El remozamiento de una web


Es increible lo oxidados que tengo los conocimientos de HTML (el lenguaje en que se hacen las páginas web, para los que no lo supierais). En fin, a ver si lo recupero pronto. Una parte importante de las dificultades que estoy teniendo se deben al deseo de que la web sea mucho más fácil de actualizar que cualquier otra que haya hecho, y que sin embargo no resulte totalmente terrible a la vista (no, no es una pregunta).
Es quizá un sitio tan bueno como cualquier otro para explicar por qué creo necesitar una web tan susceptible de actualizarse.
Para empezar, no deja de ser una vergüenza lo abandonada que la he tenido durante varios años. Pero la razón principal es otra.
Creo que el mundo de la música necesita adaptarse a Internet o tendrá poco futuro.
Mis alumnos, durante todo este año, se me han quejado (¡cómo si tuviera yo la culpa!) de lo caros que están los CDs (los de música, claro). Y, obviamente, saben de la existencia de los MP3s, y no dejará de haber alguno que se los baje. Es evidente que las casas discográficas necesitan incentivos para seguir produciendo y que si no se les compran discos o ellos no cambian completamente su sistema de distribución, va haber pocas grabaciones nuevas.
Recibí, igualmente, hace poco un e-mail remitido por la asociación Celibidache en que se me informaba que la escasez de partituras de bolsillo (se editan pocas, e incluso las más básicas son difíciles de encontrar) está haciendo que la música llamada “de repertorio”, se haga incluso más limitada en número de obras de lo que ya era. Es evidente también que las editoriales de música, si deben imprimir ejemplares suficientes como para tener un número alto de partituras de bolsillo en todos los países necesitan un incentivo o cambiar completamente su sistema de distribución.
Hablar de ediciones de partituras no de bolsillo de autores vivos es de una ingenuidad que sería encantadora si no fuese trágica. De aquí que la mayoría de los autores vivos estrene, pero no reestrene: los intérpretes no tienen acceso a las partituras mientras los autores no encuentren un nuevo sistema de distribución.
Algún caso más podría poner (y pondré en otras entradas del weblog, además de analizar en detalle alguno de los aquí comentados) pero supongo que todo el mundo ha imaginado ya que el sistema de distribución que estoy proponiendo es Internet.
En alguna otra ocasión me extenderé más sobre los porqués, pero eso me ha llevado a pensar que es necesario que existan weblogs dedicados a la música (incluso weblogs pobretones, como éste, que, desde el punto de vista infórmatico no es más que un sitio web convencional en el momento en que escribo estas líneas, aunque espero convertirlo en más interactivo en el futuro, si puedo —y, dicho sea de paso, esa es una razón principal para la necesidad de una web muy fácil de actualizar—).
El caso es que la situación del músico que se enfrenta a Internet es como la de alguien que atraviesa, sediento, un desierto y cae en medio del Amazonas (inverosimilitud geográfica aparte). Hay tanto, que no se sabe elegir.
En otros oficios distintos al de la música, los weblogs parecen estar cumpliendo el papel de guía de viajeros razonablemente bien. No veo por qué en nuestro caso debería ser diferente.
Y no se entienda con esto que pretendo erigirme en guía de nadie. Simplemente, si me parece necesario que haya weblogs de música contemporánea, no me parece lógico esperar de brazos cruzados a que otro los comience a hacer. Como mínimo, a lo mejor animo a alguien a hacer bien lo que crea que yo hago mal.
Escribiré más profundamente de todas estas cuestiones. Y de otra muy fundamental, que es la de proyectos participativos en Internet.
Enrique Blanco

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