¿Tendré acaso vicio de hacer nanas? Ésta va dedicada a Pedro San Martín, que será próximamente bipadre. La he hecho extremadamente raveliana porque, por alguna razón (¿meticulosidad? ¿perfeccionismo?), Pedro siempre me hace pensar en Ravel.

Por otro lado, me doy cuenta de que ya llevo unas cuantas nanas hechas. Son un regalo que sólo un músico puede hacer, y que, personalmente, me parece hermoso. Estoy cada vez más abominando de esa sensación autoinflingida por muchos compositores de que todo debe ser trascendental: debe haber un lugar para las obras pequeñas, siquiera para que las trascendentales resulten mejores. Siquiera porque así ha sido siempre, y en las épocas en que no, el lenguaje se ha estancado.
Quizá por ello muchas veces los compositores tengamos fama de inaccesibles. Creo que es tan necesario estar allí para ayudar a los amigos a hacer un arreglo de un tema popular como componer la música más abstracta. Y no perder ningún matiz intermedio. Berio es, como de costumbre, un magnífico ejemplo.
Volviendo a Pedro, y para interesados: hay un par de bromas ocultas en la pieza, como que está escondido su deporte favorito (Triatlón) en la estructura compositiva, y alguna más.

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