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¿Por qué no hay por qués?
Es una pregunta que, como profesora, me estoy haciendo últimamente, quizá por el tipo de alumnos que estoy teniendo éste año, que vienen mayoritariamente de años anteriores, y no hay forma de que tengan la más mínima independencia.
¿Por qué no se preguntan el por qué de las cosas? Noto una cierta desafección de los chavales por conocer los entresijos de lo que hacen, una falta de curiosidad por las herramientas que utilizan, y sobre todo una gran indiferencia por el resultado. No se preguntan “por qué no me sale ésto”, o “por qué hago ésto mal”, y desde luego no hacen uso de las HERRAMIENTAS de las que disponen desde hace años, puesto que me he preocupado mucho por proporcionárselas.
¿Es una consecuencia del sistema educativo, de la sociedad, del entorno familiar? Porque yo me niego a pensar que en la época en la que vivimos, en la que hay información disponible para todo el mundo, los chavales sean “mas tontos” que antes, como defienden algunos de mis compañeros. ¿No será que están acostumbrados a que se les de todo hecho?
Acerca del autor
YayaCeravieja
Estamos en Potsdam 1747, así que, ¿qué significa para tí la Ofrenda musical?
Pues….es que no me gusta mucho, no puedo evitarlo. Ciertamente, sé reconocer que es una obra maestra, pero no me llega.
¿Qué lugar tiene la música de Bach en tu vida?
Un lugar un tanto equívoco. En general no nos llevamos especialmente bien, pero las excepciones me maravillan completamente. Dicho de otra forma: o me fascina, o me aburre soberanamente, sin término medio.
¿De qué forma te relacionas con la música?
De una forma absolutamente visceral. Generalmente la música me llega al estómago y a cada uno de mis huesos, y tengo que OBLIGARLA a pasar por el cerebro. Y el tiempo no lo ha paliado, al contrario, cada vez es algo más físico, lo que me pone en algún apuro que otro…
¿Qué tipo de música practicas?
Toda la que pillo. No le hago ascos a nada: en cualquier pieza puedo encontrar algo que me fascine, así que toco todos los estilos que puedo.
¿Cómo empezaste con la música?
Decisión propia. Con 8 años, me regalaron un tecladito pequeño por mis buenas notas en el colegio. A los 15 minutos, le dije a mi madre que quería ser pianista. Hasta hoy.
Dinos entre tres y diez compositores o intérpretes sin los que no concibes tu vida.
Imposible vivir sin Beethoven, Debussy, Rachmaninov y Liszt, en ese orden. Y cuando digo imposible, es literal. Su música siempre me está rondando la cabeza…
¿Cuál es tu postura sobre la música reciente?
La verdad, es que tengo ciertas reservas. Hay cosas fantásticas, y hay verdaderas tomaduras de pelo, según mi opinión. También según mi opinión, los concursos no significan nada, están muy politizados, y pueden ganar tanto los mejores como los mejor vistos, dos opciones que no siempre coinciden (de hecho, en mi experiencia, casi nunca). Creo que hace falta que la música actual pase por el filtro del tiempo para poder juzgarla. Por ahora, la toco y me hago mi juicio personal.
Cuéntanos algo de ti que normalmente no contarías a nadie.
Me gusta el rap. No puedo evitarlo, francamente. Y me encanta el grunge, el rap, el rap metal….. RATM, Muse, Nirvana, Linkin Park…éstos gustos generan cierto desconcierto entre mis colegas, pero me da igual.
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11 comentarios
Heinrich Schütz
8 noviembre, 2011, a las 12:50 (UTC 2) Enlace a este comentario
Yo, curiosamente, me he encontrado con el caso contrario. Siendo un alumno especialmente curioso, muchas veces he preguntado a mis maestros el por qué de las cosas. Y muchas veces esa pregunta se ha tomado como una puesta en duda de los conocimientos del profesor y no como un afán por saber más. Ahora me lo pienso antes de preguntar nada, y al primero al que le pregunto es a mí mismo.
Tom Hagen
8 noviembre, 2011, a las 13:26 (UTC 2) Enlace a este comentario
Suscribo esta experiencia.
CarlPhilipp
8 noviembre, 2011, a las 14:15 (UTC 2) Enlace a este comentario
Pues yo os suscribo a todos. Psicópatas y malos profesores y alumnos los ha habido siempre. Gente que no permite la duda del alumno (quién sabe si a veces porque no podría contestarla) ha habido siempre. Mal asunto. El alumno que duda pretende comprender. Es fácil que llegue a un conocimiento (que no una memorización) superior a la de muchos profesores.
Pero debo estar de acuerdo con Yaya. Estoy aburrido no de que el alumno no me pregunte (que también), sino de que no se pregunte.
Preguntas muy variadas que formulo a menudo en clase (para estimular pensar sobre música, no dejar que sea algo que te arrolla) y que reciben la uniforme y omnímoda respuesta: NO SÉ (fastidiaría menos si las preguntas no fueran tan fáciles, si no supieras que lo que te quieren contestar es : “no me hagas pensar, no me molestes perguntándome”).
Todo esto me trae a la mente un tipo de alumno que desde hace pocos años encuentro a menudo, y antes no encontré jamás: el que te exige que te retractes cuando le llevas la contraria: si su obra no se ajusta a lo que has pedido, te equivocaste tú al pedir lo que el no quería hacer. Si en tal obra del clasicismo no aparece su idea es porque los clásicos no estaban tan evolucionados com él.
Mis mejores alumnos jamás me han tenido respeto automático (tan inútil como la desconfianza automática): he necesitado ganármelo, a menudo contestando preguntas. Y también me han dado un margen : el de probar las cosas a mi manera si lograba convencerles de que la suya no funcionaba. Preguntaban y ponían en duda. Ni seguían ciegamente ni se negaban con la misma ceguera. En esos términos se puede poner en duda hasta lo más básico y llegar a buenos resultados.
YayaCeravieja
8 noviembre, 2011, a las 13:12 (UTC 2) Enlace a este comentario
Pienso que la obligación de un profesor es contestar y solucionar las dudas de sus alumnos. Nunca se me ha ocurrido que, cuando un alumno pregunta el por qué de algo, es por poner en duda mis conocimientos, en absoluto. De hecho, una de las formas de crecer como docentes, es buscando la forma de responder a todas las dudas de nuestros alumnos, al menos eso es lo que siempre he pensado. Porque no sólo hay que responder a su pregunta, sino “traducirla” al nivel que tiene para que la comprenda correctamente, ponerle otros ejemplos, etc, y eso hace que muchas veces te cuestiones tus propias opiniones y puntos de vista.
Es una pena que la actitud de esos maestros que has tenido haga que hayas dejado de preguntar, y desde luego, esos profesores dejan mucho que desear….
CarlPhilipp
8 noviembre, 2011, a las 14:18 (UTC 2) Enlace a este comentario
Amen, Yaya. Voy a añadir que tu pasmo y el mío serían menores si conociéramos bien los libros que usan de niños. Si simplificas todo tanto que no tiene sentido, no esperes que luego lo busquen
Enrique Blanco
8 noviembre, 2011, a las 15:12 (UTC 2) Enlace a este comentario
O, cómo acabo de poner en FaceBook:
Opino como tú, David Echevarría, pero no le quito razón al artículo de Yaya Ceravieja. ¡Por cierto que ni me habéis dado tiempo a presentarla! La verdad es que masticar papillas no ayuda a desarrollar una dentadura fuerte, y, mucho predigerido y premasticado hay en gran parte de los libros de texto de esta generación. Otra cosa es que los que, a pesar de ello, piensen, especulen y saquen conclusiones, tienen al alcance de sus mentes más información y recursos que ninguna generación anterior: esos serán los que nos den capones con la barbilla.
Heinrich Schütz
8 noviembre, 2011, a las 14:27 (UTC 2) Enlace a este comentario
Insisto en una cosa: he dejado de preguntar, pero no de buscar respuestas. Luego me he encontrado con muchos profesores que responden a mis preguntas y satisfacen mi curiosidad, pero muchas veces antes de preguntar intento encontrar yo mismo la respuesta. Eso, creo, me hace poco a poco más autónomo (que no más sabio).
Saludos a todos
CarlPhilipp
8 noviembre, 2011, a las 14:54 (UTC 2) Enlace a este comentario
Siempre he dicho que la más auténtica fución de un profesor es hacerse innecesario: lograr que el alumno pueda seguir aprendiendo, ya sin guía. Para eso, la capacidad de, como mínimo, intentar contestar las propias preguntas, es esencial.
YayaCeravieja
9 noviembre, 2011, a las 14:11 (UTC 2) Enlace a este comentario
El problema es que, como no están acostumbrados a contestar a sus propias preguntas, de hecho ni siquiera a planteárselas, es muy difìcil llegar al estado que comentas, Enrique. Yo intento “obligarles” a que lo hagan ellos solos, a que se pregunten, les planteo cuestiones a las que tienen que encontrar respuestas ellos solos….pero ni con esas. Están tan habituados a que se lo den masticado, que ni siquiera son capaces de realizar una mínima tarea de investigación. Alumnos a punto de terminar, que no saben por qué están tocando lo que están tocando, que no saben digitar, que si no les pedalizo la obra paso a paso son incapaces de hacerlo…y que por mucho que les empujo, no hay forma.
Y luego por otro lado, está el carácter de los padres, con los que tenemos que tratar obligatoriamente (y a veces por desgracia), y que piensan que, si no se lo das hecho, es que no eres buen profesor. Que se sientan con sus hijos de 15 años a hacer con ellos las tareas del instituto. Que les sobreprotegen tanto, que ni siquiera les permiten ir ellos solos al conservatorio. Nuestra sociedad está criando, o a delincuentes en potencia, o a inútiles mimados que no van a ser capaces de hacer la o con un canuto ellos solos.
JaimeMartin
11 noviembre, 2011, a las 13:59 (UTC 2) Enlace a este comentario
Hola, me llamo Jaime y hasta ahora no había participado mucho aquí, pero me gusta y lo intento…Estoy de acuerdo con Yaya en el diagnóstico un poco pesimista del alumnado de los conservatorios en los últimos años…yo no le echo la culpa a ellos ni a los profesores, más bien se la echaría, por ejemplo, a la TV, radio, música que se les ofrece en ambas y en cualquier lugar (con y sin canon de la SGAE), etc. Y como son alumnos que hacen unas muy duras “horas extra” después de las del colegio o instituto (dejando a cero el tiempo que necesitarían para estudiar en casa las materias de ambos), salvo casos de gran vocación siempre están un poco al límite de fuerzas, y por ello para mí tienen un mérito especial por ese sobreesfuerzo que siempre habría que tener en cuenta. Otros, mayores, trabajan o estudian a la vez una carrera universitaria….
Sugiero no solamente darles las herramientas que comentas, sino, muy importante, al menos para alumnos de cierta edad (desde 5º EE.PP quizá), darles una forma de esquivar la mediocridad de la oferta cultural que tienen en su día a día y encontrar pequeños o grandes tesoros culturales de los que quizá no se les comenta siquiera su existencia. Lo cual provoca que con Internet y todo, su mundo cultural sea pequeño, porque no se trata de meter letras al azar en Google a ver si encuentro algo. A mí, aunque ya ha llovido, quizá me salvaron para el bachillerato contándome desde mi “”BUP” que había un LP muy curioso de Mike Oldfield o Alan Parsons Project con el que aprender inglés mejor que con el libro, o unas “Carmina” medievales bastante más divertidas que el libro de latín…el mismo anfitrión de este blog del que fui alumno nos desvelaba joyas proscritas de la literatura o de otras artes o ciencias… para el citado latín, el cual no estudiaba demasiado a fondo, me salvé un día que encontré al profesor en una taberna con su boina anarquista. En cambio, no pude salvarme del mismo modo para “Guitarra” porque jamás recuerdo una conversación tan “abierta” como para poder pronunciarse palabras como “flamenco”, “Asia”, “sitar”, o incluso “Antonio Lauro”. Digo salvar en el sentido de que algunos profesores encontraron una conexión con mis inquietudes, ypero otros muchos ninguna, cero. Por cierto, como anécdota que tengo grabada a fuego, a mí no me dejaban digitar: había una digitación “oficial”, como sabéis muy condicionada por la estética, o por el academicismo, puesto que todas las músicas de todos los lugares y tiempos no pueden tener la misma estética… así que yo guardaba copia de mis digitaciones para que el profesor no me las tachara todas, y las recuperaba mis para tocar en la zona libre, fuera del Conservatorio. Yo estudiaba música antigua fuera de Ópera, y por entonces la disciplina oficial española del instrumento no se había enterado de que a Mudarra no se le interpreta como a Moreno Torroba, o de que si tocas muy despacio y de forma igual las notas de la glosa de Narváez sobre “Mille regretz” estás haciendo música marciana.
Me parece un poco fuerte tu diagnostico, al menos para los menores de 14… sinceramente Yaya, si fuese cierto, yo tendería a pensar que los profesores serían también corresponsables, al menos si se llega al total fracaso académico por esas dificultades de partida. Eso sí, son delincuentes en potencia como también son personas honradas y brillantes en potencia… a lo que lleguen depende entre otros de los propios profesores…
En fin, por la experiencia como alumno, profesor y como padre de alumnas de Conservatorio, lo que te puedo decir con toda mi convicción es que el alumno medio de hoy no es el ideal, pero esto es un resultado normal del sistema que han o hemos montado y que el alumno que llega descubre con desilusión. No por la calidad del profesorado: hay más cosas. Mi mejor alumno de Composición del curso pasado salía de su trabajo a las 19hh y llegaba a clase a las 20hh. De L a V tenía para la música, pues, 90 minutos al día. ¿Alguien en este país le ofrece una beca para poder estudiar en condiciones, o se debe conformar con mi matrícula de honor? Otros alumnos no tienen tiempo para comer entre instituto y conservatorio. Cómo no les van a llevar en coche sus padres… en fin, un saludo y hasta pronto…
YayaCeravieja
11 noviembre, 2011, a las 14:44 (UTC 2) Enlace a este comentario
Hola Javier, mi diagnóstico como tú dices es realmente para alumnos a partir de 14 o 15 años, dadas las asignaturas que imparto, y las características del centro donde trabajo, doy clase a muchos alumnos mayores de 15 años, y veo cosas que me espeluznan. Como que papá acompañe a su hija de 15 años a diario a la puerta de la clase (algo que ha estado haciendo desde que empezó, siempre ha estado conmigo de tutora, y lleva el mismo camino con la pequeña, de diez), que se meta con ella en la cabina cuando tiene una hora libre para estudiar, ,etc. Te puedo asegurar que la niña tiene la independencia de un tornillo, no sabe hacer NADA por ella misma, es que ni siquiera se lo plantea. Y su padre, JAMAS le permite venir en autobús, que viven a cinco paradas, lejísimos por lo que se ve. Y he tenido casos de alumnos que, cuando han hecho alguna gorda (romper un piano, agredir a un compañero con una silla, abrumarnos con los “contenidos gaseosos” de sus intestinos en clase, hacer novillos y demás) sus padres le han disculpado, y de hecho respaldado con justificantes por escrito…al final acabaron confesando “es que mientras está en el conservatorio no le tengo que aguantar en casa”. El niño tenía 11 años. ¿Cómo crees que será cuando tenga 16?
Y respecto a lo que dice Enrique, es desesperante el “NO SE” de los chavales….