Oct 06 2004

Música y lenguaje (2)

El lenguaje dando forma a la música


Tomemos como ejemplo esta sencilla nana castellana.
Nana.jpg
Pulsando aquí, podréis oírla.
Podemos apreciar en ella como la música se ha plegado por completo al texto. Para empezar, observemos que las pausas musicales coinciden con los finales de verso. Esto puede parecer tan habitual que a veces nos ceguemos y no consideremos que significa dependencia del texto para la música.
Examinemos la rima.
Este niño tiene sueño
Tiene ganas de dormir
Un ojo tiene cerrado
Otro no lo puede abrir
ea
ea
Duérmete mi niño
Duérmete mi amor
Duérmete mi niño
Que te quiero yo

Podemos comprobar que la estructura de rimas es ABAB CC DEDE (considerar “ea” como C es claramente cuestionable, pero eso no debe preocuparnos ahora). Si atendemos a la línea melódica, observaremos una correspondencia perfecta: los dos A tienen la misma melodía, igual que los B y el resto de las letras. Es decir: cada verso con la misma rima, repite melodía. La macroestructura de la obra, debido a ello, es derivada de la del texto.
Descendiendo a la mesoestructura, es claro que el ritmo y cantidades silábicas de ABAB y DEDE son diferentes. La música reacciona a ello con un inmediato cambio de compás —hubiese sido realmente fácil mantenerlo y respetar al mismo tiempo la acentuación, por eso este es un ejemplo tan claro—.
Microestructuralmente, cada sílaba del texto corresponde a una nota, con sólo unas pocas excepciones, que están en todos los casos asociadas a conductas cadenciales —la cadencia tiende a atraer siempre los comportamientos excepcionales—. Además, con evidencia, la acentuación de la música refleja la de la letra.
La historia de la música revela innumerables casos similares, Ya que hemos hablado recientemente del coral luterano, es bueno comentar que es un caso excepcionalmente claro, ya que puede sufrir cambios en su estructura cadencial cuando se le aplican diferentes textos.
Casos más complejos pueden ser los tratamientos polifónicos. Pueden darnos estructuras en que cada verso suponga el comienzo de un nuevo tratamiento imitativo, frecuentemente provocando nuevas melodías para cada verso. Es caso que se extiende desde los motetes hasta las cantatas, y que no se limita a ellos.
Incluso obras plenamente instrumentales son a menudo dependientes de la rítmica y la métrica de las formas de verso más populares, sobre todo en músicas prebarrocas, aunque encontramos casos posteriores con una cierta facilidad. Como caso del que hemos hablado recientemente, el coral 668a de Bach, en el que se produce precisamente el tratamiento aludido en el párrafo anterior.
Será sólo de forma muy lenta como la música occidental se libere de la influencia directa del lenguaje. Y aún entonces, seguirá a menudo sufriendo influencias menos claras, como la de la expresión de lo que dice el texto. Pero esa será tema para el siguiente artículo.

Enlace permanente a este artículo: http://enriqueblanco.net/2004/10/musica-y-lenguaje-2/

1 comentario

    • Vailima on 7 octubre, 2004 at 9:33
    • Responder

    Pues entonces esperamos el siguiente post.

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