo, pero luego, como cualquiera que le conozca habrá supuesto, me invitó a escribir en su blog diciéndome, justamente, que desarrollara ese tema…
Probablemente lo que yo pueda decir no estará a la altura de este blog, pero al menos me gustaría ver si a alguien (incluido el propio Enrique, por supuesto) le interesa debatir sobre un tema que me obsesiona. Y es justamente ese del Romanticismo, y más concretamente sobre la pervivencia del Romanticismo, para mal y para bien, en nuestras vidas, en nuestra música y, sobre todo, en nuestra relación con la música.

 
Yo tiendo a ver el Romanticismo como una especie de masa informe, viscosa, pegajosa, que por todas partes se mete, que todo lo pringa, que a todo contagia. Ha habido y hay gente que a toda costa intenta luchar contra tan proteico enemigo. Pero es inútil. Si atacas al Romanticismo por el lado de los sentimientos, él contrataca por el lado racional. Si le atacas por la estética, él se te cuela por la ética. Si intentas doblegar su faceta religiosa, te lo encuentras de nuevo en la ciencia. Más concretamente, en la música, intentas acabar con la visión armónica de los románticos, y resulta que se te ha colado el romanticismo en la forma. Y un larguísimo, larguísimo etcétera.
En el caso del arte en general, y de la música en particular, yo no puedo evitar pensar en el siglo XX como un juego del escondite constante entre las vanguardias y el Romanticismo. Cuanto más intentaban huir de él, más instalado lo tenían en casa. El caso más paradigmático, es el del expresionismo, que no parece sino una versión llevada al límite del Romanticismo. Por poner un ejemplo clásico, ¿hay algo más parecido a un cuadro de Rothko que un cuadro del pintor romántico por excelencia, Caspar David Friedrich?:

 

 

 

En fin, el tema es enorme para poder tratarlo sin aburrir en una simple entrada de un blog que, además, no es mío. Por tanto hoy quiero abordar solamente una primera faceta: el concepto mismo de obra de arte, que en el caso de la música es incluso más escurridizo que en el de otras artes. En el relato Johannes Kreislers, des Kapellmeisters, musikalische Leiden, escrito a principios del siglo XIX, E.T.A. Hofmann, uno de los primeros teóricos del Romanticismo, define así el papel que debe cumplir un músico cuando interpreta una obra seria, una obra de arte musical:

 

El artista genuino vive solo para la obra que interpreta en cada momento, a la que comprende como el mismo compositor. Consigue que su personalidad no cuente para nada. Todos sus pensamientos se dirigen a dar vida a todas las maravillosas y atractivas imágenes e impresiones que el compositor depositó en la obra con su poder mágico. (Esto lo he traducido de una traducción inglesa, así que espero que tenga parecido con lo que decía Hofmann)

 
Independientemente de lo que pensemos del papel del intérprete, es este concepto de obra musical, o, mejor, de Obra Musical, el que creo que es típico del Romanticismo, totalmente ajeno a cualquier otra cosa que hubiese existido antes de las últimas décadas del siglo XVIII. Es un concepto muy extraño, pero que nosotros no podemos superar, hemos nacido con él y lo aplicamos a todo (cuando digo nosotros, me refiero a mí, pero creo que le pasa a mucha gente). Y pensamos constantemente en Obras Musicales: la séptima sinfonía de Beethoven es una Obra Musical. El concierto de violín de Brahms es una Obra Musical. La Sinfonía de los Salmos. El concierto de Aranjuez. Incluso 4.33 es una Obra Musical.En un libro precioso (aunque a veces muy polémico) sobre este asunto, Lydia Goehr dice:

 

Describo un conjunto completo de desarrollos estéticos, musicales, políticos y sociales que durante el final del siglo XVIII contribuyeron a fundar lo que se conoce como “el museo imaginario de obras musicales” – una institución musical y una práctica que por primera vez orientaba sus actividades y sus objetivos hacia la producción e interpretación de obras musicales consideradas además dentro de las Bellas Artes. Para esa tesis resulta central la afirmación de que Bach no intentaba componer obras musicales. Solamente si adoptamos una perspectiva moderna, una perspectiva extraña para el propio Bach, diremos que las compuso. Y si examinamos la práctica musical anterior a 1800 veremos que carecía de la función regulativa del concepto “obra”. (Vuelvo a pedir perdón por la apresurada traducción)

 
En este sentido, la mayor parte de música del siglo XX tiene esa aspiración a convertirse en Obra. Creo que pocos compositores han logrado zafarse de ello. Y en ese sentido, son herederos y continuadores del Romanticismo, de una forma en que no lo eran Monteverdi o Bach.
De hecho pienso que incluso músicas populares, como el Rock o el Pop aparecen impregnadas del concepto de Obra que se cuela por todos lados. Quizás en el Jazz se note menos, o esté más difuminado. Esto tiene muchísimas derivaciones. Otro día pasaré hablar de algunas de ellas… por hoy creo que ha sido bastante. Si he dicho muchas tonterías espero que me las discutáis con toda la intensidad del mundo, porque de eso se trata…

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7 comentarios

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    • Daniel Roca on 12 marzo, 2012 at 22:02
    • Responder

    Totalmente de acuerdo en que las vanguardias son el último refugio del Romanticismo. Y de hecho si (acaso) aún vivimos en esta ideología (yo no, al menos no en lo que se refiere a mi actitud al componer), el mundo creo que ya no vive en ella, o no vivirá dentro de poco en ella. Y creo que la crisis de la música clásica, tan mencionada últimamente, tiene que ser con este mundo ya tan alejado del Romanticismo. Diría más, que cuando intento enseñar a alumnos hoy, noto como en gran parte hay que “explicar” estas nociones románticas, porque muchos ya no viven en ellas.

    Recomiendo, para reflexionar sobre todas estas cosas, el magnífico, brevísimo y facilísimo de conseguir “De Madonna al Canto Gregoriano” de N. Cook. (Alianza).
    (y para una historia del s. XX con una visión más posmoderna que romántica “El ruido eterno” de A. Ross.

  1. Creo que es muy interesante esta línea de discusión que inicias. Ojalá deje de tomarse como ofensa que le digan a uno “Romántico”. Respecto a que Bach no tenía en mente componer obras musicales, no sé yo… podrías escarbar un poquito a ese respecto?

    No sé si estamos dejando de estar modelados por los cánones románticos, pero creo que por suerte nos da cada vez menos miedo compararnos con ellos, al menos en mi caso. Con ellos o con cualquier otro género musical, a la hora de componer… Ánimo!!

  2. ¿Ofendido porque me consideres romántico? Para nada, sólo curioso por tus motivaciones. Te recuerdo que la obra a la que te refieres tenía apoyo visual, de claras influencias de la novela gótica. Esperaba de tí, y se se demuestra que hice bien, mayor profundidad que esa.

    El siglo pasado (juraría que siendo aún estudiante, jamás se me ocurre datar ni escritos ni partituras) escribí:

    También opino que esos mismos historiadores nos considerarán como la consecuencia lógica del movimiento romántico. Recordemos la proliferación de fuentes del mismo: diversas músicas populares (los nacionalismos), la herencia del pasado casi inmediato (la admiración por Beethoven), la recuperación de pasados más lejanos (la recuperación de Bach por parte de Mendelsohn), la búsqueda de nuevas conquistas y medios (“ninguna obra puede ser buena si no contiene al menos un acorde nuevo”, decía Liszt). No es preciso limitarse a la música: en literatura, los hermanos Grimm, entre otros, recuperan y dan un puesto de prestigio entre los grandes a los relatos populares; en arquitectura, se toman estilos de todo el mundo y todas las épocas como modelos dignos de imitación, etc. Es claro, por tanto, que ya en nuestro más inmediato pasado se abocetaban características poliestilísticas como las nuestras. Es cierto que nuestra música nació como reacción contra el Romanticismo: sin embargo, ninguna reacción estética deja de aprovechar lo que un estilo anterior tenga de utilizable.

    El texto en cuestión figura desde la primera encarnación de esta web, pero existe, si no me equivoco, desde que hice primero de contrapunto. Aquí tenéis el escrito completo.

    Supongo que no hay tan gran diferencia entre considerarse consecuencia inevitable del Romanticismo y que nos veas como unos nuevos románticos. Ten por seguro que ni me ofendí ni me ofendo. Pero mucho más me interesa algún punto que comentas. Tanto que me voy a permitir tomarme unas horas para contestar. Mi acuerdo contigo no es completo, pero coincidimos más de lo que creo que sospechas. Sobre todo porque estoy cambiando de opinión respecto a ciertos aspectos concretos de qué debe hacer un compositor.

  3. Sobre el concepto de obra: son muchas las explicaciones que podrían darse. Voy, con permiso, a arrimar el ascua a mi sardina y lanzar alguno de mis pensamientos.

    Un panadero no aspira a hacer la barra de pan perfecta: aspira a hacer pan todos los días y vivir de ello. Es indudable que algunas barras le saldrán perfectas o cercanas al mismísimo arquetipo platónico de la barra, lo que será tanto más cierto cuanto mejor panadero sea. Pero el objetivo no es una barra individual: es hacer pan.

    Un fabricante de muebles no aspira al mueble perfecto, pero cuanto mejor sea cada uno de sus muebles, mayores serán las posibilidades de que se gane la vida con su oficio. Nadie, salvo casos que la mayoría de nosotros consideraríamos “raros” piensa que la silla número 27 del más afamado creador de muebles estilo Luis XV es una parangón supremo del arte mobiliario.

    ¿No será posible que algo de esto debiéramos aplicarnos?

    Una de las interpretaciones que suelen darse al fragmento “El infierno de los músicos”, de “El jardín de las delicias” de el Bosco es que representa a músicos que han dado más importancia al instrumento que a lo que se hace con él (se da mucho). O sea, que ponen el medio por encima del fin.

    Pienso que el caso aplicable al compositor sería el de dar más importancia a la obra que al hecho de componer. La obra más importante debe siempre ser la siguiente, por cariño que tenga uno a las que ya ha hecho. Bueno y necesario es disfrutar de las que uno ya terminó. Pero no reverenciarlas.

    Conozco un compositor (no voy a decir su nombre) que tiene por costumbre dejar en sus partituras notas para el historiador y el analista. Me parece un exceso y un atrevimiento.

    Quizá el mismo impulso que hace que nazca el virtuoso en el Romanticismo es el que hace que nazca el “hipercompositor”, que tanto se ha dado. Individualista, pagado de sí mismo y de su obra. Carente de sentido del humor.

    Será por la edad, pero pienso que eso ha hecho mucho daño. Jamás renunciaré las conquistas del siglo XX. Pero insisto, debo hacerlo, en que es necesario un espectro musical completo que abarque desde las más ínfimas obras para niños, escritas si es necesario en redondas, hasta las más complejas creaciones sinfónicas. Quién no se vea en alguna de las dos situaciones y en todas las intermedias, no es, a mi juicio, un artesano completo.

    Más podría añadir, pero me reservaré para el próximo artículo de Javier.

    • Javier Guijarro on 14 marzo, 2012 at 19:00
    • Responder

    Una respuesta corta y apresurada.

    A Enrique: tú respuesta me ha recordado a la lectura, ya lejana y casi nebulosa, del tratado de armonía de Schoenberg traducido por Ramón Barce cuando todavía eramos jóvenes. No recuerdo si en el prólogo del propio Schoenberg, o en la introducción preciosa que le escribió Ramón Barce (yo ahora tengo una edición inglesa y no consigo encontrar la cita) aparecía una reflexión de Schoenberg diciendo algo así como que él no se consideraba para nada un artista, y que quería ser recordado como un artesano, y no sé si por leerte a ti, incluso me parece que se comparaba a un ebanista o un carpintero… Bueno. Tanto en Schoenberg como en ti aprecio la idea pero:
    1.- Me parece que (por no hablar de ti) Schoenberg fracasó estrepitosamente. ¿Alguien le considera un ebanista hoy, o le consideró un ebanista entonces? ¿Fue su relación con la música la misma que la del ebanista con la madera? Me cuesta creer que alguien respondiera afirmativamente…
    2.- Incluso si aceptáramos que Schoenberg fue y trabajó como un artesano de la música, ¿no ves también en esa misma aspiración un ejercicio de Romanticismo, así con mayúsculas? Es lo que yo decía, uno intenta liberarse del Romanticismo, salimos corriendo de él, y, sin saber cómo nos damos de bruces con él. De hecho, esa filosofía del obrar, del hacer… a mí me recuerda el Walden de Thoreau… que me parece un romántico sin tapujos.

    A Daniel. Me sorprende enormemente lo que dices de tus alumnos. Yo en los míos no veo más que Romanticismo (a veces un poco tranochado y de la peor calaña, a veces más emocionado…), pero en fin, sobre todo Romanticismo. Y lo mismo me pasa con la postmodernidad. Claro, la postmodernidad como el romanticismo se manifiesta de muchas formas. Pero esencialmente me parece una renuncia al intento de huír del Romanticismo para dejarse caer en sus brazos sin disimulo. El problema, claro, es que deberíamos definir de qué hablamos cuando hablamos de Romanticismo y/o cuando hablamos de postmodernidad. Intentaré aclarar mi perspectiva, pero necesito más tiempo.

    Y a Manu, sobre Bach: Claro que componía obras musicales. Y muy bien. Pero así como en Schoenberg no lo veo, creo que en el caso de Bach si que era un ebanista musical. Aunque claro, dos siglos de historia nos lo han petrificado, y sus sillones se han convertido en obras de arte. Qué le vamos a hacer…

  4. ¡Parece que no sabemos escribir sobre este tema sin recurrir a las citas! Lo que en sí mismo, algo tendrá que ver con el romanticismo.

    La cita que no encuentras es del propio Schoenberg. Su sustancia es que compara al artista y al artesano y dice que, sin llegar a ser el segundo, no hay posibilidad de convertirse en el primero. Pone como ejemplo un atril que encargó a un carpintero en cuyo plano él había solicitado cierta decoración que el ebanista rechazó por ser mala para la estructura.

    Yo sí tengo a Schoenberg por gran artesano y artista.

    De las otras cosas que salen en estos comentarios, yo diría que buena parte de ellas provienen de que estamos empleando la palabra “Romanticismo” con diversos grados de amplitud, de ahí los equívocos.

    Respecto a la postmodernidad, muy de acuerdo contigo. Ya que andamos de citas, ¿habrá un romántico que lo sea más que Poe? Pues en varios de sus relatos describe su casa ideal, que contendría desde sarcófagos egipcios a cuadros modernos, sin olvidar muchos más elementos de diversas épocas y culturas. La postmodernidad hecha vivienda, en suma.

    Bueno, esto ha sido una respuesta apresurada a tu respuesta apresurada. Convendrá que nos explayemos.

  5. Creo que esta discusión toca de lleno una de las grandes problemáticas de la música de nuestros días. Gracias a Javier por el brillante artículo y por suscitar este no menos brillante intercambio de argumentos.

    Uno de los conceptos románticos que más vigente sigue es el de la necesidad de que el creador sea original para reafirmarse como individuo y separarse del resto. Parece el valor de una obra resida en lo que tiene de único, nuevo y diferente. Y esto me plantea algunas dudas. En primer lugar, la postmodernidad, como bien dice Javier, “se deja caer en los brazos del Romanticismo sin disimulo” y toma, según mi parecer, ese carácter individualista del creador y de la obra. Pero, en el Romanticismo, ese principio era un principio ético que se reflejaba en buena parte en la propia vida de los artistas, y también en su obra. ¿No existe el peligro ahora, al menos en algunos casos, de que ese presupuesto de la originalidad sea puramente estético, sin ningún trasfondo ético que lo apoye? Hoy en día, las nuevas tecnologías y el facilísimo acceso a la información a través de Internet chocan con el concepto tradicional de originalidad, a mi modo de ver…

    Por otro lado, ¿es suficiente con darle valor a una obra tan solo por lo que tiene de “nuevo”, en el sentido amplio del término? ¿Es eso duradero? El Romanticismo buscaba, ante todo, la trascendencia del individuo, pero para eso no bastaba con ser original…

    Muchas dudas. Por eso estoy totalmente de acuerdo con Enrique: un compositor no deja de ser un artesano que vive de componer, no de lo ya compuesto.

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