Ene 04 2005

Simbología musical de Takemitsu (1)

Preliminares. Necesidad de símbolos en el arte. Tipos de símbolos, con ejemplos no musicales. Brevísima aproximación a la simbología en música, como preparación a un próximo artículo en que nos centraremos en los símbolos takemitsianos.


A la hora de comprender la música de Takemitsu, es importante entender el papel de los símbolos en la misma. Comencemos por explorar brevemente su cometido en el arte en general.

Símbolos en el arte

Todo lo que puedo hacer es trabajar los símbolos. La magia y la belleza llegarán de tu propio pasado, de tu presente, de tus esperanzas y de tus experiencias.

Cordwainer Smith (seudónimo de Paul Linebarger)

Esta cita resume de forma muy adecuada el papel de la simbología en las artes. Dado que la comunicación exacta de qué pretende un artista es imposible, tenemos que hacer uso de elementos compartidos por la audiencia para poder alcanzar una comprensión suficiente. Cada uno de estos elementos, para cada persona que acceda a ellos, estará mediatizado por su experiencia personal del mismo.
Tomemos, con ayuda de Borges, un caso extremo: las kenningar.

El aniquilador de la prole de los gigantes
Quebró al fuerte bisonte de la pradera de la gaviota
Así los dioses, mientras el guardián de la campana se lamentaba,
Destrozaron el halcón de la ribera.
De poco le valió el rey de los griegos
Al caballo que corre por arrecifes.

Las kenningar son un recurso de la poesía islandesa de alrededor del año 100. En el ejemplo que acabamos de ver, es claro que se nos escapan una serie de significados, por no disponer de experiencia suficiente con la simbología implicada.
El conocimiento de que el aniquilador de la prole de los gigantes es Thor; el guardián de la campana, un sacerdote; el rey de los griegos, Jesucristo; y que el bisonte de la pradera de la gaviota, el halcón de la ribera y el caballo que corre por arrecifes, un barco, nos permiten entender el contenido:
Thor destrozó un barco cristiano mientras un sacerdote se lamentaba.
Casos menos extremos —o quizá simplemente menos ajenos a nuestra experiencia— los encontramos continuamente. Miles son los cuadros que se valen de la crucifixión o de figuras mitológicas para transmitir su mensaje. Miles los libros que emplean desde vampiros a señores oscuros como encarnación del mal.
Aunque el tema tiene gran interés, vamos, por el momento, a dejarlo aquí.

Tipos de símbolos

Podríamos dividir en dos los tipos de símbolos empleados en las artes:

  1. Los que se relacionan con significados potencialmente en conocimiento de la audiencia. Los llamaremos universales.
  2. Los que pertenecen al mundo privado del artista, que, incluso si los hace explícitos, va a depender de la complicidad del público para intentar entenderlos. Los llamaremos privados

Símbolos del primer tipo están presentes en todas las artes, notablemente en las visuales.
Pongamos por caso este cuadro de Jean Delville: Orfeo.

Incluso sin saber el título del cuadro, su potente simbolismo nos indica cuanto necesitamos: la lira nos indica que la cabeza pertenece a un músico. Músicos decapitados cuya cabeza fuera arrojada a las aguas, sólo conocemos uno: Orfeo tras ser desmembrado por las ménades. La serenidad del rostro tras asesinato tan violento —uno de los detalles más tristes de esa pintura— nos hablan de la paz, casi del deseo de muerte de Orfeo tras perder a Eurídice.
Símbolos del segundo tipo son también frecuentes:
Infierno-bosco.jpg
Aquí vemos un fragmento del Tríptico de las delicias, del Bosco, concretamente el conocido como El infierno musical. Es obvio que se está castigando a gente y que hay una relación con la música, pero no el motivo, la razón. ¿Se castiga así a la gente que en vida escuchó música lasciva? ¿Se representa a los músicos que se han integrado tanto con su instrumento que han olvidado cuál es la razón para tocarlo —y por extensión, a la gente que se ha instrumentalizado y ha perdido de vista el objetivo—? Esas y otras interpretaciones tiene. No cabe duda de que el Bosco pretendía en gran parte —salvando los significados alquímicos que los iniciados conocerían— que el significado lo pusiéramos nosotros.

Símbolos en música

La música, por su naturaleza de lenguaje que elude contenidos concretos, es quizá más rica en simbolismos privados que universales.
Algunos ejemplos de símbolos más o menos universales serían los miles de imitaciones del canto del cuco, La gallina de Rameau, todos los pájaros de la obra de Messiaen, Los gritos de París, de Janequin, las innumerables referencias al agua por medio de arpegios…
Mucho más frecuentes son los del segundo tipo: los cabalismos numéricos de todo tipo en la obra de Bach, la asociación mozartiana de Mi bemol mayor y La mayor con la trinidad (ambas tonalidades tienen tres alteraciones), el minueto sobre el nombre de Haydn de Ravel, toda equivalencia de letras con notas y/o duraciones, los leit-motivs…
En el siguiente artículo exploraremos los símbolos de Takemitsu, que son, casi siempre, privados.

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16 comentarios

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  1. Excelente post y no veas la curiosidad que dejas. Impaciente me dejas. Como se nota tu querencia por la ciencia ficción…

  2. Gracias, Palimp. Ya sé que también te gusta Cordwainer. 🙂
    Yo, lo que ando es temeroso de que Vailima me caliente las orejas por atreverme a usar cuadros y encima decir tan poco de ellos.

  3. No creo que Vailima te estire de las orejas, aunque espero que le de por iluminarnos más al respecto.
    Reconozco, por abundar un poco en los comentarios, que no soy muy amante del simbolismo. Creo que el libro debe tener la información suficiente para ser decodificado por si mismo. Conocía la afición de Borges a las kenningar, pero más allá de resultarme curioso, no comparto el gusto. Góngora tampoco es un autor que me agrade demasiado.
    Otra cosa es que se use el simbolismo como un recurso, más que como un fin. Entonces pueden surgir cosas interesantes.

  4. Aquí me he temo que he cometido un pequño error. Por claridad de los ejemplos, he elegido que todos fuesen inmensamente simbólicos, con exageración en su uso.
    No he logrado dejar claro, sin embargo, que los símbolos me parecen necesarios en todo arte. También, como tú, prefiero que la obra contenga todo lo necesario para decodificarla, pero eso sólo quiere decir que los símbolos van a irse definiendo internamente —en la terminología del artículo, que van a ser privados—.
    Te pongo un ejemplo, que me parece una de las cosas más tristes que se han escrito nunca en sólo cuatro versos, y que no necesita de simbolos preconocidos, sino de experiencia vital.
    Tu casa ya no es tu casa
    Ni tu calle es ya tu calle
    Que es una calle cualquiera
    Camino de cualquier parte

    A mí me parece terrible para la mujer a la que se dirige y para el hombre que la dice. Y cuanto más la leo, más terrible me resulta.
    Por lo demás, bienvenidísimo siempre a “abundar en los comentarios”. Más diciendo cosas así de interesantes.
    Aprovecho para presionarte un poco haciendo público que has encontrado la metáfora visual perfecta que pedía en la serie sobre los 14 cánones para el canon X. En cuanto consientas, la subo.

  5. Yo añadiría, más que nada por añadir el motivo DSCH usado en la música de Shostakovich, y en un concierto de Gubaidulina (y alguna que otra pieza de Schnittke), como ejemplo “privado” de simbolismo.
    Sin embargo, ¿es el motivo BACH universal?, teniendo en cuenta el grandísimo uso que se le ha dado por muchos compositores (Rimsky-Korsakov, Pärt, Webern etc), aunque ignoro el uso que le habrá dado el propio compositor 😀

  6. Sé que los ejemplos los has buscado extremos adrede, y sólo a esos ejemplos criticaba. No obstante, hay símbolos claros para algunas culturas y oscuros para otros. La de rosados dedos no puede ser otra que la aurora para cualquier griego contemporáneo de Homero, pero si en la actualidad digo en un verso ‘Y desnudos nos encontraron sus rosados dedos’ estoy pidiendo al lector ciertos conocimientos ‘clásicos’. Encontrar el límite entre la exigencia al consumidor, la autodecodificación y el simbolismo es lo que hace del arte, arte.

  7. Porras, el ejemplo BACH es excelente. Comenzó, obviamente, siendo privado hasta ir universalizándose. Y, sí, Bach lo emplea con frecuencia.
    Palimp, comentario atinadísimo. Yo me atrevería a matizarlo diciendo que los símbolos universales, por requerir un componente no son susceptibles de autocodificación. Sí, en cambio, los privados. Que es por lo que me resultan mucho más interesantes.
    Cosa diferente es el grado de resonancia que lleguemos a tener con estos símbolos privados. Si el autor es bueno, mucha.

  8. Ciertamente creo que este artículo no es para mi. Quiero decir con esto que no me considero poseedor del nivel intelectual y de conocimientos histórico-musicales como para seguirlo, aunque puede que sean las dos horas que llevo delante de la pantalla las que me impidan concentrarme…
    De todos modos, y aventurándome a postear barbaridades creo que la música y el arte en general debe esconder algo, un algo oculto, casi por obligación. No podemos crear una obra de arte si no esconde algo, algo que el oyente (en caso de la música) debe descifrar para llegar a sentir esa música. Pero el hecho de que cada uno pueda interpretar de distinta forma lo que el compositor intenta transmitir, eso es precisamente lo que hace arte al arte, en mi modesta opinión. Por poner un ejemplo, me considero bastante ignorante en cultura musical, pero conozco bastante bien la obra pianística de Rachmaninov. En su Rapsodia sobre un tema de Paganini, la preciosa y archiconocida variación XVIII para mi es una gran despedida. Es una gran despedida, Rachmaninov se despide, es su última gran obra para piano y orquesta, es un último y largo adiós… pero como soy ignorante hasta en lo que yo creo que no lo soy, podemos decir también que eso no es un símbolo, sino que es una vaga sensación que yo tengo. Pero ya he dicho que no estoy capacitado para seguir el artículo, asi que me despido tras semejante rollazo que he soltado.
    Gracias y saludos

  9. Es lo que tiene un arte tan ambiguo como la música, me recuerda a una anécdota donde se tocó un concierto para piano de Bartok, y el propio compositor estaba al teclado, al finalizar el evento, se le acercó un espectador y le dijo “¡Me ha entusiasmado! En el primer movimiento he visto montañas y senderos, luego he visto el mar batiendo con sus olas” y cosas por el estilo, a lo que Bartók le contestó: “qué curioso, yo no vi nada de eso cuando compuse la obra”.
    Esto llegó a convertirse en una preocupación para algunos compositores; como por ejemplo John Cage, quien se sintió un poco decepcionado cuando “mis piezas que expresaban tristeza ocasionaban la risa de los oyentes, y las que buscaban la ironía no hacían sino entristecerlos”. De ahí compuso 4`33“, por ejemplo, y surgieron movimientos como el minimalismo, en donde el oyente se encontraba a sí mismo, al no requerir asociaciones, experiencias anteriores o (¿y por qué no? :D) simbologías, si no una abstracción en si misma que mira a ninguna parte, como el arte de Kandinsky.
    AM ahora que citas al bueno de Rachmáninov, yo veo más como despedida las danzas sinfónicas, de hecho, es su última obra, escrita en un ambiente que no le era familiar (fuera de su país, que sufría unos cambios totalmente radicales), aunque hay que tener en cuenta el constante miedo a la muerte, la dejadez del vals que se escucha en la segunda danza sinfónica (con ese pesimismo amargo propio de lás últimas páginas de Shostakovich), da bastante que pensar, no creo que se trate de un epitafio o una despedida, sino de un abatimiento que propone “tirar la toalla”.
    Y todo eso en una danza, es decir (y ya no me voy más por las ramas xD) a pesar de esas intenciones de Rachmáninov ¿las bailarinas y los músicos tendrían que conocerlas? después de todo Rachmáninov era poco propenso a revelar explicaciones personales acerca de su música. Se interesaba mucho más en esta obra por una simbología “universal” (tres danzas: la primera es el mediodía, la segunda el crepúsculo, y la última la medianoche).
    Yo creo que la música puede liberarse de esos contenidos intrínsecos a los que te refieres, ejemplos de ellos son Bach, Glass (en este caso no todas las obras, aunque recalcaría “Música en 12 partes para recalcar mi teoría”), Ravel (“¿no se dan cuenta de que yo puedo ser artificioso por naturaleza?” dixit :D), Schönberg, Webern (algunas obras en concreto también, como los 5 movimientos para orquesta de cuerdas), Cage (por motivos que he citado más arriba), y Satie (y su música de mobiliario), entre otros muchísimos más que me dejo en el tintero.
    Claro que estamos hablando más bien de expresividad, que de simbología en concreto.
    Vaya me he explayado otra vez, como siempre 😛

  10. Por cierto Carl Philip, ¿a que no sabes qué me han traido los reyes? 😉 Seguro que no lo sabes. xD

  11. Porras, ni idea. A no ser… ¿Unas obras completas? ¿Quizá las Nino Bravo? ¿Bisbal? ¿U otro autor más afín quizá a esta bitácora?

  12. Lo siguiente no es una pista: No es la integral de Bach.
    ¿Me no-entendiste ahora? 😉

  13. Bueno , llego un poco tarde asi que me voy a poner al dia leyendo los demas artículos y ya os cuento…

  14. No siempre se puede disfrutar con el conocimiento, y eso es lo que has logrado de mí en esta mañana frágil.
    Un fuerte saludo con mi admiración
    Carlos

    • JOSE LUIS on 28 junio, 2007 at 2:38
    • Responder

    bueno, no hay duda que el arte flamenco como del bosco aglutina realidad con significados imaginarios, el mejor!!

  15. gjnyn

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