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Abr 07 2010

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Invención a la manera de mi epónimo



Dentro de lo que he dado en llamar falsificaciones”, a esta le tengo un cariño especial. En primer lugar, por ser invención. A menudo, en malos momentos de mi vida o periodos de confusión, pongo orden en medio del caos realizando este tipo de obras. En segundo lugar, por el estilo.El sujeto es de un antiguo, antiquísimo, alumno (las dos semifusas entre paréntesis las añadí yo: las insidias de la secta del compás a nadie perdonan). Como su carácter musical, tal cual se manifestaba en sus ejercicios, me recordaba en cierta medida al de Carl Philipp Emanuel Bach, inventé un trasmundo musical en que éste último hubiera realizado invenciones —no es disparatado: léanse con atención las sonatas prusianas—. La relación estilística no pretende ser perfecta: se trata más bien de la impulsividad de los gestos. A ver si os divierte.
Aunque tengo las más serias dudas sobre subir este tipo de obras —bien sé que hay quien intenta colarlas como propias a su profesor de contrapunto—, aquí tenéis la partitura.

Sobre el Autor

CarlPhilipp

Eterno compositor, profesor y armonista.

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2 comentarios

  1. JoseMansergas

    Muy conseguida! Escuchando esta pieza y algunas de tus alumnos me viene a la mente (en lugar de un comentario) el pensamiento de que el contrapunto barroco sirve a muchos en la academia (invención, fuga de escuela) de puerta de entrada a la música (tonal), es, probablemente, una de las primeras oportunidades que se tiene para aprender a valorar conscientemente la bondad de una pieza musical, puesto que muchas de las cuestiones de estilo están íntimamente relacionadas con los aspectos puramente técnicos; se fomenta el desarrollo de la sensibilidad a la par que se aprehende las estructuras sintáctico-formales o el tratamiento de la disonancia…
    En cambio, el contrapunto renacentista (ese “florido de escuela” con que culmina el estudio de las especies), si es tratado desde el punto de vista tonal, no es, en mi opinión, para nada legítimo. Entonces de ahí sólo se aprende lo técnico, pero con un lenguaje que en absoluto se parece al que (o quizás, mejor, a los que) se utiliza(n) en las obras de los grandes músicos de este periodo. (Aquí habría que reivindicar para la academia, a modo de desideratum, la figura del compositor-musicólogo-pedagogo a la manera de Falla o Pedrell).
    Percibo en esta pieza tuya esa idea paradigmática de Bach, de la invención como modelo pedagógico para el intérprete-compositor que no sólo se propone como ejercicio técnico (en que dos voces dan toda la información necesaria…en la polifonía hacían falta las cuatro), sino también como incentivo estético a la creación musical.
    Bueno, esto era sólo una opinión… podría estar equivocado…

  2. CarlPhilipp

    Te reconozco que la invención me gusta, me apasiona incluso, más o menos por las mismas razones que citas. Creo que es un excelente estímulo para la composición. Me molesta, puestos a usarla, que creo que habría que emplear la invención bachiano o pasar directamente a un concepto contemporáneo de la misma. No concibo, por ejemplo, una invención con modulaciones románticas. O la concibo y no le veo sentido. Lo bueno de la invención es sobre todo el ten con ten entre inventio y dispositio (qué tiene dentro el sujeto y de qué forma vamos a usarlo). Un desarrollo basado en un modelo de tonalidad en que la modulación no es fácilmente graduable me parece improcedente. Ya contaré todo esto dentro de dos artículos.

    Vería de verdad con agrado que la invención desapareciera de los planes de estudios, si es que se sustituyera por un concepto más moderno de música. O que fuera parte de una especialidad de música antigua. Mientras no sea así, me molesta que se de mal. Casi nunca se habla de estructura tonal, uso de octavas y registro, gradaciones de la modulación, proporciones entre bloques temáticos… También lo contaré, creo tener alguna conclusión no exactamente de amplia difusión. Y alguna opinión propia que creo que en clase me funciona bien.

    El contrapunto de especies, como todos los estilos escolásticos, tiene su utilidad, si el que lo aprende y el que lo enseña la conocen: un aprendizaje técnico que no se basa en música real, sino que suelta el lápiz. Pero casi nunca se enseña así, lo que como tú dices le quita toda legitimidad. E incluso esa legitimidad sería mucho menor que la que se podría obtener de otras formas, basada en músicas existentes e instaladas en los oídos del alumno. Me aterran las modernizaciones de las especies, como inventar el tres-contra-uno o el seis-contra-uno, o, que también lo he visto, el seis-contra-cuatro. Si no se sabe lo que se pretende (acostumbrar al aprendiz a percibir la posibilidad de ritmos diferentes contra otra línea, sea dada o no), es inútil. Y Fux ya murió hace un tiempo.

    Quisiera, veo necesario, los alumnos piden, basarnos para su enseñanza compositiva en estilos más recientes. Bach me perdone, pero hasta preferiría empezar por Shakira que por una polifonía a cuatro que casi nunca han escuchado, y que durante meses es aburridísima, hasta que tienen los medios para que no sea así. Pero, quizá sea porque voy para viejo, como se dice en Castilla: si ha de darse música tonal, que se de bien. Nada de peligrosas modernidades como el Arín y Fontanilla, que se basan en estilos ficticios y que, además, no suenan. Todo sobre música real, aunque sea antigua.

    En Fundamentos, mientras sea tonal, quisiera que me diera tiempo a ver en quinto invenciones, preludios de coral, lieder y variaciones (las dos últimas, a la romántica). Como me he jurado a mi mismo hablarles durante un año (sexto) del XX y el XXI (además de repasarles en el mismo año cuanto puedan necesitar para sus exámenes de ingreso), tengo que eliminar lieder y preludios. Pero los cuatro tipos de obra citados, a veces tan distintos entre sí, para mí darían el panorama completo de lo que propones.

    En otro orden de cosas, llevo años acariciando la idea de inventar una especie de invención como melodía acompañada, siguiendo un esquema como de bajo continuo (me avalarían ciertos ejemplo de Haendel y Vivaldi) y aplicarla en Armonía, no en Fundamentos. Suelo emplear en armonía una forma severamente alicortada de la sonata, y la sustituiría por lo que digo. Encuentro que la sonata está cada vez más alejada de la sensibilidad de los jóvenes, y lo que propongo la sustituiría con ventaja. No lo he hecho aún porque dependería de la confianza de los alumnos en mi, no podría citar libros o autores que usaran esto, aunque sí muchos ejemplos musicales casi idénticos a un concepto expandido de la invención. Aborrecería ser el inventor de un nuevo escolasticismo.

    Por acabar este comentario, a todas luces demasiado largo, y que a lo mejor acabo copiando y, juntándolo con el tuyo, convirtiéndolo en un post, diré que lo que más me está gustando enseñar de la invención en los últimos años es cómo concebir sujetos. No el fácil proceso de crearlos: el de calcular si te han de servir para la obra que tú quieres, y si no, cambiarlos en consecuencia. IDEACIÓN, tan aplicable a cualquier obra de cualquier época.

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