Ene 25 2012

Ensoñar el Barroco: Agudeza y Clave de Ingenio (y fin)

Ésta es la “versión beta” del concertante para clave que vengo anunciando desde hace muchos artículos. Para la versión definitiva necesito comentar con Alfonso algunos pasajes y discutir el tema de equilibrios, que puede hacer que añada bastante más densidad en secciones que ahora son muy ligeras.

Sobre los sonidos MIDI

Parece que, a estas alturas, debería resultar superfluo quejarse de lo mal que suena el MIDI. Pero en este caso debería hacer aclaraciones suplementarias, debido a las características únicas del timbre del clave.

  1. De más está decirlo: ningún clave suena con esa dureza ni esa sequedad.
  2. Las subidas y bajadas de volumen del clave no responden a que desconozca que, en principio, no es capaz de hacerlas. El programa me ofrece la alternativa de “interpretar” por medio de un algoritmo o hacer todos los instrumentos con notas planas y horrorosas.
  3. He bajado bastante la dinámica del clave. Unos cuantos trucos he empleado en mi escritura, algunos tomados de mi querido Carl Philip Emanuel Bach, otros del contrapunto y aún otros de la acústica, que creo pondrán al clave en mejor situación de la que suele con respecto al grupo. Tan seguro estoy de que algunos han de funcionar como de que otros probablemente no lo hagan. Así se estrene, para quién esté interesado, haré saber qué técnicas son las que funcionan.
  4. El MIDI siempre hace parecer lentos los tempi. Más aún en este caso, donde la máquina no concede al clave resonancia alguna. Estoy seguro de que, probablemente, los intérpretes deseen bajarlos, en interpretación real para que los sonidos no se entremezclen. Y la sensación será de mayor velocidad.
  5. ¿Qué decir de la cadenza? Baste comentar que ni siquiera he intentado flexibilizar los tempi. Lo aquí expuesto es sólo una muestra de lo mucho mejor que sonará con intérpretes.

Ensoñar el Barroco: Agudeza y Clave de Ingenio

Una niña que sueñe con ser princesa medieval nunca piensa en las pésimas condiciones de salud, en el trabajo constante, la breve esperanza de vida, en tejer hasta perder la vista, en las, en fin, horripilantes y breves vidas de nuestros antepasados (nunca, con todo y crisis, agradecemos lo bastante vivir en una época tan cómoda).
No, la niña en cuestión no quiere viajar en el tiempo. Inventa un trasmundo, una historia contrafactual en que todos esos problemas no existen, o se solucionan, por ejemplo, mediante la presencia de magos u otros seres salvadores.
Acabo de terminar, pendiente en primera instancia de mis últimos retoques y, en segunda, de los cambios que proponga mi solista, Alfonso Sebastián Alegre, un concertante para clave y cinco instrumentos (la misma plantilla del Concierto de Falla).
Mi primera intención era escribir una obra en que el clavecinista se reconociera. Por formación están acostumbrados, más que a otras cosas, a ornamentaciones, pautas rítmicas concretas, cierta facilidad improvisatoria…
Hubiera sido fácil escribir una falsificación del mundo barroco que, más o menos, hubiera dado impresión de pertenecer a la época. Últimamente (y, en mi opinión, con serios problemas estructurales y de comprensión de la época) proliferan los neo-neo-barroquismos, en aras de un mal entendido amor a los gustos del público.
Más difícil y satisfactorio hubiera sido un replanteamiento del barroco como el que pueden haber hecho, por ejemplo, Stravinsky en el concierto de violín o Hindemith, muy de otra manera, en gran parte de su producción.
Pero ninguna de estas ha sido la forma elegida. Con mayor o menor acierto, he intentado partir del clavecinista. Dando, por ejemplo, en intentar no hacer fatigoso el estudio he pensado a menudo en “moldes” de mano, que se han acabado por convertir en garantes de la continuidad armónica. Intentar que cada compás no fuera un desafío nuevo ha acabado por establecer ciertos gestos que, si no pueden en rigor llamarse motivos, están en la más próxima cercanía. El instrumento, o lo que creo saber de él y del que lo maneja, me han dado las pautas.
Es inevitable que hayan surgido referencias barrocas. Al principio las rechacé. Estamos muy acostumbrados a rechazar técnicas tales como el Fortspinnung o una música con sucesos análogos a la cadencia.
Poco a poco me fui metiendo en un mundo contrafactual propio. Un lugar en que Bach y Debussy, yendo a visitar a Takemitsu, hablarían de las últimas obras de Ligeti, y de cómo no deja de ser interesante lo último que Couperin ha publicado para clave. Una época, dorada para mi, en la que Vivaldi y Berg compararían notas sobre sus conciertos para violín. Un mundo, por cierto, en el que se ha filtrado algo de Haydn (desafío al lector a encontrar en qué sentido digo esto).
¿Posmodernidad? No. La llamada contemporaneidad, tristemente, se ha convertido para algunos en un nuevo conjunto de reglas irrenunciables, y me parece muy poco menos inteligente prohibir los intervalos de segunda y séptima que declararlos obligatorios. He buscado una paleta armónica, melódica (una sucesión de alturas es una melodía) y formal completa, plena, flexible. Escribo desde el que ha sido mi trasmundo barroco. sin respeto ni rechazo a antiguos y modernos, pero con una enorme atención al resultado sonoro. Escribo desde mi concepto de la música, donde Froberger figura con un derecho tan propio como Berg. Pero no niego la historia, simplemente declaro que no quiero pastiches sino síntesis.
Por alguna razón, no dejo de pensar en las declaraciones de Ligeti en una entrevista, en el sentido de que, tras inventar y desarrollar la micropolifonía, dejó de rechazar la polifonía convencional: simplemente usaba todo el ámbito entre la micro y la macropolifonía.
No debo ser el único habitante de esta fantasía. Stravinsky declaraba desear haber sido Kapellmeister, para haber podido producir más. Y es bien conocido el respeto de Ravel y Debussy por el barroco francés.
En este camino he sentido, al hacer la obra afinidad por algunas voces: bienvenidas sean, pues todas me son muy queridas.
En los últimos momentos del concierto, instalado ya con plena satisfacción en mi ensoñación barroca, no he dejado de introducir alguna referencia consciente: momentos de cierto contrapunto al uso convencional (hubiese necesitado muchos más instrumentos para emplear mi propia visión del contrapuntismo), y una pequeñas referencias a dos danzas de la suite barroca. Encuéntrelas quien las busque.
Disfruté este trasmundo. Posiblemente vuelva a él, y, en todo caso, os doy la bienvenida al mismo.

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