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Jul 23 2004

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Gente a la que echo de menos

Doménico Scarlatti murió un 23 de julio. Actualización añadida el 24-07-2004


Concretamente en 1757, en Madrid.
Paso tanto tiempo entre mis partituras y discos, que, inevitablemente, acabo considerando como amigos a los autores con que paso más tiempo. Mis alumnos suelen reir cuando les hablos del “amigo Sebastián” (J. S. Bach), “el bueno de Johannes” (Brahms) y tantos otros. Al principio pensaba que algo raro pasaba en mi cabeza —ya se lo he dejado fácil a quién lo necesite—, pero luego he decidido que no. Conozco bien la música de estos amigos, mejor, posiblemente, que la mayoría de sus contemporáneos. Y, si es imposible mantener un diálogo con ellos, por razones obvias, al menos estoy seguro de ser alguien que les escucha con atención. Cualquier estudio tan profundo como el que hago de estos autores que fuera desapasionado, frío o académico, que no produjera un cierto afecto hacia ellos, creo que me predispondría contra el estudio o el autor del mismo.
Julio Cortazar, en La vuelta al día en ochenta mundos —que es, por cierto, uno de los libros más parecidos a un weblog que se han escrito jamás— habla de un estudio suyo sobre Keats, en uno de cuyos capítulos Keats y Cortazar paseaban juntos, circunstancia que evitó la publicación de la obra.
Me siento de acuerdo con Cortazar—lo que no deja de ser un honor para mí—. Dudo que alguien lo hubiera tomado por un dato histórico riguroso. Y puede bien dar la clave de la necesaria afinidad, la útil complicidad que hacen falta para poder entender, y sobre todo, explicar, la obra de otro con alguna garantía.
Aquí podría poner, y vendría muy a cuento, alguna referencia sobre lo infraestimados que están el sentido del humor y la imaginación como herramientas análiticas —no propongo que sustituyan a las tradicionales, sólo que las complementen—. Y de cómo esa actitud conduce a ese gran rechazo por la llamada cultura seria (la misma palabra lo dice), los empollones, los geeks
En su lugar sólo voy a decir: Doménico, Sebastián, Johannes, Wolfgang, Franz, Oliverio, Igor, Toru, William… Amigos todos, para no hacer la lista interminable:
Os echo de menos
Y ni siquiera estoy hablando de mis otros amigos, Como Jorge Luis, Julio, Will, Roger, y resto de literatos… 🙂

Actualización del 24 de julio de 2004


Tras haber añadido ayer esta entrada, al pasar hoy, impremeditadamente, por la calle Leganitos, he encontrado esta placa. Si no fuera porque uno es tremendamente escéptico, sería como para creer en la sincronicidad. Un saludo, Doménico, y, cuando quieras, tomamos unas cañas.

Sobre el Autor

CarlPhilipp

Eterno compositor, profesor y armonista.

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5 comentarios

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  1. carlos

    algo asi m paso con shostakovich (o дима шостакович como se m suele escapar a veces) m identifike cn el cuando entre en bachiller (staba en un colegio d pijos) es curioso como ace unos años sentia x shostakovich schnittke o joyce lo q sentian algunos d mi edad x marilyn manson o x britney spears 😛

  2. Carl Philip

    Ten por seguro que Shostakovitch, Schnittke y Joyce te durarán más que Marilyn Manson o Britney Spears. 🙂
    No deja de ser curioso encontrar al amigo Dimitri en un colegio pijo.

  3. Heráclito

    Me siento muy identificado con lo que dices Enrique y creo que es precisamente esa capacidad del arte para crear vínculos tan estrechos entre personas que no se conocen de otro modo y entre las que incluso median siglos y una cultura diferente,lo que le da mayor valor valor y proyección dentro de la sociedad.Creo que el hecho de que existan personas que sentimos ese tipo de lazos con determinados artistas es la prueba más feaciente de que el arte no sólo es un acto de comunicación sino que es ,sin duda, el más poderoso.

  4. Vailima

    Yo también tengo muchos amigos, como esos a los que Carl Philip saluda en este blog.
    No sé si el arte será el acto de comunicación más poderoso, en ese sentido también lo es una pistola etarra en el cuello o un cuchillo irakí en la garganta. Lo que sí creo es, que como diría Heidegger, el hombre ha venido a este mundo arrojado y por ello debe cubrir una necesidad específicamente humana. Los individuos insatisfechos son los individuos originales, los innovadores y creadores, escribió Dostoiewski. Tiene razón, al menos en mi caso, lo que me mueve y conmueve es esto mismo. La vida de muchos genios del arte (me da igual la disciplina) está llena de infelicidades e insatisfacción. Lo que nos mueve a saber, a conocer más y más es la consciencia de la carencia; de lo que todavía no tenemos. En definitiva, del descontento.
    Un saludo

  5. Carl Philip

    Sólo añadiría que, aunque cuanto dices es cierto para la mayoría de los artistas, hay unos pocos que crean su propio descontento y su propia carencia: la curiosidad, que les lleva a querer saber más, ser más de lo que eran. Han solido ser más felices y su obra no es peor.
    Claro, que hay que tener una energías impresionantes para ello, por lo que no es extraño que la mayoría se ajuste a la opinión de Dostoiewski.

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