En estos ominosos tiempos de decadencia cultural tanto en el panorama mediático como en el omnipresente internet; en esta época baldía en que sólo el criterio de las audiencia y el olor del dinero dictan las agendas de preocupaciones públicas y en que los periódicos ingresan más por promociones que por cualquier otra partida; en estos días en los que se ensalza la mediocridad y el discurso vacío por encima de cualquier otra virtud; precisamente en este momento y desde hace ya mucho tiempo, el recientemente refundado Potsdam 1747 se alza como un haz de luz resplandeciente sobre la oscuridad de las mentes, como guía y portador de una causa a la que sólo podemos adherirnos: el conocimiento. Siempre lo he dicho, lo digo y lo diré: es un magnífico e inigualable baluarte cultural (y también moral) de nuestro tiempo.
Me encuentro igual de sorprendido que mis colegas, porque se me ha brindado la formidable oportunidad de colaborar con una causa que siempre he compartido y a la que sólo me he acercado hasta ahora desde la curiosidad, el hambre de cultura y la más sincera admiración. El Maestro Enrique Blanco me ha colmado de honores concediéndome esta silla a su diestra (o siniestra, eso ya va más con tintes ideológicos) y no puedo hacer más que expresarle mi más profundo agradecimiento. Agradecimiento por esta oferta y por mucho más: por su buen hacer como pedagogo (que me hizo pasar de ser un pequeño mico inconsciente a ser el mico un poco más grande y un poco menos inconsciente que creo ser ahora), por su inmensa sabiduría (de la que me he intentado empapar lo más posible, porque es, sin duda, la persona que más me ha enseñado y me enseña de cuantas he conocido) y por su bienser (entiéndase como bellísima persona).
Espero estar a la altura de las circunstancias (pese a que la distancia con el Maestro y anfitrión sigue siendo insalvable), y voto a tal que pondré todo de mi parte para ello, aunque tampoco puedo garantizar un enorme flujo de textos, ya que hoy en día, además de escasear los buenos contenidos, escasea también el tiempo. Ojalá forjemos entre todos un emporio mediático que desbanque a todos los grandes capitales de la comunicación, cuyos valores tanto editoriales como morales (si existieron en algún momento…) hace tiempo que se pudren bajo sacos de dinero. De momento, para ser honestos y no pecar de exceso de ambición, hablemos de Música. Quiero creer y creo que, con el amor, es el verdadero motor de nuestras vidas.
En Zaragoza a 24 de octubre de 2011.
Guy Fawkes, El Conspirador de la Pólvora.
Un comentario
Enrique Blanco
24 octubre, 2011, a las 12:23 (UTC 2) Enlace a este comentario
Pues te tendré que repetir lo que aquí dije. Muchas gracias. Y a ver si venís empujando, que ya me hago mayor y me acomodo de más.