Ago 13 2004

Notación (III)

Mi opinión sobre lo mejor para un sistema de notación musical. Uso de texto explicativo.


Comienzo por resumir: la mejor notación musical es la más clara y la que mejor cumple su misión: que el interprete toque lo que queremos, con el menor esfuerzo posible. Este artículo se dedicará al uso de texto explicativo y uno futuro, al de signografía específica.
Pienso que hay que tener en cuenta, para empezar, el nivel esperado de los intérpretes.

  1. Intérpretes que no van a disponer de muchos ensayos (típico de grupos grandes), o que por alguna razón, no tienen gran nivel interpretativo; orquestas, grupos de cámara grandes, obras pedagógicas…
  2. Intérpretes de buen nivel y con posibilidad de ensayar cuanto necesiten: fundamentalmente solistas y grupos pequeños.

En el segundo caso, uno puede emplear notaciones descriptivas de texto tanto como desee: el intérprete estudiará la obra, quizá incluso la memorice. Puede ser lo más conveniente, sobre todo si uno busca una inmensa variedad de timbres, ataques… Como ejemplo se me ocurre la profundamente sensata notación de George Crumb, que se permite lujos como el de hacer partituras circulares o dibujísticas —bellísimas—, contando con que el interprete va a memorizar, o casi la obra, lo que deja específicamente reflejado en los prólogos. El sistema de Crumb suele consistir en poner un signo de nota a pie de página, y allí explicar con lujo de detalles cómo espera que se interprete el momento en cuestión.
Con todo, no es el único tipo de explicación empleado por Crumb: cuando un suceso va a ser repetido en forma sistemática, le reserva signos especialmente construidos, que se atienen normalmente a lo que explicaré en el artículo siguiente. Estos signos, o bien se explican en hoja previa a la partitura, o en la primera ocasión en que aparecen, dando por sentado que el intérprete los recordará después. A este respecto, mi parecer es que la hoja previa es preferible cuando existen muchos signos poco convencionales —da al intérprete la sensación de que debe estudiarlos—, y el segundo sistema si son pocos —no da la sensación de necesidad de estudio y hace que el intérprete afronte la partitura con mayor tranquilidad—.
Más frecuente va ser el primer caso, el de intérpretes que no van a disponer de muchos ensayos. En este caso, mi opinión es que hay que evitar en lo posible el texto, y si se utiliza, reducirlo al mínimo: cuanto menos haya que leer, mejor se podrá realizar la lectura a primera vista.
Merece la pena considerar en qué idioma escribimos estos textos. En épocas anteriores, el predominio de la ópera italiana hacía que cualquier músico chapurreara algo de ese idioma. Hoy por hoy, no es el caso. Quizá sea el inglés su sustituto, pero a mí, personalmente, me molesta no emplear mi idioma. Mi compromiso, es escribir las instrucciones en forma bilingüe, asegurándome de que cada idioma es visualmente distinguible con facilidad, por medio de diferentes tipografías o de diferentes estilos de texto.. Siempre hay que biscar la facilidad de lectura. En algún caso donde me parece la mejor solución, empleo un texto como resumen de algo explicado en hoja previa.
Uso como ejemplo mi obra Melencoliah, basada en el grabado de igual título de Durero y en que los instrumentistas me pidieron que hubiese coreografía. En estos dos fragmentos, creo que se observa la fácil diferenciación de los idiomas.


También me pareció oportuno que las instrucciones previas fuesen de la mayor facilidad de comprensión posible, por lo que quise que fueran pictográficas, ayudado por los dibujos de Violeta Andreu. La hoja se repite después en inglés en mi partitura.

Sobre el uso de texto, se podría matizar bastante, pero como ideas preliminares, éstas me parecen suficientes.

Enlace permanente a este artículo: http://enriqueblanco.net/2004/08/notacion-iii/

3 comentarios

    • Carlos on 16 agosto, 2004 at 22:59
    • Responder

    Con que programa se hacen las partituras de Crumb? pq algo m dice q con sibelius seria imposible xD

  1. Las partituras de Crumb se hacen a mano, Sí, con Sibelius sería imposible.
    Con todo, partituras de ese nivel de complejidad se pueden realizar en el ordenador, mezclando un programa de notación y uno de dibujo.

    • David Arze on 24 septiembre, 2006 at 2:51
    • Responder

    Lastimosamente, las cambiantes convenciones en la escritura musical en occidente, han originado una pluralidad metodológica y una falta de concenso en cuanto a los critérios de representación simbólica para las nuevas formas que se están gestando en el seno de la cultura en cuestión; pero es aún mayor la confusión y el oscuridad en lo que refiere a las nuevas músicas no occidentales: mixturadas y tradicionales. La cantidad cada vez mayor de músicos(sobre todo en Latinoamérica y Asia)que están en busca de un paradigma musical propio que horizontalice la relación con occidente y su pensamiento, ha sacado a la luz formas de hacer y entender la música tan ricas como indecifrables: Instrumentos que no se ajustan al temperamento de la afinación europea, Instrumentos regidos por lógicas grupales o complementarias de ejecución, Armonías fractales y espectrales, Técnicas interpretativas complejas y ajénas a occidente, Concepciones particulares sobre la continuidad y la discontinuidad, sobre el rítmo y el diseño melódico, sobre la improvisación generativa, sobre el uso del espacio y transformaciones timbricas, imposibles de traducir al lenguaje de la notación convencional o su continuación, la notación del siglo XX. Desde ya la unificación de criterios sobre este tema, esta muy lejos de concretarse, pero la reflexión es necesaria, y sobre todo, cobrar conciencia de que los sistemas de pensamiento occidental no son ni deben ser los únicos que rigan la creación artistica en estos días, ya que las nuevas prácticas, nos exigen respuestas que van muchisimo mas allá de los cuartos de tono, el software o las coreografías.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: