Oct 10 2004

Música y lenguaje (4)

Consecuencias de la imposibilidad de traducir artes.


Comentaba en el artículo anterior la imposibilidad de traducir los contenidos de un arte a otro. Esto va a dar lugar a que en cualquier superposición de artes, la que en cada caso sea más lenta para producir el simbolismo concreto que se le pida, imponga su velocidad, siempre que se cumplan dos condiciones:

  1. Que se busque que las artes implicadas digan lo mismo a la vez. Otras posibilidades serían que una de las artes (por ejemplo, el escenario de una ópera) permanezca muda, o que se genere un contrapunto en que las artes digan cosas diferentes (por ejemplo, escena plácida en una película con la música sugiriendo poco a poco una situación angustiosa).
  2. Que se busque que cada una de las artes implicadas tenga en sí misma un resultado cabal sostenible. Otra posibilidad sería que se pretenda que la experiencia estética sea resultado de la cooperación de artes implicadas, a riesgo de que por separado funcionen mal.

En general la última situación se ha dado poco en música. La mayoría de las manifestaciones en que se combina con otras artes requieren texto (canción, teatro musical…) o argumento (ballet, ópera, cine…), cuando no ambos. Eso implica que el desconocimiento del idioma en que se escriba el texto haría que la obra fuese defectuosa. Los compositores, conscientes de ello, tienden a crear estructuras que se mantengan por sí mismas. Aquí resulta pertinente recordar las palabras de Takemitsu sobre música transportable —no en su sentido musical— y no transportable. La que está demasiado asociada a un lenguaje, una cultura, unas costumbres, resiste mal los viajes.
En algún caso (por ejemplo Pli selon pli, de Pierre Boulez) el autor incluso distorsiona el texto con el ánimo de serle más fiel. Seguir la estructura del texto, respetar su métrica, fraseo, etc… puede ser la peor forma de servir musicalmente a su contenido, por forzar a determinadas situaciones musicales exageradamente cortas o largas.
El caso de Pli selon pli es quizá el más completo y complejo que se me ocurre. Una situación más sencilla que se me ocurre y que puede estar en la memoria de cualquiera es el partir la palabra “suspiro” por parte de Gesualdo, como vimos en el anterior artículo. El significado de la palabra queda mejor servido a costa de su pronunciación literal. Y unas pocas situaciones que demuestran la necesidad de recurrir a veces a este recurso son:

  • El tiempo enorme que tardan las sopranos en morirse en la mayoría de las óperas en que eso ocurre. Es claro que la expresión musical de la muerte necesita un tiempo, pero también es cierto que el contenido dramático queda perjudicado.
  • Las “músicas de relleno” que hay que hacer para que los cantantes o bailarines puedan cambiarse de ropas cuando el texto o argumento lo hacen necesario
  • El sobredimensionamiento de la longitud de una música para que se adapte a una escena de cine (en este sentido, el segundo número de la Musica Ricercata de Ligeti, y su excesiva prolongación en Eyes Wide Shut pueden ser un caso claro)

Los recursos actuales que nos da el disponer de una electrónica cada vez más barata van, probablemente, a hacer que este tema alcance la mayor importancia en el arte del siglo XXI. Tenemos nuevas posibilidades de superposición de lenguajes y más facilidad para entremezclar algunos que hasta ahora habían sido infrecuentes (imágenes estáticas, dinámicas…). Además se han perdido ciertas malas costumbres y hoy por hoy es fácil encontrar obras musicales en que se especifique el juego de luces (Stockhausen), indumentaria (Crumb) o escenografía para obras estáticas (Tan Dun).
Me encantaría echar un vistacillo al final del siglo XXI y ver qué sale de todo ello.

Enlace permanente a este artículo: http://enriqueblanco.net/2004/10/musica-y-lenguaje-4/

3 comentarios

    • Vailima on 11 octubre, 2004 at 7:57
    • Responder

    Recuerdo que hace unos tres o cuatro años, cantábamos el Stabat Mater de Rossini en varias ciudades. El proyecto consistía en que mientras nosotros interpretábamos la obra, un pintor empezaba un lienzo de grandes dimensiones en el primer concierto y lo finalizaba al término del último de los conciertos. Cantábamos en iglesias y el pintor, en una esquina, daba forma a su obra. Es lo más parecido que he visto a una traducción de artes.
    Para serte franca, he de reconocer que no me gustó el lienzo.
    Un saludo

    • Carlos on 11 octubre, 2004 at 17:11
    • Responder

    Indumentaria en crumb? yo oi por ahi q los interpretes de Vox Balaenae tenian que llevar máscaras es eso cierto? 🙂

  1. Yo diría que lo que cuentas, Vailima, entraría más bien dentro de que una obra de arte sirva de estímulo para otra, de lo que hay muy buenos ejemplos —Mussorgsky, Kandinsky…—. Sería bonito repetir el proyecto contando con que se de una cierta afinidad estética entre compositor y artista plástico.
    Sí, Carlos, a los intérpretes de Vox Balænæ se les pide que lleven máscaras, y hay también sugerencias de luz. Y a los de Stockhausen, sobre todo en la ópera/rito/experiencia (y hasta metafísica) Licht, se les dan indicaciones precisas de vestuario, coreografía, luz…

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