Feb 25 2012

Made in Bach

Si a estas alturas tengo algo por cierto es que Bach era bueno y además de saberlo, gustaba presumir de ello.
Y digo presumir por tomarme la licencia poética y evitar el feo término fastidiar. Ya no me atrevo con martirizar.

Creo de sobra sabido por todo instrumentista que Bach es un sutil mentiroso en cada una de sus obras. Por mucho que se haya estudiado, por trillado que esté el pasaje complicado (que en toda obra que se precie ha de estar y sufrirse) siempre surgirá el fallo de última hora, siempre en un lugar distinto, sabido o insospechado, y siempre, por supuesto, fuera del control del ejecutante.

Bach es así, por eso nos gusta tanto, porque es como un sudoku enorme donde siemmmmmpre faltará un último cuadro por rellenar. Bach es una eterna sorpresa. Es el as en la manga.

Sin mucha dificultad, como haré a continuación, se puede demostrar que la combinación Bach+Fuga+Órgano está intrínsecamente abocada a violar tres o cuatro leyes de la física, como poco.

Por esto, aprovechando que estoy estudiando una fuga que, aunque lleva por sobrenombre “La Pequeña”, de pequeña tiene lo que yo de rapera, me da pie a exponer a continuación, en 7 módicos pasos, todo lo que uno debe tener en cuenta antes de comentar cualquier ejecución organística de una fuga de Bach.

  1. Mírela siempre con respeto. Ya sea durante el estudio o al pasar junto al teclado de reojo. Jamás racanee en respeto hacia una fuga de Bach. Puede ser lo último que haga. La pérdida de respeto es mutua y la fuga, por edad, sabe mucho más que usted. Con un primer vistazo a una fuga se localizarán los puntos negros. Y lo van a ser por siempre, no lo dude. 
  2. No tenga prisa. Tenga siempre presente que Bach, y una fuga sobre todo, es como el vino. Hay que dejarla reposar para que mejore poco a poco. Ella ya sabe que es buena y buscará, porque ya lo ha logrado muchas veces y sabe cómo, que usted se rinda y opte por el canon de Pachelbel. Está orgullosa de ser un medio de selección natural y ejerce su poder sin compasión.
  3. Si no es usted organista no crea que se ha librado del poder de las fugas de Bach. Coja la partitura de una fuga para órgano, admírela con devoción y dedique unos minutos (o lo que necesite si es usted cantante o percusionista) a localizar los sujetos, contrasujetos y demás mafia fuguística.
  4. Una vez hecho esto imagine cada voz en un instrumento distinto. Si no han perdido la cuenta y tiene buen gusto, posiblemente le hayan salido algo así como dos flautas, una trompa y un trombón. Un cuarteto precioso. Si han tenido suerte además los cuatro se sabrán sus papeles, tocarán a la vez y con un poquito más de suerte hasta harán música entre ellos.
  5. Ahora haga el esfuerzo de juntarlo todo entre manos y pies de un organista.
    Las fugas son las mayores fuentes en energía cinética para un organista. No tienen más que observar a uno de espaldas. Intenten casar el movimiento de sus pies con el juego de sus manos. ¿Qué, parece difícil?
    Pues si el organista es bueno, seguramente les parecerá que lleva haciendo eso toda su vida. Si no, sudarán con cada malabarismo del sufridor. Un organista es por definición una persona, con mayor o menor cordura, eso depende del momento y el repertorio, pero una al fin y al cabo.
  6. ¿Empiezan a entender ya la inversión en aspirinas y café que conlleva cualquier obra de Bach para órgano?¿Y ahora qué, les parece difícil? Pues difícil no, es un SINDIÓS.
  7. Y dicho esto, tienen permiso para sentirse inútiles todos los que tocan un instrumento monódico, sin    chicha ni limoná.

 

 

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3 comentarios

  1. Mis felicitaciones a la autora por este artículo (y todos los demás) y todos mis respetos a aquel que se aventure a adentrarse en los oscuros e intrincados caminos de las fugas de órgano de Bach. Estupendo ejercicio de gimnasia física y mental digno de admirar.

    Quizás, simplemente, dos objeciones. La primera: algunas veces, a pesar de todo, bien en la teoría o bien en la práctica, alguien llega a desenredar la maraña, alguien llega al centro del laberinto, y entonces se entiende qué maravilla guardaba tan celosamente aquella arquitectura contrapuntística tan refinadamente maquiavélica y, sobre todo, por qué lo hacía.

    Y la segunda objeción, esta vez más mundana, al paso nº 7. Como violinista es mi deber defenderme del comentario: imagínense ustedes ahora a uno de esos instrumentos monódicos “sin chicha ni limoná” teniendo que enfrentarse a tres fugas a tres voces del mismo maestro al que aludimos, el grandioso Bach. Y, por cierto, a una fuga a cuatro voces de otro maestro no menos inconmensurable, mi querido Bela Bartók. No es tarea menos hercúlea… Las malas lenguas cuentan que nosotros, pobres monodistas sin sentido de la perspectiva, tan solo podemos falsear la polifonía. Que no nos engañen: el Romanticismo ha hecho mucho daño, pero un violín puede “polifonear” perfectamente si se lo propone. De hecho, estas y otras obras de Bach para violín solo se encuentran en el mismo autor transformadas en obras para laúd, para órgano (¡!) o incluso, en partes de cantatas, sin añadir demasiadas notas.

    …y cierto amigo me dijo un día haber escuchado una fuga a tres voces para oboe solo…

    • Daniel Roca on 28 febrero, 2012 at 22:30
    • Responder

    gran post. Me quito el sombrero.

  2. Jajaja, Ana, solo te falta decir:

    Y dicho esto, tienen permiso para sentirse inútiles todos los que tocan un instrumento monódico como el piano, sin chicha ni limoná ni pedales dignos de tal nombre…

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