No diré el nombre del culpable —hay tantos—: sí hablaré de que parece creciente la inmersión total en mundos comerciales. Ya no basta con ir a la película: debes comprar la camiseta, el CD con la banda sonora, uno o varios juegos de ordenador, las figuras de acción, los juguetes para niños y niñas de diversas edades, la novelización de la película…
Y lo vemos normal.
Stockhausen lleva años componiendo una ópera que durará siete días. No con veinticuatro horas completas cada día, sino muy pocas cada uno. Pero pretende que el resto del tiempo uno siga inmerso en el universo creativo y hasta místico de la obra.
A él le llaman loco.
¿No será el gran intuitivo, que con tantos años de antelación olió lo que nos iba a deparar el mundo comercial? Muchas cosas que parecen extrañas en el arte contemporáneo nos rodean. Misión del artista es transformarlas y presentárnoslas.
Hay mucho más de cotidiano en lo contemporáneo de lo que pensamos y queremos ver. Y, ciertamente, éste es tema del que podría hablar mucho y defenderlo.

5 Comentarios en “Reflexión casual

  1. ¡Qué bueno tenerte de nuevo! ya te dijimos que esperaríamos lo que hiciera falta y hemos cumplido nuestra promesa.
    un abrazo, amigo.

  2. ¡Qué bueno! ¡ Por fin te leemos de nuevo!
    ¿Para cuándo se prevée el estreno de esa ópera? Creo que he oído algo sobre el tema.
    Yo lo que veo en el ejemplo expuesto es que a la gente le parece totalmente aceptable que manifiesten de forma física esa inmersión… tiene que ser algo prefigurado y palpable. Sin embargo la obra de Stockhausen es a nivel mental y por lo tanto no observable. Y esto es algo que pueda echar hacia atrás al usuario de merchandising: ser él mismo quien elabore su propia hipótesis y recreación acerca de una experiencia artística.

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