Ene 12 2007

Inventor de ballenas 1

Inminente el curso sobre George Crumb… si es que se celebra. Al parecer (aunque tengo que verificarlo: hasta que no llegue a Zamora no podré comprobar mi email), son pocos los interesados que se han matriculado, y, sin un número mínimo de asistentes, nada se puede hacer.

Por una parte, no me extraña demasiado: Crumb es un compositor muy poco conocido en estos pagos. Nuestro desconocimiento de los autores norteamericanos es enorme, fruto, quizá, de la malhadada discusión entre Boulez y Cage que tanto alejó nuestras respectivas -europea y norteamericana- vidas creativas musicales. Pero no es menos cierto que una parte del desconocimiento sobre este autor es debido a sus peculiaridades compositivas. Por muchas razones Crumb me sugiere comportamientos de gran afinidad con lo medieval, sin que ello signifique, en modo alguno, que su estética sea trasnochante y nostálgica. Quizá, por el contrario, su acercamiento libre, desacomplejado, intenso y variado al problema del lenguaje musical, sea una de las claves que vayan a marcar el futuro de la música.

Supongo que nada de lo anterior es fácil de comprender a menos que me explaye algo más. Vamos con ello.

El mundo de la composición contemporánea ha tenido una cierta tendencia al esnobismo, por un lado y al más impresentable de los paternalismos por otra. Por un lado, tenemos el público y crítica que siempre juzgan las piezas en función de su novedad, y creación de nuevos lenguajes. Dudo de que nadie estime más que yo ambas cualidades, pero no se me escapa que se pueden decir estupideces en todo lenguaje, aunque sea nuevo, ni que un cierto “rodaje” del lenguaje en cuestión es del todo indispensable para que éste alcance su máximo grado de fluidez y elegancia. Crumb, con su desavergonzado uso de lenguajes que abarcan desde lo medieval más puro hasta la escritura más cinematográfica, sin eludir las citas, más explicitas o menos, de autores que abarcan desde el barroco hasta Messiaen, se adapta mal a este sector.

En el otro extremo tenemos a la parte de público y crítica que pretende que todo sea fácil, grato y mono -no me atreveré a decir bonito, ni mucho menos, bello-. Buscan una música “que pueda entender todo el mundo”, “que no sea elitista”. Siempre, al escuchar cosas así, me pregunto si ese “todo el mundo” incluye también las infinitas culturas de tradición no europea, y a la gente a la que sí le gusta cierto grado de complejidad en lo que escucha -por ejemplo, aquellos de nosotros que disfrutamos una fuga-. Y si esa falta de elitismo, no quiere, en el fondo decir que nadie desea hacer el menor esfuerzo en comprender: todo bien mascadito, música chicle, dignificar -para quien lo encuentre dignificante- con una violinada y un tenor un himno deportivo… En fin: Crumb con sus a veces arriesgadísimos usos de las notas, sus gamas y acordes místicos, su siempre sorprendente uso del timbre, se amolda mal a esta especie de deseo de sopas premasticadas,

Hablamos, en definitiva de un compositor que se amolda mal a los usos más a la moda en el panorama contemporáneo. Quizá por ello sea tan desconocido en estos lares

En mi opinión, existen en la historia de la humanidad escuelas de pensamiento y creación que nos han hecho avanzar en formas inimaginables. Pero, como es natural, el peligro de las escuelas es que tienden a lo escolástico. Otros creadores, por lo contrario, son lo que me gusta llamar “francotiradoes”. Gentes que han tenido una o varias ideas originales y propias y las han seguido y explorado sin encontrar, acaso sin buscar, seguidores o apoyo. Gentes como Bach -me batiré, si es preciso, en duelo, con quien afirme que no es innovador: mis armas serán sus obras completas-, Goya, Messiaen, Newton, Bartok… No comparo calidades, pero la compañía es ilustre, y ningún problema tengo en visualizar dentro de ella a Crumb. De cuyo medievalismo y peculiaridades me ocuparé en otro artículo. El espíritu de estos francotiradores os ilumine.

Enlace permanente a este artículo: http://enriqueblanco.net/2007/01/inventor-de-ballenas-1/

1 comentario

    • Carlitox on 22 enero, 2007 at 18:39
    • Responder

    Yo siempre he pensado que cada vez cuesta más hablar de escuelas y de estilos. ¿Llegará un tiempo en el que por fin hablemos solamente de personas?
    Es una pena lo de Crumb…aquí en Gran Canaria es más conocido. Incluso se ha tocado alguna cosa suya.
    Un abrazo Enrique, me alegro de que estés bien.
    Carlos

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